Después de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, la Unión Europea se vio en la necesidad de diversificar sus fuentes de energía para reducir la dependencia del petróleo ruso. Brasil surge, entonces, como una luz al final del túnel, ya que posee una matriz energética ampliamente renovable.
El hidrógeno verde, o H2V, es una fuente de energía limpia que ha ganando atención recientemente. A pesar del alto costo de producción, el hidrógeno es el elemento más abundante del universo. El desafío está en aislarlo de otros elementos de forma eficaz y sostenible.
La electrólisis del agua surge como un proceso eficaz, aunque costoso, que separa el hidrógeno del oxígeno, generando energía limpia. Más del 83% de la matriz energética brasileña proviene de fuentes renovables como energía eólica, solar y biomasa.
Este panorama hace de Brasil un candidato ideal para la producción a gran escala de hidrógeno verde. Dado que la electrólisis requiere una gran cantidad de energía, nada mejor que recurrir a un país que tiene energía limpia de sobra.
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Arabia Saudita erige en Oxagon una mega planta de hidrógeno verde de US$ 8.4 mil millones con 4 GW de energía solar y eólica, 5.6 millones de paneles solares y capacidad para producir 600 toneladas al día, transformando el desierto en una de las mayores fábricas de combustible limpio del planeta.
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Alemania y Dinamarca transformarán Bornholm en una isla eléctrica del Báltico, conectando 3 GW de energía eólica marina a las redes de los dos países mediante cables submarinos y convirtiendo una isla real en una central energética internacional.
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País del BRICS sorprende al mundo, duplica la generación eléctrica en solo 7 años, se acerca a los 9,800 MW y se convierte en una de las nuevas apuestas de África en energía renovable.
Inversiones millonarias: la Unión Europea apuesta fuerte en el hidrógeno de Brasil
La Unión Europea ya ha anunciado inversiones por un orden de 2 mil millones de euros en la producción de hidrógeno verde en Brasil. Las asociaciones con empresas brasileñas ya están en marcha, como es el caso de Unigel en Bahía, que cuenta con un aporte inicial de 120 millones de dólares para la producción de hidrógeno verde y amoníaco verde.
El mundo vive un momento de transición energética. El petróleo, a pesar de seguir siendo una pieza clave en el engranaje global, tiene sus días contados.
El hidrógeno verde surge como una alternativa prometedora y Brasil, con su potencial en energías renovables, tiene todo para ser uno de los líderes de esta revolución verde que se aproxima. La crisis energética europea puede ser la chispa que faltaba para acelerar este cambio y colocar a Brasil en el mapa mundial del hidrógeno verde.


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