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Con una caverna subterránea del tamaño de un edificio de 17 pisos y un embalse de 78 km, la planta Hidroituango se convirtió en la mayor hidroeléctrica de Colombia, capaz de generar el 17% de la energía del país, después de superar una crisis en 2018 que casi se convirtió en una catástrofe.

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 28/05/2026 a las 10:31
Actualizado el 28/05/2026 a las 10:33
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En 2018, la obra estaba a pocas semanas de estar lista cuando un túnel se atascó y la presa casi se rompió. Los ingenieros tuvieron que inundar a propósito la casa de máquinas para evitar lo peor, y decenas de miles de personas fueron evacuadas apresuradamente río abajo. Hoy, la planta opera con la mitad de la capacidad prevista.

Con una caverna subterránea del tamaño de un edificio de 17 pisos y un embalse de 78 kilómetros, la planta de Hidroituango se convirtió en la mayor hidroeléctrica de Colombia, con capacidad para generar cerca del 17% de toda la energía eléctrica del país. La hazaña de ingeniería, sin embargo, solo fue posible después de que la obra superara una grave crisis en 2018, que casi la transformó en una catástrofe humanitaria, con riesgo para más de 120 mil personas.

Ubicada en el río Cauca, en el Cañón del Cauca, en el norte del departamento de Antioquia, a unos 171 kilómetros de Medellín, la Central Hidroeléctrica Ituango es operada por la EPM, las Empresas Públicas de Medellín. El proyecto comenzó a construirse en 2010 y, a pesar de ya generar energía comercialmente desde 2022, aún no está totalmente concluido, con previsión de finalización para 2027. Es una de las mayores y más ambiciosas obras de infraestructura de América del Sur.

La escala impresionante de la obra

La planta de Hidroituango se convirtió en la mayor hidroeléctrica de Colombia y genera el 17% de la energía del país, pero solo después de superar la crisis de 2018 que casi se convirtió en catástrofe.
planta de Hidroituango

Los números de la planta ayudan a entender por qué se la considera una obra monumental. La presa tiene cerca de 225 metros de altura, y el embalse formado por ella se extiende por 78 kilómetros, almacenando aproximadamente 2,8 mil millones de metros cúbicos de agua del río Cauca, el segundo más grande de Colombia. Todo esto en un cañón estrecho en forma de V, con laderas empinadas que hicieron que la ingeniería fuera especialmente desafiante.

El corazón de la planta es una caverna de máquinas subterránea con 240 metros de longitud, 23 metros de ancho y 49 metros de altura, el equivalente a un edificio de unos 17 pisos excavado dentro de la montaña. El aliviadero, responsable de drenar el exceso de agua de manera segura, tiene capacidad para evacuar hasta unos 25.300 metros cúbicos por segundo, número que da la dimensión de la fuerza que la estructura necesita contener.

2.400 megavatios y casi un quinto de la energía del país

La planta de Hidroituango se convirtió en la mayor hidroeléctrica de Colombia y genera el 17% de la energía del país, pero solo después de superar la crisis de 2018 que casi se convirtió en catástrofe.
planta de Hidroituango

En la configuración final, la planta operará con ocho turbinas Francis de 300 megavatios cada una, totalizando 2.400 megavatios de capacidad instalada, el equivalente a cerca del 17% de la demanda eléctrica de toda Colombia. Por ahora, sin embargo, solo cuatro de esas turbinas están en funcionamiento, lo que significa que la planta opera hoy con cerca de la mitad de su capacidad total, o aproximadamente 1.200 megavatios.

Las cuatro turbinas restantes aún están en fase de instalación, en un contrato que, desde 2023, quedó a cargo de un consorcio que incluye la empresa china Yellow River. La conclusión integral está prevista para 2027, cuando la planta deberá alcanzar su potencial máximo. Entre enero y abril de 2026, incluso operando parcialmente, la planta generó más de 3.160 gigavatios-hora y respondió por cerca del 11% de la demanda nacional, según la operadora.

La crisis de 2018 que casi se convirtió en tragedia

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Aquí está el capítulo que no puede ser olvidado al contar la historia de esta planta. En abril y mayo de 2018, cuando la obra estaba a pocas semanas de ser concluida, uno de los túneles de desvío del río fue obstruido, haciendo que el nivel del agua subiera peligrosamente dentro de la estructura aún inacabada. El riesgo de un colapso total de la represa, que amenazaría a más de 120 mil personas río abajo, se volvió real e inminente.

En una decisión desesperada, los ingenieros optaron por inundar deliberadamente la casa de máquinas casi terminada, sacrificando equipos para aliviar la presión y evitar el rompimiento. El 12 de mayo de 2018, el túnel principal se desobstruyó de forma abrupta, liberando una enorme masa de agua que inundó áreas río abajo y devastó el poblado de Puerto Valdivia. Decenas de miles de personas fueron evacuadas apresuradamente en los municipios de la región, y muchas solo pudieron regresar a casa más de un año después.

Los daños que la propaganda suele esconder

La crisis tuvo desarrollos que van mucho más allá del retraso en la obra. La EPM pasó a ser objeto de investigaciones por supuesta corrupción y por daños ambientales relacionados con el proyecto, y el episodio generó pérdidas estimadas en cientos de millones de dólares, además de años de aplazamiento. Para muchos críticos, la prisa política y financiera habría atropellado cuidados geológicos y de seguridad que una obra de este tipo exigía.

Hubo también un impacto ambiental severo. En 2019, el cierre de compuertas llegó a reducir drásticamente el caudal del río Cauca, matando gran cantidad de peces y generando lo que las autoridades calificaron como emergencia ambiental, con efectos sobre comunidades que dependen del río para su subsistencia. Por eso, presentar Hidroituango solo como un triunfo de ingeniería, sin mencionar estos costos humanos y ambientales, sería contar solo la mitad de la historia.

Energía, El Niño y seguridad hídrica

A pesar de toda la polémica, la planta cumple hoy un papel relevante en el sistema eléctrico colombiano. Por operar en un régimen de crecidas y sequías alternadas, Hidroituango funciona como un activo estratégico en los períodos de sequía intensa provocados por el fenómeno El Niño, ayudando a estabilizar el suministro y a contener variaciones bruscas en las tarifas de energía durante los meses más secos.

La legislación colombiana aún obliga a la destinación de recursos del sector eléctrico para obras de abastecimiento de agua y saneamiento en los municipios afectados, y la empresa gestora afirma haber invertido cientos de miles de millones de pesos en infraestructura local, beneficiando a más de 300 mil habitantes en doce municipios de Antioquia. Son intentos de compensar, al menos en parte, los impactos sufridos por la población durante la crisis.

El paralelo con Brasil

Para el lector brasileño que sigue el tema de la energía, la historia de Hidroituango trae lecciones familiares. Brasil, que tiene en la hidroelectricidad la base de su matriz, conoce bien tanto la grandiosidad de estas obras, como Itaipú y Belo Monte, como los riesgos asociados a grandes represas, aún más tras tragedias como las de Mariana y Brumadinho, ligadas a la minería, pero que encendieron el debate nacional sobre la seguridad de estructuras de contención.

El caso colombiano refuerza que las megaobras de energía exigen no solo capacidad técnica e inversión, sino también rigor geológico, transparencia y planes sólidos de gestión de riesgo y de protección a las comunidades. En un momento en que el mundo busca fuentes de energía más limpias, las hidroeléctricas siguen siendo estratégicas, pero el costo humano y ambiental debe incluirse en la cuenta desde el primer proyecto, y no solo después de que la crisis ocurre.

La planta de Hidroituango es, al mismo tiempo, un símbolo de la capacidad de ingeniería de Colombia y una advertencia sobre los riesgos de las grandes obras de infraestructura. Después de casi convertirse en una catástrofe en 2018, se ha recuperado y hoy proporciona una parte importante de la energía del país, aunque opera con la mitad de la capacidad y bajo la sombra de investigaciones e impactos ambientales. Es una historia de resiliencia, pero también de lecciones duras sobre el precio de subestimar los peligros de domar un gran río. El desenlace final solo se conocerá cuando la obra esté concluida y sus efectos, plenamente evaluados.

¿Y tú, qué opinas de megaobras como la planta de Hidroituango, que entregan mucha energía pero conllevan enormes riesgos para las poblaciones cercanas? ¿Crees que vale la pena, o los peligros son demasiado grandes? Deja tu comentario, comparte tu opinión sobre el futuro de las grandes hidroeléctricas y comparte el artículo con quienes se interesan por la energía, la ingeniería y el medio ambiente.

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Bruno Teles

Hablo sobre tecnología, innovación, petróleo y gas. Actualizo diariamente sobre oportunidades en el mercado brasileño. Con más de 7.000 artículos publicados en los sitios web CPG, Naval Porto Estaleiro, Mineração Brasil y Obras Construção Civil. ¿Sugerencias de temas? Envíalas a brunotelesredator@gmail.com

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