En 1999, la ciudad de Lanjarón, en el sur de España, firmó un decreto inusual que prohibió simbólicamente a los moradores de morir los fines de semana. La medida fue adoptada tras el agotamiento de la capacidad del cementerio municipal y buscaba, con humor, llamar la atención sobre el problema.
Con aproximadamente 4 mil habitantes en ese momento, el municipio de la provincia de Granada enfrentaba dificultades para realizar nuevos sepultamientos. Ante la urgencia, la alcaldía decidió utilizar la creatividad para alertar al gobierno regional sobre la necesidad de adquirir un nuevo terreno para entierros.
El decreto, firmado por el entonces alcalde José Rubio, recomendaba que los moradores «tuvieran extremo cuidado con su salud» y evitaran fallecer, especialmente los sábados y domingos, mientras la administración no encontrara una solución. “Pedimos encarecidamente que nadie fallezca hasta que tengamos espacio digno para nuestros muertos”, decía el texto.
La Medida Simbólica Tuvo Apoyo de la Población y Repercusión Internacional
La propuesta fue recibida con buen humor por la comunidad local y tuvo amplia cobertura en la prensa internacional. Según el periódico estadounidense Deseret News, el objetivo de la medida era provocar una reflexión pública y presionar por una solución rápida.
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La mina de níquel Onça Puma en la Amazonía brasileña reanuda operaciones, aumenta producción a 40,000 toneladas anuales y se convierte en la mayor operación de ferroníquel del país, manteniéndose un 13% por debajo del presupuesto.
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La mayor fabricante de cartas del mundo es belga, ubicada en Turnhout, y produce desde barajas comerciales hasta cartas de Pokémon, Magic y las usadas en los casinos de Las Vegas.
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La mayor empresa de corcho del mundo en Portugal produce más de 5 mil millones de tapones al año a partir de la corteza de un árbol que no se tala, solo se descorteza cada nueve años.
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Gran parte de las pelucas y extensiones utilizadas en el mundo se fabrican con cabello humano importado de la India y se ensamblan en una sola ciudad china, considerada la capital mundial de las pelucas, donde 300,000 personas dependen de esta industria multimillonaria.
Lanjarón no fue la única ciudad en adoptar este tipo de enfoque. En Brasil, un caso similar ocurrió en 2005, en la ciudad de Biritiba Mirim, interior de São Paulo. Allí, el entonces alcalde Roberto Pereira da Silva sancionó una ley simbólica que hacía “ilegal” morir, también debido a la falta de espacio en el cementerio local.

El problema brasileño se agravaba por restricciones ambientales, que impedían la construcción de nuevos cementerios en áreas urbanas o cercanas a manantiales. Con la repercusión de la medida, las autoridades estatales y federales empezaron a discutir alternativas legales.
Tras Años de Impasse, el Municipio Brasileño Consiguió Nuevo Cementerio
Solo en 2010, después de una serie de movilizaciones y la revisión de normas por parte del Consejo Nacional del Medio Ambiente (Conama), se autorizó un nuevo cementerio en Biritiba Mirim, ubicado en el barrio Jardim Takebe, con capacidad para hasta 12 mil sepultamientos.
Estos casos revelan cómo medidas simbólicas y de tono irónico pueden generar un impacto político real cuando se trata de servicios públicos esenciales, como la salud y la infraestructura funeraria. Ambas ciudades utilizaron el humor como herramienta para sensibilizar a la opinión pública y acelerar decisiones administrativas.
La información fue divulgada por el portal Correio24Horas, con base en reportajes de la época y archivos de medios internacionales. Los episodios continúan siendo recordados como ejemplos inusuales de acción gubernamental ante crisis locales.
