El Decreto n.º 12.686/2025 Reformula La Educación Especial En Brasil, Redefine El Papel De Las Instituciones Filantrópicas Y Reaviva El Debate Sobre Inclusión Y Derechos De Las Familias
Un nuevo decreto del gobierno federal cambió completamente el formato de la enseñanza especializada en Brasil. La medida, firmada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, provocó reacciones en todo el país por alterar la forma en que los alumnos con discapacidad serán atendidos, y por poner en duda el futuro de instituciones tradicionales como las APAEs y las Pestalozzis.
El Decreto n.º 12.686/2025, publicado en el Diario Oficial de la Unión el 20 de octubre, instituye la nueva Política Nacional de Educación Especial e Inclusiva. En la práctica, transfiere a los alumnos que hoy estudian en escuelas especiales a la red regular de enseñanza, donde la atención será complementaria y ya no más separada.
Según el gobierno, el cambio representa “un paso hacia la inclusión total”, pero para miles de familias el sentimiento es de aprensión.
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Lo Que Cambia Con El Nuevo Decreto
Hasta ahora, las instituciones especializadas, como las APAEs (Asociaciones de Padres y Amigos de los Excepcionales) y las Pestalozzis, tenían autonomía para ofrecer matrícula directa y mantener estructuras de enseñanza adaptadas. El nuevo texto revoca el Decreto n.º 7.611/2011, que garantizaba este modelo, y redefine el papel de estas entidades como centros de apoyo pedagógico vinculados a las secretarías de Educación.
De acuerdo con el Ministerio de Educación, la propuesta es que los alumnos con discapacidad, autismo o altas habilidades asistan a clases regulares, recibiendo la Atención Educacional Especializada (AEE) de forma complementaria.
El gobierno argumenta que la separación en escuelas especiales “refuerza la exclusión social” y que la nueva política está alineada con la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, ratificada por Brasil.
En una nota publicada en el portal oficial gov.br, el MEC afirmó que la meta es “garantizar el acceso y la permanencia de todos los estudiantes, con o sin discapacidad, en el mismo espacio escolar”.
Preocupación De Las Familias Y De Los Especialistas
El anuncio, sin embargo, provocó una fuerte resistencia. Entidades que operan desde hace décadas en el área afirman que el decreto no fue discutido con las comunidades involucradas y que puede comprometer la calidad de la enseñanza de alumnos con discapacidades severas.
La Federación Nacional de las APAEs (Fenapaes) declaró que el nuevo formato ignora las diferencias individuales y “impone una inclusión forzada, sin considerar las condiciones reales de las escuelas públicas”.
Padres y maestros informan su preocupación por la falta de estructura, escasez de profesores capacitados y ausencia de tecnología asistiva en la red regular, lo que puede generar deserción escolar o retroceso pedagógico.
En una entrevista a la Gazeta do Povo, el senador Flávio Arns anunció que presentó un Proyecto de Decreto Legislativo para suspender la nueva norma, alegando que “viola el derecho de las familias a elegir el modelo de enseñanza más adecuado”.
Otros parlamentarios también estudian accionar al Supremo Tribunal Federal (STF) para cuestionar la constitucionalidad de la medida.
El Debate Sobre Inclusión Y Autonomía
Mientras el gobierno defiende que la nueva política amplía la convivencia y reduce la segregación, críticos afirman que confunde integración con inclusión. Para muchos especialistas, la verdadera inclusión solo ocurre cuando las escuelas están preparadas, con infraestructura adaptada, profesionales especializados y recursos pedagógicos adecuados.
Sin eso, afirman, el cambio puede convertirse en un obstáculo en vez de un avance.
Aún existe el temor de que las instituciones filantrópicas, responsables de miles de atenciones diarias, pierdan el financiamiento público y tengan que reducir sus actividades. Según datos de la Fenapaes, más de 500 mil alumnos son atendidos hoy en escuelas mantenidas por estas entidades en todo el país.
El gobierno promete una transición gradual y asegura que las instituciones continuarán actuando como apoyo, pero no presentó plazos ni recursos adicionales para la adaptación de la red pública.
Por ahora, el decreto sigue vigente, y Brasil vive un intenso debate sobre cómo conciliar inclusión, autonomía y calidad de enseñanza sin dejar a nadie atrás.

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