Localizada entre Hawái y México, la región reúne miles de millones de toneladas de minerales estratégicos y también levanta dudas sobre riesgos ambientales
Una extensa área entre Hawái y México concentra miles de millones de toneladas de nódulos polimetálicos en el fondo del Océano Pacífico.
La presencia de estos recursos ha puesto a la Zona Clarion-Clipperton en el centro del interés de gobiernos, empresas y sectores ligados a la tecnología.
Algunas estimaciones económicas calculan que estos minerales pueden valer hasta US$ 18 billones. Este número, sin embargo, no representa una evaluación oficial.
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La industria aún necesita superar obstáculos tecnológicos, económicos, ambientales y regulatorios antes de iniciar una exploración comercial a gran escala.
¿Qué existe en el fondo de la Zona Clarion-Clipperton?
Los nódulos polimetálicos surgieron lentamente durante millones de años en el lecho marino.
Estas formaciones rocosas cubren grandes áreas ubicadas a aproximadamente 4 mil metros de profundidad.
Su composición concentra cuatro metales estratégicos para diferentes sectores industriales:
- Níquel: integra principalmente baterías para vehículos eléctricos;
- Cobalto: amplía la eficiencia y la durabilidad de las baterías;
- Manganeso: participa en la fabricación de aleaciones metálicas y de productos siderúrgicos;
- Cobre: abastece equipos electrónicos, redes eléctricas y sistemas de energía.
La industria considera la región, por lo tanto, una posible alternativa a las reservas minerales explotadas en tierra.
Desde julio de 2000, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos administra las reglas para prospección y exploración de estos nódulos.
Actualmente, empresas y países mantienen contratos de exploración en la Zona Clarion-Clipperton. Estas concesiones, sin embargo, aún no autorizan una minería comercial amplia.

¿Por qué estos minerales despiertan tanto interés?
La electrificación de los transportes ha aumentado la demanda de metales utilizados en baterías y sistemas de almacenamiento de energía.
Las redes eléctricas y los equipos vinculados a las fuentes renovables también consumen grandes cantidades de cobre, níquel, cobalto y manganeso.
Según la Agencia Internacional de Energía, estos materiales desempeñan funciones importantes en la transición energética y en la fabricación de baterías.
En este contexto, gobiernos y empresas evalúan los depósitos submarinos como una posible fuente para satisfacer parte de la demanda industrial futura.
La minería submarina puede causar impactos permanentes
El potencial económico de la región también despierta preocupaciones ambientales en la comunidad científica.
Durante la recolección, las máquinas retirarían los nódulos del lecho marino y destruirían hábitats utilizados por diversos organismos.
Los equipos también podrían levantar grandes nubes de sedimentos y afectar diferentes formas de vida en áreas extensas.
Ruidos y vibraciones representan otro riesgo relevante. Estos efectos pueden perjudicar la orientación de peces y mamíferos marinos.
La ciencia aún conoce poco sobre muchos organismos que viven en las regiones abisales.
Por esta razón, los investigadores defienden estudios más profundos antes del inicio de cualquier exploración comercial a gran escala.
Disputa internacional definirá el futuro de la exploración
La concentración de estos minerales también alimenta una disputa geopolítica entre países interesados en materias primas estratégicas.
Varios gobiernos intentan reducir la dependencia externa y fortalecer la seguridad en el suministro de estos recursos.
Las negociaciones internacionales aún necesitan definir quién podrá explorar los depósitos y cómo los países dividirán los beneficios económicos.
Ante este escenario, el futuro de la Zona Clarion-Clipperton permanece indefinido.
Las empresas defienden el inicio de la minería comercial. En contrapartida, científicos y organizaciones ambientales piden mayor protección para los ecosistemas.
Este debate deberá definir el equilibrio entre desarrollo tecnológico, seguridad energética y conservación de los océanos.
