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Un aficionado acompañó a la Selección Brasileña por más de 25 años, visitó 60 países, estuvo en más de 150 partidos y se convirtió en un símbolo de las gradas.

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 11/06/2026 a las 23:08
Actualizado el 11/06/2026 a las 23:09
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El aficionado era Clóvis, el Gaúcho de la Copa, eternizado en la foto llorando con la copa en el 7 a 1. Murió en 2015, y ahora su hijo Frank va a la décima Copa de la familia, en los Estados Unidos, llevando el sombrero y la réplica del trofeo para honrar al padre.

Durante décadas, el rostro de Brasil en las gradas de las Copas fue un aficionado con sombrero, cuia y una réplica de la copa en las manos. Ese aficionado tenía nombre, Clóvis Acosta Fernandes, el eterno Gaúcho de la Copa. Y su historia no terminó cuando él partió.

Clóvis siguió a la Selección Brasileña en siete Copas del Mundo, pasó por más de 60 países y vio más de 150 partidos, antes de morir en 2015. Ahora, según el g1 RS, quien asume la misión es el hijo, Frank. En 2026, lleva el sombrero y la copa a la décima Copa de la familia, en los Estados Unidos, en la primera jornada sin el padre y sin el hermano, Gustavo.

El aficionado que se convirtió en símbolo de las gradas

El aficionado Clóvis, el Gaúcho de la Copa, siguió a la Selección Brasileña en siete Copas del Mundo, y ahora el hijo lleva el legado de las gradas a la Copa de 2026.
Para entender el tamaño de esta historia, es necesario volver a 1990. 

Fue en la Copa del Mundo de Italia que Clóvis Acosta Fernandes comenzó a seguir a la Selección por el planeta.

Hincha fanático del Gremio, terminó yendo a siete Mundiales, recorrió más de 60 países y asistió a más de 150 partidos de Brasil, siempre con los mismos símbolos, el sombrero, la cuia y la réplica del trofeo.

Así fue como se convirtió en el Gaúcho de la Copa, un aficionado reconocido en cualquier grada.

Hubo un momento, sin embargo, que quedó grabado para siempre. 

En la derrota por 7 a 1 ante Alemania, en 2014, la imagen de Clóvis llorando abrazado a la copa recorrió el mundo y se convirtió en uno de los retratos más fuertes de aquel Mundial.

Murió al año siguiente, en 2015, a los 60 años, en Porto Alegre, víctima de un cáncer que enfrentaba desde 2004. Dejó a su esposa, cuatro hijos y tres nietos.

El hijo que asume el sombrero y la copa

La tradición no terminó junto con el Gaúcho de la Copa. 

En 2026, Frank, uno de los hijos de Clóvis, se prepara para la décima jornada de la familia en un Mundial, esta vez en los Estados Unidos.

Le corresponde a él seguir llevando el sombrero y la réplica de la copa, dos símbolos que, en palabras del propio Frank, cargan décadas de camino, amistad y amor por la Selección Brasileña.

Esa pasión no nació por casualidad, fue herencia de padre a hijo. 

Frank cuenta que creció en ese universo de estadios y viajes, y que lo más impactante era ver cómo Clóvis se conectaba con gente de culturas diferentes.

Nada de eso, según él, fue sobre fama.

Era sobre pasión verdadera y sobre representar al aficionado brasileño auténtico.

Una Copa diferente, sin el padre y sin el hermano

El viaje de 2026 lleva un peso emocional nuevo. 

Será la primera vez que Frank va a una Copa sin la presencia física del padre, que partió en 2015, y también sin el hermano, Gustavo Fernandes.

Los dos estuvieron juntos justamente en los dos Mundiales en que Clóvis ya no estaba más cerca.

La ausencia del hermano, sin embargo, tiene un motivo bonito.

Gustavo vivió el dilema entre embarcar para la Copa o quedarse en Porto Alegre para acompañar el nacimiento de la hija. Eligió quedarse.

Para Frank, es el tipo de decisión que haría al padre orgulloso, y que muestra que, para este aficionado y su familia, esto «es más que fútbol».

El Brazucamóvil y la campaña de los calcetines

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Llevar esta tradición tan lejos exige una gran logística. 

El destaque es para el Brazucamóvil, el coche que acompaña a la familia desde hace décadas y ya ha recorrido más de 250 mil kilómetros.

Para ayudar a financiar el viaje hasta los Estados Unidos, los hermanos crearon una campaña virtual que transforma la venta de calcetines en una especie de combustible para el sueño.

Más que dinero, la idea es compartir la jornada. 

Frank dice que esa fue la forma afectiva que encontraron de involucrar a las personas, porque el Brazucamóvil nunca rodó solo.

Sempre tuvo mucha gente empujando ese sueño junto.

En el fondo, la campaña es solo la versión actual de algo que ya existía, una legión de aficionados caminando al lado del Gaúcho de la Copa.

La historia del Gaúcho de la Copa muestra que un aficionado puede convertirse en parte de la memoria afectiva de todo un país. 

Clóvis transformó pasión en símbolo, y ahora su hijo Frank lleva ese legado a otra Copa, sin el padre cerca, pero con todo lo que él enseñó.

Es la prueba de que algunas pasiones no terminan, solo cambian de manos.

¿Y tú, recuerdas la imagen del Gaúcho de la Copa llorando con la copa en 2014? ¿Te parece bonito que el hijo mantenga viva esa tradición en las gradas? Cuéntanos en los comentarios, con respeto a las diferentes aficiones e historias, y comparte este artículo con ese amigo apasionado por la Selección Brasileña.

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Bruno Teles

Hablo sobre tecnología, innovación, petróleo y gas. Actualizo diariamente sobre oportunidades en el mercado brasileño. Con más de 7.000 artículos publicados en los sitios web CPG, Naval Porto Estaleiro, Mineração Brasil y Obras Construção Civil. ¿Sugerencias de temas? Envíalas a brunotelesredator@gmail.com

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