Reservas menores, caída en los ingresos de energía y dependencia creciente de China aparecen en informe europeo como factores de presión sobre la economía rusa, mientras investigadores defienden sanciones más dirigidas contra Moscú durante la guerra contra Ucrania.
La economía de Rusia enfrenta restricciones financieras crecientes tras cuatro años de guerra a gran escala contra Ucrania, según informe divulgado el jueves (11) por el Instituto Kiel para la Economía Mundial, de Alemania, y por el Instituto de Estocolmo para Economías de Transición, de Suecia.
El estudio afirma que Moscú consumió gran parte de los colchones financieros usados para sostener los gastos militares, al mismo tiempo que registra caída en los ingresos de energía, avance del déficit público y mayor dependencia de China en áreas de comercio, tecnología y componentes estratégicos.
“En los primeros años de la guerra contra Ucrania, la economía rusa se mostró más resiliente de lo que muchos esperaban, pero ahora las reservas están agotadas”, afirmó Moritz Schularick, presidente del Instituto Kiel y coautor del capítulo de visión general del informe.
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Reservas rusas se reducen con presión de la guerra
Según los datos presentados en el levantamiento, los activos líquidos del fondo soberano ruso cayeron de 6,5% del Producto Interno Bruto al inicio de la guerra a 1,8% en abril de 2026, nivel que, según los investigadores, reduce el margen fiscal del Kremlin.
Aún conforme al informe, el déficit del presupuesto federal superó, en el primer trimestre de 2026, la meta prevista por el gobierno ruso para todo el año, en medio del aumento de los gastos relacionados con la guerra y la pérdida de ingresos relevantes.
La presión también aparece en los ingresos de petróleo y gas, que retrocedieron 45% en el primer trimestre de 2026 en comparación con el mismo período del año anterior, según los números citados por el Instituto Kiel en el análisis económico.
Para los autores, el problema no se limita a la disponibilidad de dinero en el presupuesto ruso, porque también involucra escasez de mano de obra, restricciones al acceso a tecnología importada y capacidad productiva presionada por las sanciones internacionales.
Matthew C. Klein, autor del blog económico The Overshoot y responsable de uno de los capítulos del estudio, afirma que el obstáculo central para Moscú dejó de ser solo financiero y pasó a involucrar personas, tecnología y producción.
En la evaluación de Klein, el gobierno aún puede movilizar recursos adicionales, pero nuevos gastos tienden a aumentar presiones inflacionarias cuando el mercado laboral opera con escasez récord y las sanciones limitan el acceso a importaciones críticas.
China gana espacio en la economía rusa
Otro punto destacado por el informe es la creciente dependencia de Rusia respecto a China, que pasó a representar alrededor del 35% del comercio exterior ruso y proporciona la mayor parte de los bienes críticos de uso civil y militar que llegan al país.
El análisis también indica que Pekín respondió por aproximadamente tres cuartos del aumento de las importaciones rusas de componentes militares críticos sancionados desde 2022, lo que ayudó a Moscú a sortear parte de las restricciones impuestas por países occidentales.
Aunque esta relación ha reducido parte de los impactos de las sanciones, el informe señala una mayor asimetría entre los dos países, según Alicia García-Herrero, investigadora sénior del Bruegel y coautora del apartado sobre la asociación económica entre Rusia y China.
“La idea de una asociación ‘sin límites’ esconde una asimetría creciente”, afirmó García-Herrero, al evaluar que Moscú obtuvo una línea de sostenimiento económico mientras Pekín amplió influencia sobre comercio, finanzas y cadenas industriales rusas.
En la evaluación de la investigadora, este cambio reduce la autonomía económica de Rusia a largo plazo, ya que el país depende más de la demanda china por exportaciones y de empresas chinas para obtener insumos que dejaron de llegar por canales occidentales.
Sanciones contra Rusia entran en nueva fase
Los autores del informe afirman que la vulnerabilidad económica identificada en el estudio puede abrir espacio para medidas occidentales más efectivas, especialmente en el cumplimiento de las sanciones ya existentes y en la reducción de los ingresos obtenidos por Moscú con exportaciones.
Entre las propuestas citadas están acciones más duras contra la llamada flota fantasma, formada por petroleros usados en el transporte de petróleo ruso a pesar de las restricciones internacionales, además de controles de exportación más estrictos sobre proveedores chinos.
Torbjörn Becker, director del Instituto de Estocolmo para Economías de Transición, defiende que la fiscalización del techo de precio del petróleo ruso vuelva al centro de la política de sanciones, con medidas dirigidas a la red paralela de embarcaciones.
En un análisis separado, publicado el martes (09), el Instituto Kiel propuso una tarifa sobre el comercio remanente entre Unión Europea y Rusia, con el objetivo declarado de financiar a Ucrania y elevar el costo económico para el Kremlin.
De acuerdo con el estudio, incluso después de veinte paquetes de sanciones de la Unión Europea desde 2022, el comercio bilateral con Rusia sumó 57,2 mil millones de euros en 2025, siendo 27,2 mil millones de euros en importaciones europeas y 30 mil millones de euros en exportaciones.
La propuesta prevé una tarifa de apoyo a Ucrania sobre importaciones europeas provenientes de Rusia y un cobro sobre exportaciones de la Unión Europea al mercado ruso, aunque la parte ligada a las exportaciones aún requiere diseño jurídico específico.
Tarifa podría financiar apoyo a Ucrania
Según los cálculos del Instituto Kiel, tarifas entre 30% y 50% podrían generar de 11 mil millones a 16 mil millones de euros por año, en estimaciones a corto plazo, con recursos destinados a la defensa, reconstrucción y asistencia humanitaria de Ucrania.
“La idea central es simple: mientras haya comercio con Rusia, Europa debe usarlo para apoyar a Ucrania”, afirmó Julian Hinz, jefe del grupo de investigación en política comercial del Instituto Kiel y coautor del estudio.
El análisis sostiene que los costos macroeconómicos serían asimétricos, con pérdidas agregadas estimadas para Rusia entre tres y cuatro veces superiores a las enfrentadas por la Unión Europea, porque las importaciones europeas aún se concentran en energía.
Rusia inició la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022, en una guerra que sigue sin perspectiva de finalización y continúa influyendo en las finanzas públicas, el comercio exterior y la estrategia económica de Moscú.

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