1. Inicio
  2. Ciencia y tecnología
  3. Onde casi nunca llueve, los habitantes colgaron redes gigantes en las montañas del desierto y comenzaron a ‘pescar’ agua potable de la niebla: las pantallas llegan a recolectar miles de litros por día directamente de la neblina.
Haz un comentario 10 min de lectura

Onde casi nunca llueve, los habitantes colgaron redes gigantes en las montañas del desierto y comenzaron a ‘pescar’ agua potable de la niebla: las pantallas llegan a recolectar miles de litros por día directamente de la neblina.

Imagen de perfil del autor Maria Heloisa Barbosa Borges
Escrito por Maria Heloisa Barbosa Borges Publicado el 10/07/2026 a las 14:03 Actualizado el 10/07/2026 a las 14:04
¡Sé la primera persona en reaccionar!
Reaccionar al artículo
Prefiere CPG en Google

En el suroeste de Marruecos, donde llueve menos de 130 milímetros por año, la ONG Dar Si Hmad y familias de aldeas bereberes colgaron redes gigantes en lo alto del Monte Boutmezguida y comenzaron a recolectar hasta 37.400 litros de agua potable por día a partir de la niebla que sube del océano Atlántico. El sistema, montado a lo largo de los años 2010 y ampliado en 2018, es hoy señalado como uno de los mayores captadores de niebla del planeta, llevando suministro encanado a cerca de mil habitantes de la región de Sidi Ifni que antes dependían de pozos cada vez más secos.

El conjunto instalado en la ladera reúne decenas de paneles de malla que suman 1.700 metros cuadrados, área equivalente a más de tres campos de fútbol, y es capaz de producir cerca de 37.400 litros en un solo día de niebla fuerte. Cada metro cuadrado de tela llega a rendir entre 6 y 22 litros por día, dependiendo de la estación, y el suministro garantiza alrededor de 18 litros diarios para cada habitante, más del doble de los 8 litros a los que las familias tenían acceso antes. La tecnología, bautizada como CloudFisher, fue diseñada por el ingeniero alemán Peter Trautwein, director de la empresa Aqualonis. Un reportaje de PBS NewsHour muestra que el proyecto, dirigido por la antropóloga Jamila Bargach, cubre una montaña barrida por niebla durante cerca de la mitad del año, en una franja que recibe solo cinco pulgadas de lluvia, y transformó la rutina de las mujeres que antes caminaban horas para llenar baldes.

La idea parece nueva, pero nació del otro lado del mundo, en el desierto de Atacama, en Chile, considerado uno de los lugares más secos de la Tierra. Fue allí, en la aldea de El Tofo, donde científicos probaron a finales de los años 1980 las primeras grandes telas para capturar la bruma costera que los chilenos llaman camanchaca. La técnica, hoy conocida como captación de niebla o «fog harvesting», se ha extendido por Perú, México y otras regiones áridas, pero fue en Marruecos donde alcanzó la mayor escala jamás vista, demostrando que es posible extraer líquido potable del aire en un lugar donde casi nunca llueve. Lo que comenzó como un experimento académico se convirtió en una línea de vida para comunidades enteras, y la niebla, antes solo un velo que cubría las montañas, pasó a ser tratada como una cosecha.

El desierto donde la lluvia casi nunca llega

Tras la conclusión de la instalación en Marruecos, Aqualonis estima que el sistema producirá aproximadamente 37.400 litros de agua por día de niebla.
Tras la conclusión de la instalación en Marruecos, Aqualonis estima que el sistema producirá aproximadamente 37.400 litros de agua por día de niebla.

Pocos lugares del mundo son tan hostiles a la vida como las laderas del Anti-Atlas, en el suroeste de Marruecos. La región de Sidi Ifni, donde se encuentra el Monte Boutmezguida, recibe menos de 130 milímetros de lluvia al año, y el avance de la desertificación empuja a las familias a una lucha diaria por cada gota. Los pozos que sostenían las aldeas bereberes se van secando temporada tras temporada, y la sequía crónica se suma a los cambios climáticos para convertir el agua en un bien raro y caro.

En este escenario, quienes pagaban el precio más alto eran las mujeres y las niñas. Les correspondía a ellas bajar y subir senderos de tierra cargando garrafones, muchas veces durante horas, hasta encontrar un pozo aún con un poco de líquido. El tiempo perdido en estas caminatas robaba las horas de estudio de las niñas y el trabajo de las madres, en un ciclo que atrapaba a comunidades enteras en la pobreza. Faltaba recurso para beber, para cocinar, para los animales y para el pequeño huerto.

La paradoja es que, incluso en esa tierra árida, el aire de la montaña no es totalmente seco. Durante buena parte del año, una densa niebla proveniente del Atlántico, a unos 35 kilómetros de allí, cubre la cima del Boutmezguida. Esta niebla transporta miles de millones de diminutas gotículas, demasiado ligeras para convertirse en lluvia, que simplemente pasan por la cresta y se pierden en el viento. La pregunta que impulsó el proyecto fue simple: ¿y si fuera posible tamizar la niebla y quedarse con la humedad que transporta?

Cómo se ‘pesca’ agua de la niebla

En el desierto de Atacama, en Chile, redes de malla fina capturan la camanchaca, la niebla costera que se convirtió en fuente de agua potable e inspiró los proyectos de Marruecos. (Foto: FAO/Gabriel Marín)
En el desierto de Atacama, en Chile, redes de malla fina capturan la camanchaca, la niebla costera que se convirtió en fuente de agua potable e inspiró los proyectos de Marruecos. (Foto: FAO/Gabriel Marín)

El secreto está en grandes pantallas verticales de malla fina, parecidas con redes de voleibol o con pantallas de publicidad, clavadas exactamente en las crestas por donde la niebla suele pasar. Cuando la niebla atraviesa estas redes, las gotitas en suspensión chocan contra los hilos, se juntan y crecen hasta volverse lo suficientemente pesadas para escurrir. La gravedad hace el resto: el líquido desciende por canaletas en la base de las pantallas y sigue por tubos hasta tanques de almacenamiento al pie de la montaña.

En Marruecos, redes gigantes en el Monte Boutmezguida recolectan hasta 37,400 litros por día de la niebla del desierto.
En Marruecos, redes gigantes en el Monte Boutmezguida recolectan hasta 37,400 litros por día de la niebla del desierto.

Las primeras versiones usaban la llamada malla Raschel, un tejido plástico barato también empleado en sombras de plantación. En Marruecos, la evolución vino con los captadores CloudFisher, diseñados para resistir a vientos fuertes que rasgaban las pantallas antiguas. Cada panel funciona como un colador de niebla: cuanto más densa la bruma y más constante el viento, más litros la pantalla puede arrancar del aire. Después de ser recolectada, la humedad pasa por filtración y mineralización antes de llegar a los grifos, lo que la hace apta para el consumo.

Lo que impresiona es la simplicidad. No hay bombas caras ni energía eléctrica en el corazón del sistema, ya que la propia gravedad conduce el recurso montaña abajo. Los captadores de niebla no dependen de ríos, de lluvia ni de acuíferos subterráneos, solo del encuentro entre la humedad del océano y el frío de las montañas. Es una ingeniería de bajo costo que resuelve un problema que perforaciones de pozos profundos no siempre pueden enfrentar.

Las mujeres que perdían horas cada día buscando agua

Al frente del proyecto está la antropóloga marroquí Jamila Bargach, quien dirige la ONG Dar Si Hmad. Fue ella quien ayudó a convencer a las aldeas, en un primer momento desconfiadas, de que esas pantallas extrañas en la cima de la montaña realmente traerían abastecimiento dentro de casa. «Tener agua transformó radicalmente la vida de las mujeres, que antes caminaban horas para conseguir el líquido», resume la directora al explicar el alcance social del proyecto.

El impacto fue más profundo de lo que el número de litros sugiere. Con el suministro llegando por tubos hasta las casas, las niñas volvieron a asistir a la escuela con regularidad, y las madres ganaron tiempo para otras tareas. La niebla, transformada en flujo corriente en los grifos, devolvió horas de vida a cada familia. En varias aldeas, los habitantes relatan haber recuperado buena parte del día útil que antes se esfumaba en las idas y venidas al pozo.

Dar Si Hmad no se detuvo en la ingeniería. La organización creó una especie de «escuela del agua» para enseñar a las comunidades a cuidar de las pantallas y a administrar el consumo, y comenzó a entrenar a habitantes locales para el mantenimiento de los captadores. La idea es que la tecnología no dependa de técnicos externos y que las propias aldeas sean dueñas del sistema. Así, la niebla se convirtió no solo en fuente de bebida, sino también de autonomía.

Del Monte Boutmezguida a los grifos de las aldeas

Captadores de neblina numa encosta árida do Atacama, um dos lugares mais secos da Terra, onde a técnica de 'pescar' água do nevoeiro foi testada em grande escala. (Foto: Nick Lavars/New Atlas)
Captadores de neblina en una ladera árida del Atacama, uno de los lugares más secos de la Tierra, donde la técnica de ‘pescar’ agua de la niebla fue probada a gran escala. (Foto: Nick Lavars/New Atlas)

En la práctica, el sistema marroquí es hoy uno de los mayores captadores de niebla del mundo. Son decenas de paneles sumando 1.700 metros cuadrados de malla clavados en lo alto del Monte Boutmezguida, a más de 1.200 metros de altitud, desde donde el suministro desciende por más de diez kilómetros de tubería hasta las aldeas. En un buen día de niebla, el conjunto puede rendir los tales 37.400 litros que colocaron el proyecto en el mapa mundial de la innovación.

Ese volumen abastece a alrededor de mil personas repartidas por varias aldeas de la región de Sidi Ifni. Cada habitante pasó a contar con cerca de 18 litros de agua por día, cantidad que parece modesta para los estándares urbanos, pero que representa más del doble de lo que estas familias tenían antes. En esa región árida, la diferencia entre 8 y 18 litros diarios es la distancia entre solo sobrevivir y vivir con un mínimo de dignidad.

El costo, aunque no es despreciable, es bajo frente a la alternativa. Cada unidad del colector CloudFisher cuesta alrededor de 10,9 mil euros y, una vez instaladas, las pantallas requieren poco mantenimiento y ninguna factura de energía. Para comunidades que estaban a punto de abandonar sus tierras por falta de recursos, los captadores de niebla se convirtieron en un motivo concreto para quedarse en lugar de migrar a las ciudades.

Del Atacama a Marruecos: la técnica que cruzó el mundo

Mucho antes de las pantallas marroquíes, el desierto de Atacama ya había mostrado el camino. En ese tramo de Chile, donde en algunos puntos nunca se ha registrado lluvia, la bruma costera conocida como camanchaca sube del Pacífico y cubre los cerros casi diariamente. A finales de los años 1980, en la localidad de El Tofo, científicos montaron uno de los primeros grandes sistemas de captación de niebla del planeta, demostrando que la niebla del desierto podía convertirse en agua potable a escala de aldea.

A partir de Chile, la técnica ganó el mundo. Grupos como la organización canadiense FogQuest comenzaron a llevar las redes a regiones áridas de varios continentes. En las colinas alrededor de Lima, en Perú, los habitantes usan las mismas mallas para regar huertos y reforestar laderas con la humedad capturada. En el Atacama chileno, comunidades de pescadores llegaron a cultivar lechuga, fresa y aloe abastecidos solo por la niebla que pasa por las pantallas.

Quien quiera conocer los detalles del mayor de estos proyectos puede visitar el sitio de la propia Dar Si Hmad, que reúne datos e historias de las aldeas atendidas en Marruecos. Lo que todos estos casos tienen en común es la misma lección: en muchos desiertos, el recurso no falta por completo, simplemente está en el aire, esperando a alguien que sepa capturarlo. Del Atacama al Anti-Atlas, los captadores de niebla se han convertido en sinónimo de esperanza en lugares donde la lluvia ha dejado de caer.

Cuánto rinde cada pantalla y lo que aún puede fallar

El rendimiento de las redes varía mucho: en un día de niebla espesa y viento constante, cada metro cuadrado puede entregar más de veinte litros; en un día seco, casi nada. Es por eso que los proyectos más serios miden el volumen de niebla antes de instalar las pantallas, eligiendo con cuidado las crestas donde la niebla es más constante. La ubicación exacta es todo en este juego librado en la montaña.

Aún existe la amenaza a largo plazo. Los cambios climáticos pueden reducir la frecuencia de la niebla, alterar el tamaño de las gotitas o empujar la capa de niebla hacia arriba, fuera del alcance de las pantallas. Vientos muy fuertes rasgan las mallas más frágiles, y fue precisamente para enfrentar este problema que los captadores CloudFisher fueron reforzados. La técnica es simple, pero no es inmune al clima que ayuda a sortear.

Incluso con estas limitaciones, el balance es ampliamente positivo. Comparados con camiones cisterna, desalinizadoras o pozos profundos, los captadores de niebla son baratos, limpios y fáciles de mantener. No emiten carbono, no agotan acuíferos y pueden ser operados por la propia comunidad. Para aldeas aisladas en medio del desierto, pocas soluciones ofrecen tanto por tan poco como estas pantallas de malla fina.

Una tecnología simple para un problema gigante

El caso marroquí llama la atención porque ocurre en un momento en que la escasez de agua amenaza a miles de millones de personas en todos los continentes. Mientras grandes ciudades invierten en obras carísimas de desalinización, aldeas en la cima de una montaña del desierto encontraron en la niebla una respuesta casi artesanal. Las redes de malla fina no van a resolver la crisis hídrica del mundo por sí solas, pero muestran que existe humedad aprovechable donde nadie pensaba en buscar.

Quizás lo más poderoso en esta historia sea el simbolismo. Ver a mujeres bereberes subiendo la montaña no más para cargar cubos, sino para cuidar las pantallas que traen el líquido a casa, es ver una inversión del destino. La misma niebla que durante siglos fue solo una molestia húmeda se ha convertido en el motor de una pequeña revolución silenciosa. Y lo que antes era un desierto casi infranqueable hoy tiene grifos que corren.

Si un puñado de redes colgadas en una montaña puede sacar 37.400 litros por día de la nada aparente del aire, ¿cuántos otros desiertos del planeta estarán, en este mismo momento, cubiertos por una niebla que nadie aún ha pensado en pescar?

Suscribir
Notificar de
guest
0 Comentarios
Más reciente
Más viejo Más votado
Maria Heloisa Barbosa Borges

Hablo sobre construcción, minería, minas brasileñas, petróleo y grandes proyectos ferroviarios y de ingeniería civil. Diariamente escribo sobre curiosidades del mercado brasileño.

Compartir en aplicaciones
Descargar aplicación
0
Nos encantaría conocer tu opinión sobre este tema, ¡deja tu comentario!x