Operación de limpieza en manglares de Río reúne pescadores, recolectores y comunidades tradicionales en áreas presionadas por residuos, con toneladas removidas y registros que muestran la dimensión de la basura en los viveros naturales costeros.
Pescadores y recolectores de cangrejo retiraron más de 46 toneladas de residuos de áreas de manglar en las bahías de Guanabara y de Sepetiba, en Río de Janeiro, en una operación que combina limpieza ambiental, generación de ingresos temporales y apoyo a la conservación de ecosistemas costeros utilizados como área de reproducción y refugio por diferentes especies.
La acción, llamada Operación LimpaOca, integra el Proyecto Del Manglar al Mar y es conducida por la ONG Guardiões do Mar, en convenio con Transpetro.
Entre junio de 2024 y julio de 2025, el trabajo alcanzó 13 hectáreas de manglares, siendo cuatro en la Bahía de Guanabara y nueve en la Bahía de Sepetiba, según datos divulgados por la iniciativa y por la Agencia Brasil.
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Además del peso recogido, la cantidad de objetos descartados también llama la atención.
Según un levantamiento publicado sobre la operación, la fuerza de tarea retiró más de 1 millón de artículos de estos ambientes, entre envases plásticos, neumáticos, tejidos, vidrio, caucho, madera, materiales de pesca y otros residuos encontrados en las áreas de manglar.
Los manglares funcionan como viveros naturales
Los manglares son descritos por investigadores y organismos ambientales como áreas de reproducción, alimentación y refugio para peces, crustáceos, moluscos y aves.
Por eso, estos ambientes son frecuentemente llamados viveros naturales, ya que albergan fases iniciales del ciclo de vida de diversas especies.
La estructura formada por las raíces ayuda a retener sedimentos, proteger márgenes y crear refugios para organismos acuáticos.
En áreas costeras, este tipo de vegetación también contribuye a reducir procesos de erosión y mantener la dinámica natural entre ríos, mareas y fauna asociada.
Cuando residuos se acumulan en estos lugares, la circulación del agua puede verse perjudicada, y los animales quedan expuestos a materiales cortantes, fragmentos plásticos y objetos que pueden causar aprisionamiento.
Bolsas, botellas y pedazos de tejido, por ejemplo, pueden quedar atrapados en las raíces y dificultar el desarrollo de la vegetación.
En este contexto, la retirada de la basura tiene un efecto ambiental y social.
La operación reduce la presencia de residuos en el manglar, disminuye riesgos para quienes trabajan en estos espacios y mejora las condiciones de circulación de personas y animales en áreas utilizadas por la pesca artesanal y la recolección de cangrejo.
Bahía de Guanabara concentra área llamada “Isla de Basura”
En la Bahía de Guanabara, uno de los frentes de la operación ocurre en la llamada “Isla de Basura”, área identificada por la concentración de plásticos, neumáticos, sofás y otros materiales desechados.
El punto se encuentra a unos 20 kilómetros de los manglares del Área de Protección Ambiental de Guapimirim, en la Región Metropolitana de Río.
Solo en esta región, se recogieron 42.886 kilos de residuos.
El trabajo contó con 84 pescadores y recolectores de cangrejo de comunidades cercanas, entre ellas Saracuruna, en Duque de Caxias, además de Suruí y Guia de Pacobaíba, en Magé.
La Bahía de Sepetiba también recibió acciones de la Operación LimpaOca.
En la Isla de Madeira, otro punto de la Región Metropolitana, los trabajadores recogieron 3.177 kilos de residuos, con la participación de 21 caiçaras.
Los números indican que la mayor parte del material retirado hasta julio de 2025 estaba concentrado en la Bahía de Guanabara.
La región recibe influencia de áreas urbanas densamente pobladas, ríos y canales que transportan residuos hasta el ambiente costero, factor señalado por especialistas como uno de los desafíos para la gestión ambiental de la bahía.
Plástico lidera residuos retirados de los manglares
Entre los materiales identificados en la operación, el plástico fue el más frecuente en volumen de peso.
Fueron 38.347 kilos de este tipo de residuo, incluyendo embalajes, botellas, bolsas y fragmentos esparcidos por el manglar.
Los productos textiles sumaron 3.277 kilos.
El caucho, categoría que incluye neumáticos y materiales similares, alcanzó 1.977 kilos.
El vidrio representó 1.264 kilos, mientras que la madera totalizó 662 kilos.
La operación también registró 21 kilos de materiales de pesca y 4 kilos de metal.
Aunque aparecen en menor cantidad en la medición por peso, estos ítems requieren atención debido al riesgo de lesiones y la posibilidad de quedar atrapados en la vegetación o en el suelo lodoso del manglar.
El trabajo de remoción depende del conocimiento de quienes circulan en estos ambientes.
Pescadores y recolectores conocen la variación de la marea, los tramos de acceso más difíciles, los puntos donde el suelo ofrece riesgo y las áreas en las que los residuos suelen acumularse.
Limpieza genera ingresos durante el defeso del cangrejo-uçá
La operación también tiene un impacto económico para comunidades tradicionales.
Los participantes reciben una beca financiada por Transpetro, lo que garantiza una fuente temporal de ingresos en períodos en los que la captura del cangrejo-uçá está prohibida.
El defeso del cangrejo-uçá ocurre entre octubre y diciembre, cuando la actividad se suspende para proteger el ciclo reproductivo de la especie.
Para familias que dependen de la recolección y la pesca artesanal, la interrupción representa un cambio directo en los ingresos mensuales.
Con la participación en la limpieza, pescadores y recolectores participan en una actividad vinculada a su propio territorio de trabajo.
La iniciativa reduce la extracción del crustáceo durante el período de protección y mantiene a parte de los trabajadores vinculados a acciones de conservación del manglar.
El gerente operativo del Proyecto Do Mangue ao Mar, Rodrigo Gaião, afirmó que la retirada de basura contribuye a que el ambiente realice sus servicios ecosistémicos de manera más eficiente.
Según él, la participación de pescadores y recolectores también fortalece la sociobiodiversidad y la economía de las comunidades involucradas.
Conocimiento tradicional ayuda en la recolección de residuos
La Operación LimpaOca fue ideada en 2001 por el recolector de cangrejos Adílio Campos, de la Isla de Itaoca, y pasó a ser mantenida como una acción continua por la ONG Guardiões do Mar.
Para el presidente de la organización, Pedro Belga, la iniciativa no se limita a la retirada de residuos.
Él afirma que el proyecto también promueve buenas prácticas e intercambio de conocimiento con trabajadores que dependen directamente del manglar para vivir.
Al comentar la relación entre conservación e ingresos, Belga resumió: “Sin manglar, sin pescado”.
La seguridad aparece como otro efecto práctico de la limpieza.
La retirada de hierro, jeringas, vidrios y objetos cortantes reduce la exposición de pescadores, recolectores y residentes a materiales que pueden causar accidentes durante la circulación en el manglar.
Alaido Malafaia, de la Cooperativa Manguezal Fluminense, relató la presencia de especies como espátulas rosadas, delfines y nutrias en la región.
Según él, estos animales dependen de la conservación del ambiente, así como las comunidades que viven de la pesca y la recolección.
Turismo comunitario y educación ambiental en el manglar
La limpieza de los manglares también es señalada por representantes locales como una condición importante para actividades de educación ambiental y turismo de base comunitaria.
Rafael dos Santos, presidente de la Asociación de Recolectores de Cangrejo de Magé, afirma que un manglar con menos residuos recibe mejor a visitantes interesados en observar especies como el cangrejo-uçá.
Según él, la operación remueve tanto objetos grandes como residuos menores, esparcidos en áreas internas del manglar.
Este tipo de limpieza exige desplazamiento por tramos de difícil acceso y atención al material que queda mezclado con el suelo, las raíces y la vegetación.
La presencia de pescadores y recolectores en la operación también permite registrar cambios percibidos en el día a día del manglar.
Estos trabajadores acompañan la variación de las mareas, la presencia de animales, los lugares de mayor acumulación de basura y los efectos de la contaminación sobre las áreas de pesca y recolección.
Este conocimiento local puede complementar acciones técnicas de conservación, especialmente en regiones donde el monitoreo continuo depende de la participación de las comunidades.
La operación, en este sentido, acerca trabajo tradicional, limpieza ambiental y observación directa del ecosistema.
La permanencia de residuos en los manglares no afecta solo el paisaje.
Interfiere en áreas usadas por especies acuáticas, aves y crustáceos, además de dificultar la actividad de trabajadores que dependen de estos ambientes.
En una región donde la basura urbana llega a los criaderos naturales por la marea, los ríos y el desecho irregular, parte de la recuperación de los manglares también depende de la forma en que las ciudades manejan sus residuos.

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