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Turista Americana Denuncia «Tasa de Extranjero» En Río Después De Que Vendedor Intentara Cobrar R$ 4.127,12 Por Una Toalla Que Costaba R$ 41,27, Dice Haber Visto Números Extras En La Maquinita, Y El Video Ya Supera Las 275 Mil Visualizaciones En Las Redes

Publicado el 20/02/2026 a las 12:02
Actualizado el 20/02/2026 a las 12:13
turista americana relata taxa de gringo após ver maquininha de cartão inflar preço de canga no Rio de Janeiro e comenta como evitar abusos.
turista americana relata taxa de gringo após ver maquininha de cartão inflar preço de canga no Rio de Janeiro e comenta como evitar abusos.
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La turista americana Amber Berumen, nómada digital de vacaciones en Brasil durante casi dos meses, dijo en Instagram que un vendedor en Río intentó cobrar R$ 4.127,12 por una pareo de R$ 41,27; ella afirma haber visto dígitos extras en la maquinita y el video ya supera solo 275 mil visualizaciones.

La turista Amber Berumen, de Estados Unidos, relata que está en Brasil de vacaciones desde hace casi dos meses y que ha compartido en Instagram experiencias buenas y malas mientras se hospeda en Río de Janeiro, donde pasa parte del viaje.

En enero, la turista se volvió viral al denunciar la llamada “tasa de gringo” tras intentar comprar una pareo y, según ella, ver un valor mucho más alto del acordado que fue insertado en la maquinita; la cobranza no se completó porque la tarjeta tenía límite, y el video ya suma más de 275 mil visualizaciones.

Lo que la turista afirma haber ocurrido en la compra de la pareo

Turista @Amber Berumen.

En su relato, la turista dice que el artículo tenía un precio de R$ 41,27, pero que el vendedor intentó cobrar R$ 4.127,12 en el momento del pago. La diferencia, descrita por ella como parte de una “tasa de gringo”, llamó la atención no solo por el valor, sino por la forma en que apareció al momento de pasar la tarjeta.

La turista también afirma que notó al vendedor “digitando números adicionales” en la máquina, lo que, para ella, sugirió un intento de engaño.

El punto central del desahogo no fue pagar más, sino la sospecha de manipulación del valor en el acto de la cobranza, algo que suele ser difícil de identificar cuando todo sucede rápido, en un ambiente movido y bajo presión para concluir la compra.

“Tasa de gringo” y el límite entre precio alto y ventaja indebida

Según la propia turista, la expresión “tasa de gringo” describe la práctica de cobrar precios significativamente más altos a extranjeros en puntos turísticos.

En lugares de gran afluencia, esta percepción surge con frecuencia en conversaciones informales porque los turistas, en general, llegan con menos referencias de precios y con más urgencia para resolver compras y paseos.

Al mismo tiempo, la situación narrada por la turista establece un límite claro en el debate: un precio diferente puede ser visto como “el juego del comercio” por algunos, pero una cobranza que salta de decenas a miles de reales cambia el enfoque hacia la posibilidad de abuso, especialmente si el consumidor entiende que no hubo transparencia.

Es por eso que el caso genera repercusiones: no se trata solo de “caro” o “barato”, sino de cómo se presentó y autorizó el valor.

La maquinita como detalle técnico que se convierte en protagonista

La turista dice que vio números extras siendo digitados, y esto toca un punto sensible: la maquinita es, muchas veces, la etapa en que la compra queda más vulnerable a confusiones, ya sea por error, prisa o mala fe.

En cualquier venta, el valor mostrado en la pantalla, la confirmación antes de concluir y el recibo final son los elementos que definen lo que realmente fue autorizado.

En el caso descrito, el desenlace fue determinado por un detalle práctico: la tarjeta tenía límite y la transacción no se completó.

Esto transformó una experiencia que podría haber resultado en pérdidas en una alerta pública, porque permitió que la turista interrumpiera el pago antes de una eventual confirmación definitiva, además de exponer la situación a otras personas que quizás no habrían revisado la pantalla con tanta atención.

Reacciones en los comentarios y orientaciones que aparecieron tras el video

Después de que la turista publicó el video, ella relata que recibió orientaciones en los comentarios sobre cómo evitar situaciones similares.

Este tipo de reacciones suele surgir cuando mucha gente se reconoce en el contexto, incluso sin haber vivido el mismo episodio: compra rápida, playa llena, vendedor insistente, y la sensación de que la negociación necesita terminar “pronto”.

Entre las respuestas, una usuaria que se identificó como carioca dio un consejo directo: evitar la tarjeta y preferir el efectivo, de preferencia cambiado.

La sugerencia refleja una lógica de control inmediato del valor pagado, porque el dinero hace que el precio sea “visible” y reduce la posibilidad de divergencia en el momento de la cobranza.

Para la turista, estas orientaciones funcionan como un manual informal de supervivencia turística, compartido por quienes conocen el ritmo del lugar.

Lo que el episodio expone sobre confianza, consumo y convivencia en áreas turísticas

El relato de la turista no prueba, por sí solo, la intención de nadie, pero evidencia cómo la confianza puede romperse rápido cuando el consumidor percibe que perdió el control de la compra.

En áreas turísticas, donde la relación es breve e impersonal, pequeños signos como prisa, falta de claridad en el precio y dificultad de revisión pueden convertirse en combustible para conflictos y generalizaciones.

También existe un efecto colectivo: cuando un video de este tipo gana tracción, refuerza la idea de que el turista necesita estar siempre en modo alerta, lo que afecta la experiencia de quienes visitan y, por ende, la imagen de quienes viven del comercio local.

La discusión que queda es menos sobre un producto y más sobre el tipo de relación que se construye con el turista: transparencia, respeto y previsibilidad son lo que hacen que el consumo parezca justo, incluso cuando los precios varían.

La historia narrada por la turista Amber Berumen concentra, en un único pago, varias preguntas que mucha gente evita formular en voz alta: ¿hasta qué punto es “negociación”, cuándo se convierte en explotación, y cuál es la responsabilidad de cada parte para que el turismo funcione sin desconfianza?

Cuando un valor supuestamente salta de R$ 41,27 a R$ 4.127,12, la conversación inevitablemente sale del campo de la curiosidad y entra en el terreno de la seguridad y la ética.

¿Y contigo, ya ocurrió algo similar en un viaje o en un punto turístico de tu propia ciudad? ¿Sueles verificar el valor en la maquinita antes de confirmar, prefieres pagar en efectivo, o crees que un precio diferente para turistas es aceptable siempre que se acuerde con claridad? Cuéntame qué haces en la práctica para no caer en trampas y lo que consideras justo en estas situaciones.

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Maria Heloisa Barbosa Borges

Falo sobre construção, mineração, minas brasileiras, petróleo e grandes projetos ferroviários e de engenharia civil. Diariamente escrevo sobre curiosidades do mercado brasileiro.

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