Centro de Embrapii, CNPEM y Ministerio de Salud busca transformar plantas, microorganismos y compuestos naturales en futuros medicamentos, aún sin plazo para llegar al mercado.
La iniciativa reúne a Embrapii, CNPEM y Ministerio de Salud, con una inversión de R$ 60 millones para los primeros cuatro años de funcionamiento.
A pesar del potencial estratégico, el proyecto aún no tiene un plazo definido para reducir la dependencia externa del país en la fabricación de medicamentos.
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Actualmente, según la Abiquifi, más del 90% de los IFAs utilizados por la industria farmacéutica brasileña son importados. En algunos segmentos, esta dependencia alcanza el 95%.
Centro será instalado en Campinas y se centrará en la investigación inicial
El Centro de Competencia en IFA a partir de la Biodiversidad Brasileña, llamado CC-IFABR, será instalado en el CNPEM, en Campinas, São Paulo.
La propuesta es identificar moléculas presentes en plantas, animales y microorganismos brasileños con potencial para convertirse en medicamentos en el futuro.
Durante los primeros cuatro años, el centro no deberá producir medicamentos listos para el SUS.
El trabajo se concentrará en etapas iniciales, como el descubrimiento de moléculas, perfeccionamiento y estudios preclínicos.
Cáncer e infecciones emergentes serán las primeras áreas
Las primeras áreas de investigación serán tratamientos contra el cáncer, con enfoque en inmunoterapia, y terapias para infecciones emergentes.
Según Daniela Trivella, coordinadora del CC-IFABR en el CNPEM, ya hay dos proyectos en marcha.
Uno de ellos investiga una molécula obtenida de una planta de la Caatinga, con potencial para estimular el sistema inmunológico contra tumores.
Otro proyecto busca desarrollar, a partir de un microorganismo, una molécula para tratar la sepsis, una infección generalizada grave que puede llevar a la falla de órganos.
Medicamentos aún están lejos de las estanterías
Ninguno de los proyectos debe resultar en un medicamento disponible dentro del plazo inicial del centro.
Antes de eso, las moléculas necesitarán pasar por pruebas en humanos, aprobación de la Anvisa y desarrollo industrial a escala.
Según Alvaro Prata, presidente de Embrapii, aún no es posible estimar cuándo el proyecto reducirá la dependencia brasileña de IFAs importados.
Tampoco hay previsión sobre la proporción de esta posible reducción.
El desafío entre descubrimiento científico y producción industrial
Uno de los mayores obstáculos del sector es transformar un descubrimiento científico en producción industrial.
Este proceso es conocido por los investigadores como “valle de la muerte”, fase en la que muchos proyectos prometedores acaban abandonados.
Para enfrentar este cuello de botella, el centro pretende desarrollar rutas de producción más eficientes y sostenibles.
Una de las principales apuestas será una biofoundry, plataforma automatizada con robótica e inteligencia artificial.
La tecnología podrá optimizar microorganismos capaces de producir moléculas de interés farmacéutico.
Patentes, biodiversidad y reparto de beneficios
Otra preocupación involucra el uso económico de la biodiversidad brasileña.
Según Prata, la estrategia es transformar compuestos naturales en nuevas moléculas patentables.
La preferencia será licenciar estas moléculas para empresas instaladas en Brasil.
El proyecto también deberá seguir la legislación sobre patrimonio genético y reparto de beneficios.
Las comunidades tradicionales y los investigadores involucrados deberán recibir la participación prevista en la ley.
Ministerio de Salud habla a largo plazo
En una nota, el Ministerio de Salud afirmó que los R$ 60 millones ya están totalmente comprometidos en el contrato con Embrapii.
La cartera destacó que el centro no fue creado para sustituir IFAs importados inmediatamente.
Según el ministerio, el objetivo es estructurar investigación, desarrollo, formación de capacidades y generación de conocimiento.
El seguimiento se realizará semestralmente por una comisión con participación del propio ministerio.
Lo que puede cambiar en los próximos años
La inversión anunciada financia solo la primera fase del centro.
La continuidad dependerá de la captación de nuevos recursos, incluso con participación de la industria farmacéutica.
Hasta el momento, no hay socios ni valores confirmados para una segunda etapa.
Al final de los cuatro años iniciales, Brasil no tendrá necesariamente una reducción mensurable en las importaciones.
En el mejor de los casos, el país tendrá moléculas más avanzadas, listas para iniciar la larga etapa de pruebas en humanos.
Aun así, el centro puede crear una base científica importante para acercar la biodiversidad brasileña a la producción nacional de medicamentos.
¿Cree usted que Brasil debería invertir más en investigaciones con la biodiversidad para reducir la dependencia de IFAs importados, incluso si los resultados tardan años en llegar al mercado? ¡Deje su opinión!
