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Han pasado diez años, y el naufragio en Pará que hundió y mató a 5,000 toros sigue causando problemas y generando indignación.

Publicado el 08/10/2025 a las 16:31
Navio dos Bois, Naufrágio, Navio
Imagem: Reprodução
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Diez Años Después del Naufragio del Barco Haidar, el Casco Sumergido en Barcarena Expone la Impunidad, la Contaminación y la Crueldad del Transporte Vivo

Han pasado exactamente diez años desde que el puerto de Vila do Conde, en Barcarena (PA), fue escenario de una de las mayores tragedias ambientales del país. El barco libanés Haidar, adaptado para transportar animales vivos, se hundió el 6 de octubre de 2015, poco después de embarcar a 4.920 bovinos con destino a Venezuela. El accidente dejó un rastro de destrucción, contaminación e impunidad que, una década después, sigue sin una solución definitiva.

Un Naufragio Anunciado

El Haidar había sido un antiguo porta-contenedores convertido en barco de carga viva. Poco tiempo después del embarque, comenzó a inclinarse aún atracado en el muelle.

La tripulación, compuesta por 28 personas, fue rescatada sin lesiones, pero los animales no tuvieron la misma suerte.

Confinados en los compartimentos improvisados, los bovinos entraron en pánico cuando el agua comenzó a inundar el barco.

El movimiento colectivo de los animales aceleró el desequilibrio de la embarcación, que acabó volcando completamente y hundiéndose en menos de dos horas.

La Barbarie en las Aguas del Pará

La tragedia no terminó en el momento del naufragio. Pocos animales lograron escapar y, aun así, fueron perseguidos y asesinados en las orillas del río Pará.

Cientos de residentes corrieron al puerto para aprovechar la carne, en una escena descrita por testigos como caótica y cruel.

Los animales fueron sacrificados dentro del agua o arrastrados a la tierra para ser despellejados. El episodio, además de chocar al país, expuso la ausencia de control de las autoridades frente a un desastre ambiental y humanitario.

Un Río Contaminado y un Puerto Paralizado

Con el naufragio, alrededor de 700 toneladas de aceite diésel se filtraron en el río, mezclándose con los cuerpos en descomposición de los bovinos.

El resultado fue un escenario dantesco: aguas oscuras, mal olor y toneladas de cadáveres flotando hasta la región metropolitana de Belém, a más de 50 kilómetros de distancia.

La contaminación obligó a pescadores de diversas comunidades ribereñas a interrumpir sus actividades durante meses.

A pesar de investigaciones y acuerdos judiciales, las indemnizaciones no cubrieron los daños, ni se resolvió el principal problema: el casco del Haidar sigue sumergido hasta hoy.

El Barco Fantasma de Barcarena

El casco del Haidar sigue visible, volcado al lado de uno de los muelles del puerto de Barcarena. Se ha convertido en un símbolo mórbido de la negligencia hacia el medio ambiente y la vida animal.

La presencia de la estructura impide que parte del puerto sea utilizada, causando pérdidas económicas continuas.

Un intento de remoción fue contratado por el Gobierno Federal, pero la empresa responsable recibió parte del pago y abandonó el servicio.

Desde entonces, las autoridades federales, estatales y portuarias se han estado pasando la responsabilidad unas a otras, sin avances prácticos.

Protestas y Recuerdos Diez Años Después

La marca de los diez años ha reavivado el debate. El último fin de semana, se realizaron manifestaciones en São Paulo, Belém y Barcarena.

En la Avenida Paulista, activistas llevaron a cabo una protesta contra la exportación de animales vivos.

En Pará, el tema se debatió en el seminario “10 Años Después: el Naufragio del Barco Haidar”, junto con la proyección del documental “Elias: el Buey que Aprendió a Nadar”, producido por la ONG Mercy For Animals.

La película rescata la historia de uno de los pocos bovinos que sobrevivieron al desastre y denuncia las condiciones inhumanas del transporte marítimo de ganado.

La Crueldad del Transporte de Animales Vivos

Las manifestaciones no se centraron solo en la memoria de la tragedia, sino también en la crítica al sistema de exportación de animales vivos.

El método, común en Brasil, somete a los animales a semanas de confinamiento en barcos sobrecargados, bajo calor intenso, falta de ventilación y acumulación de heces y orina.

Los barcos son antiguos y adaptados de manera precaria, lo que aumenta los riesgos de accidentes. El Haidar no fue un caso aislado. En 2009, un barco con 17 mil bovinos se hundió en Líbano, matando también a toda la tripulación.

En 2019, otro accidente en Rumania mató a 14 mil ovejas, y en 2020, el Gulf Livestock se hundió en el Mar de China, llevando consigo 6 mil bovinos y 40 tripulantes.

Malos Olores, Muertes y Protestas Internacionales

El problema no se limita a los naufragios. En febrero de 2024, un barco que había partido de Brasil rumbo a Irak —también con ganado de la misma empresa involucrada en el caso de Barcarena— fue expulsado del puerto de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica.

El olor insoportable de la mezcla de heces y orina invadió la región y generó protestas de los residentes.

Casos como este refuerzan las críticas de organizaciones internacionales y presionan a los gobiernos para que adopten medidas más estrictas.

Caminos para el Fin del Transporte Vivo

En Nueva Zelanda, el transporte marítimo de animales vivos ya ha sido totalmente prohibido. En Brasil, hay propuestas en discusión en el Congreso Nacional con el mismo objetivo, aunque enfrentan resistencia debido al peso económico del sector agroexportador.

Los defensores de la prohibición afirman que el país podría exportar carne procesada, eliminando el sufrimiento animal y reduciendo los riesgos ambientales. El tema vuelve a la agenda justo a las puertas de la COP30, que se llevará a cabo en Pará.

Un Símbolo de Descuido a las Puertas de la COP30

La proximidad de la conferencia mundial sobre el clima hace que el episodio sea aún más incómodo para Brasil.

El casco oxidado del Navio dos Bois, aún en el fondo del puerto de Barcarena, permanece como un recordatorio incómodo del desastre no resuelto.

El naufragio, la contaminación y la impunidad revelan el contraste entre el discurso ambiental del país y la realidad vivida en la Amazonía paraense.

Un símbolo de todo lo que se intenta ocultar bajo las aguas oscuras del río Pará —y que, diez años después, aún no ha desaparecido de la memoria de quienes vieron el horror suceder.

Con información de UOL.

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Romário Pereira de Carvalho

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