Una lagarta recién descubierta en Hawái está intrigando a los biólogos por hacer algo que parecía salido de una película de ficción: construye una especie de armadura usando partes de los cuerpos de los insectos de los que se alimenta o encuentra en el camino, creando un camuflaje macabro que la ayuda a sobrevivir en uno de los ambientes más peligrosos para un pequeño insecto.
Apodada «Bone Collector», o «coleccionista de huesos», la especie fue descrita por investigadores de la Universidad de Hawái en Mānoa en un estudio publicado en abril de 2025 en la revista Science. Los científicos descubrieron que la lagarta vive dentro de telarañas y cubre su capullo portátil de seda con cabezas, alas, patas y fragmentos de exoesqueletos de otros insectos, volviéndose prácticamente indistinguible de los restos de presas abandonados por la propia araña.
Además del comportamiento inusual, el descubrimiento reveló otro detalle impresionante: esta es una de las poquísimas lagartas carnívoras conocidas por la ciencia, perteneciendo a un grupo que representa menos del 0,13% de todas las especies de polillas y mariposas existentes.
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Una sobreviviente que mora en la casa del depredador
La mayoría de las lagartas vive sobre hojas, alimentándose de plantas y evitando depredadores. La Bone Collector hace exactamente lo opuesto. Pasa prácticamente toda su vida dentro de telarañas instaladas en cavidades de árboles, grietas de rocas y troncos huecos en la isla de Oʻahu, en Hawái.
Este ambiente ofrece alimento constante, pero también representa un enorme riesgo. Cualquier pequeño movimiento suele ser suficiente para despertar la atención de la araña, que rápidamente captura todo lo que queda atrapado en la telaraña. Para sobrevivir, la lagarta desarrolló una estrategia extremadamente inusual.

Una armadura hecha con restos de insectos
En lugar de esconder su propio cuerpo, la oruga transforma su capullo portátil en una colección de restos de insectos. Los investigadores encontraron individuos cargando fragmentos de diferentes animales, incluyendo cabezas de hormigas, alas de moscas, pedazos de escarabajos, patas de arañas y partes de gorgojos. Estos fragmentos están cuidadosamente adheridos al capullo de seda donde la oruga vive y se mueve.
El resultado recuerda a un pequeño montón de basura biológica perdida en la telaraña. Es precisamente esta apariencia la que parece protegerla. Según los investigadores, las arañas probablemente confunden a la oruga con restos de comidas antiguas o detritos acumulados en la propia telaraña, dejando de atacarla. Hasta ahora, durante años de observación, los científicos nunca han registrado una araña capturando una Bone Collector.
Una de las rarísimas orugas carnívoras del planeta
Casi todas las orugas conocidas se alimentan exclusivamente de hojas. La Bone Collector se aparta completamente de esta regla. Pertenece a un grupo extremadamente raro de orugas carnívoras, que representa menos del 0,13% de las cerca de 200 mil especies conocidas de polillas y mariposas.
Su alimento principal son insectos muertos o debilitados atrapados en las telarañas. En algunos casos, incluso llega a roer partes de la seda de la telaraña para alcanzar los restos de las presas. Este comportamiento le permite aprovechar una fuente constante de alimento sin necesidad de salir en busca de comida por el bosque.
Un descubrimiento que llevó casi dos décadas
Aunque la especie fue presentada al mundo solo en 2025, su descubrimiento comenzó muchos años antes. Los investigadores pasaron aproximadamente dos décadas buscando suficientes individuos para entender su comportamiento y confirmar que se trataba de una especie aún desconocida.

Incluso después de este largo trabajo de campo, solo se encontraron 62 ejemplares. Todos vivían en una pequeña región de la cadena montañosa de Waiʻanae, en la isla de Oʻahu, ocupando un área estimada en solo 15 kilómetros cuadrados. Este aislamiento hace de la Bone Collector una de las especies más raras ya descritas en el archipiélago hawaiano.
Un linaje más antiguo que la isla donde vive
Los análisis genéticos revelaron otro detalle sorprendente. Los ancestros de esta oruga probablemente surgieron hace al menos 6 millones de años. Esto significa que su linaje es mucho más antiguo que la propia isla de Oʻahu, cuya formación geológica comenzó hace unos 3 millones de años.
Según los científicos, los antepasados del Bone Collector probablemente vivieron en islas hawaianas más antiguas que, con el movimiento de las placas tectónicas, terminaron desapareciendo bajo el océano. La especie habría migrado gradualmente entre las islas a lo largo de millones de años, sobreviviendo mientras otras formas de vida desaparecían.
La especie ya enfrenta riesgo de desaparecer
A pesar de haber sido descubierta recientemente por la ciencia, el Bone Collector ya enfrenta serias amenazas. Los investigadores advierten que especies invasoras introducidas en Hawái, como hormigas y avispas parásitas, representan un riesgo creciente para su supervivencia. Como toda la población conocida vive en un área extremadamente pequeña, cualquier alteración en el ambiente puede comprometer la existencia de la especie.
Para los científicos, proteger este hábitat significa preservar no solo una oruga inusual, sino también un linaje evolutivo que ha atravesado millones de años prácticamente escondido de los ojos de la humanidad.
Una estrategia de supervivencia que no se parece a ninguna otra
El Bone Collector muestra hasta dónde puede llegar la evolución cuando una especie necesita sobrevivir en condiciones extremas. En lugar de huir de los depredadores, pasó a vivir dentro de la casa de ellos. En lugar de esconder su presencia, transformó restos de insectos en un camuflaje casi perfecto.
Esta combinación de comportamiento, alimentación carnívora y uso de una «armadura» hecha con fragmentos de presas convierte a la pequeña oruga en uno de los descubrimientos más curiosos de la zoología en los últimos años. Y también un recordatorio de que, incluso en lugares estudiados durante décadas, la naturaleza aún guarda estrategias de supervivencia capaces de sorprender incluso a los propios científicos.
