Un estudio sometido al Astrophysical Journal propone que la mayoría de los planetas rocosos de la galaxia no posee la estructura de capas que conocemos en la Tierra, con núcleo metálico, manto de silicato y atmósfera. En los llamados sub-Neptunos, el tipo más común de exoplaneta ya encontrado, las presiones y temperaturas extremas del interior hacen que hierro, silicato e hidrógeno se mezclen en un fluido único y homogéneo. Si el modelo es correcto, la Tierra con su núcleo definido sería la excepción, no la regla entre los planetas rocosos.
La estructura interna de los planetas que aprendimos en la escuela puede estar equivocada para la inmensa mayoría de los mundos que existen en la galaxia. Un nuevo artículo científico disponible en arXiv y sometido al Astrophysical Journal propone que los sub-Neptunos, la categoría más común de exoplaneta catalogada hasta hoy, no poseen núcleo metálico ni manto de silicato separados. En lugar de la estructura de capas que caracteriza planetas como la Tierra, estos mundos tendrían un interior compuesto por un único fluido homogéneo de hierro, silicato fundido e hidrógeno, mezclados en condiciones de temperatura por encima de 4.000 grados Kelvin.
El descubrimiento, si se confirma, invierte el paradigma: la Tierra deja de ser el modelo estándar para planetas rocosos y pasa a ser la excepción. Los sub-Neptunos, que son más grandes que la Tierra pero más pequeños que Neptuno, representan el tipo más abundante de planeta en la Vía Láctea, y la posibilidad de que su interior sea radicalmente diferente de lo que los modelos clásicos preveían tiene implicaciones profundas para la astrofísica, la geología planetaria y la búsqueda de mundos habitables.
Por qué los planetas sub-Neptunos no tendrían núcleo

La teoría clásica de formación de planetas prevé que el hierro, más denso, se hunde hacia el centro y forma el núcleo, mientras que el silicato, más ligero, flota y crea el manto. En la Tierra, este proceso funcionó perfectamente. Pero los autores del estudio señalan que en las presiones y temperaturas extremas del interior de planetas más grandes, el hidrógeno, el silicato fundido y el hierro se vuelven completamente miscibles, es decir, dejan de existir como fases separadas y se transforman en una mezcla única.
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El umbral es sorprendentemente bajo: si un planeta acumula más de alrededor del 1% de su masa en hidrógeno, todo el interior se convierte en esta mezcla turbulenta y homogénea. Sin núcleo. Sin manto. Solo un fluido único que se extiende por miles de kilómetros hasta el centro del planeta. Para planetas con menos del 1% de hidrógeno, como la Tierra, la separación en capas ocurre normalmente.
Lo que el modelo explica que los anteriores no podían
La propuesta de los investigadores resuelve dos problemas que los modelos tradicionales de estructura interna de planetas no explicaban bien. El primero es la llamada «brecha de radio», la escasez de planetas con tamaños intermedios entre super-Tierras y sub-Neptunos que los telescopios Kepler y James Webb mapearon. Según el modelo clásico de capas, debería haber una distribución continua de tamaños, pero en la práctica existe un vacío.
El segundo problema es la relación entre el radio de los planetas y su período orbital. Los modelos tradicionales no reproducían con precisión la forma en que el tamaño de los sub-Neptunos varía en función de la distancia a la estrella. El modelo de interior miscible, con hidrógeno burbujeando lentamente hacia fuera de la roca a medida que el planeta se enfría a lo largo de cientos de millones de años, explica por qué los planetas jóvenes parecen más hinchados de lo previsto.
El hidrógeno que burbujea desde dentro de los planetas
En el modelo propuesto, los planetas sub-Neptunos jóvenes almacenan una fracción sustancial de hidrógeno en su interior miscible. A medida que el planeta se enfría a lo largo de cientos de millones de años, el hidrógeno «burbujea» lentamente hacia fuera de la mezcla de hierro y silicato, liberándose hacia la atmósfera en un proceso que altera gradualmente el tamaño y la densidad del planeta.
Este mecanismo produce una firma observacional que ahora puede ser probada con el Telescopio James Webb y con futuros sondeos de tránsito en estrellas muy jóvenes. Si se encuentran planetas con decenas de millones de años con radios mayores de lo previsto por los modelos de capas, será una evidencia fuerte de que el interior miscible es real y de que la mayoría de los planetas rocosos de la galaxia funciona de manera radicalmente diferente a la Tierra.
Lo que aún falta probar sobre estos planetas
Los propios autores reconocen limitaciones importantes. El modelo se basa en extrapolaciones teóricas sobre el comportamiento del hidrógeno, silicato y hierro en condiciones que aún no pueden ser reproducidas en laboratorio, aunque experimentos de alta presión están acercándose a estas condiciones extremas. Los balances térmicos internos de los planetas son inciertos, y el enfoque estadístico del estudio parte de la población observada de exoplanetas y retrocede a la física, en lugar de prever de antemano cómo deberían ser los planetas.
La afirmación central, sin embargo, es audaz y comprobable: el tipo más común de planeta en la galaxia puede no parecerse en nada a la Tierra por dentro. El concepto familiar de un núcleo metálico denso en el centro de cada planeta rocoso puede ser la excepción en lugar de la regla. Si el estudio es correcto, la Tierra no es el modelo estándar de los planetas, sino más bien el mundo extraño.
¿Imaginabas que la mayoría de los planetas rocosos puede no tener núcleo ni manto? ¿Qué te sorprende más: la mezcla de hierro con hidrógeno, la idea de que la Tierra es la excepción o el hecho de que la respuesta puede venir del James Webb? Cuéntanos en los comentarios.

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