Sergei Krikalev despegó en 1991, acompañó el colapso de la Unión Soviética en órbita y regresó en marzo de 1992 como símbolo de la transición espacial rusa
Una misión espacial iniciada el 19 de mayo de 1991 entró en la historia por un acontecimiento geopolítico raro.
El cosmonauta Sergei Krikalev partió en la nave Soyuz TM-12 rumbo a la estación espacial Mir, aún como ciudadano de la Unión Soviética.
Durante la permanencia en órbita, Krikalev realizaba experimentos, tareas técnicas y mantenimientos en la estación. El país que lo había enviado al espacio, sin embargo, enfrentaba su disolución definitiva.
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La trayectoria hizo que se le conociera como “el último ciudadano soviético” y también como “el cosmonauta olvidado”.
Misión en la Mir comenzó antes del colapso soviético

La permanencia de Krikalev seguiría, inicialmente, el cronograma previsto para misiones espaciales de la época.
En julio de 1991, el ingeniero de vuelo aceptó prolongar su estancia en la estación Mir por ajustes operacionales.
En la práctica, dos vuelos planeados fueron reducidos a solo uno. El cambio obligó a Krikalev a permanecer en órbita hasta la llegada de la próxima tripulación.
La Unión Soviética, en ese mismo período, se sumergía en una fuerte inestabilidad política, económica y administrativa.
País desapareció mientras cosmonauta seguía en órbita
Krikalev continuó ejecutando experimentos científicos y actividades de mantenimiento durante la crisis soviética.
El soporte terrestre y la financiación del programa espacial enfrentaban impases cada vez mayores.
El 25 de diciembre de 1991, la Unión Soviética dejó oficialmente de existir.
Krikalev había salido de la Tierra por una nación que ya no existía en el momento de su regreso. La historia, por eso, ganó enorme repercusión internacional.
Regreso ocurrió tras acuerdo con Alemania
Sergei Krikalev regresó a la Tierra el 25 de marzo de 1992, después de 311 días en el espacio.
En ese momento, Alemania pagó US$ 24 millones a Rusia para enviar al piloto Klaus-Dietrich Flade a la estación Mir.
La misión alemana ayudó a viabilizar el regreso del cosmonauta, que había permanecido en órbita por mucho más tiempo del previsto.
Krikalev aterrizó en un escenario completamente diferente al que dejó en mayo de 1991. La Unión Soviética había desaparecido, y Rusia iniciaba una nueva fase política y espacial.
El reconocimiento transformó a Krikalev en símbolo histórico

El regreso le valió a Krikalev el título de Héroe de Rusia.
El cosmonauta ya poseía también la distinción de Héroe de la Unión Soviética, reforzando su importancia en dos períodos históricos.
En los años siguientes, Krikalev participó en misiones fundamentales para la exploración espacial.
Entre ellas, estuvieron el montaje inicial de la Estación Espacial Internacional y vuelos conjuntos entre Rusia y Estados Unidos.
En total, Krikalev acumuló más de un año y cinco meses de experiencia en el espacio.
Su trayectoria pasó a simbolizar la transición entre la era soviética y la cooperación espacial internacional.
La historia de Sergei Krikalev muestra cómo una misión técnica terminó atravesando un cambio geopolítico gigantesco. Al fin y al cabo, ¿cuántas personas han dejado la Tierra por un país y regresado cuando ya no existía?

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