Los datos más recientes del IBGE muestran que el desempleo entre jóvenes de 18 a 24 años volvió a subir a principios de 2025, permanece por encima del doble de la media nacional y tiene efectos directos sobre la renta, permanencia en la casa de los padres y presión financiera en las familias brasileñas, en un escenario similar al observado en otros países
Los jóvenes de la Generación Z están teniendo muchas dificultades para consolidarse en el mercado laboral. Algo serio está ocurriendo que les impide conseguir y mantener un empleo por mucho tiempo.
El desempleo entre jóvenes brasileños de 18 a 24 años alcanzó el 14,9% al final del primer trimestre de 2025, más del doble de la media nacional del 7%, según datos de Pnad Contínua, revelando un panorama de vulnerabilidad que, a pesar de ser históricamente bajo para el período, volvió a subir y refleja tendencias observadas también en otros países.
El retrato del desempleo juvenil en Brasil en 2025
Los datos divulgados por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística muestran que, al final del primer trimestre del año pasado, casi el 15% de los brasileños entre 18 y 24 años estaban desempleados. El porcentaje representa el nivel más bajo de la serie histórica para este período específico del año.
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A pesar de eso, la tasa avanzó en relación al trimestre anterior. Al final de 2024, el desempleo entre jóvenes era del 12,9%, indicando una reciente deterioración de las condiciones de inserción en el mercado laboral, incluso en un contexto general de tasa nacional del 7%.
Estos números provienen de la Pnad Contínua, pesquisa nacional por muestreo de domicilios realizada periódicamente, que monitorea el empleo, la renta y las condiciones de trabajo en el país.
El contraste entre la media nacional y el recorte etario evidencia que el inicio de la vida profesional sigue siendo uno de los principales cuellos de botella del mercado laboral brasileño, con dificultades adicionales para quienes buscan su primer empleo.
Permanencia en la casa de los padres y presión familiar creciente
Más allá de las estadísticas de desempleo, los datos de la propia Pnad indican otro fenómeno asociado: el aumento del número de jóvenes que permanecen viviendo con sus padres.
Aún entre aquellos que trabajan, es común la presencia de ocupaciones informales o ingresos bajos.
Esta dinámica amplía la presión emocional y financiera sobre las familias de la Generación Z. Muchos padres no se habían preparado para mantener a sus hijos tras la finalización de los estudios, pero acaban asumiendo gastos adicionales por períodos más largos.
La prolongación de la convivencia intergeneracional deja de ser solo una elección cultural y pasa a reflejar limitaciones económicas, dificultades de acceso a empleos formales y remuneraciones insuficientes para cubrir costos básicos de vivienda.
Un fenómeno que se repite en otros países
La situación brasileña encuentra paralelos en el exterior. En Estados Unidos, un estudio del U.S. Census Bureau apunta que 1 de cada 3 estadounidenses entre 18 y 34 años vive en casa de los padres, proporción que se ha mantenido elevada.
Joanne Hsu, investigadora de la Universidad de Michigan que estudia el tema, afirmó en entrevista a CNBC que el escenario está vinculado a una economía en recesión y a la mayor dificultad de los jóvenes para absorber choques económicos.
Según Hsu, se vuelve cada vez más difícil para los jóvenes adultos resistir a las presiones del mercado laboral, especialmente cuando enfrentan exigencias de experiencia previa o salarios incompatibles con el costo de vida.
Estos choques incluyen la dificultad de conseguir un primer empleo y la inestabilidad de los ingresos iniciales, factores que retrasan la autonomía financiera y la salida de la casa de los padres.
Europa enfrenta crisis similar entre jóvenes
En el Reino Unido, el panorama también es considerado crítico. Entre julio y septiembre de 2025, casi 1 millón de jóvenes británicos de 16 a 24 años fueron clasificados como ni-nis, es decir, que no estudiaban, no trabajaban y no estaban en entrenamiento, según la Oficina de Estadísticas Nacionales del país.
De este total, casi 600 mil no buscaban empleo activamente, evidenciando desengagement y dificultades estructurales de transición entre educación y trabajo. El escenario llevó al gobierno británico a lanzar una revisión independiente sobre la situación de los jóvenes.
Los empleadores británicos informan que muchos jóvenes no llegan “listos para el trabajo”, señalando lagunas de experiencia práctica y habilidades interpersonales, agravadas por el período de enseñanza remota y aislamiento social durante la pandemia.
Desafíos comunes y diferencias de contexto
Si bien los contextos económicos son distintos, Brasil, Estados Unidos y Reino Unido comparten elementos similares: dificultad de acceso al primer empleo, aumento de la competencia por puestos iniciales y remuneraciones que no acompañan el costo de vida.
En el caso brasileño, se suma a esto la persistente informalidad y la menor oferta de programas estructurados de transición escuela-trabajo, lo que limita la adquisición gradual de experiencia profesional.
Estos factores ayudan a explicar por qué, incluso en períodos de mejora general del mercado, los jóvenes siguen más expuestos al desempleo y la precariedad, creando un ciclo de dependencia familiar prolongada.
El peso emocional y financiero sobre los padres
Según Hsu, además de la preocupación por el futuro de los hijos, la permanencia prolongada en casa impone gastos extras a los padres, que frecuentemente no estaban preparados financieramente para este escenario tras el fin de la educación formal de los jóvenes.
En Brasil, donde la renta media de las familias es menor que en los países desarrollados, este impacto tiende a ser aún más sensible, afectando la planificación financiera, el consumo y el bienestar doméstico.
La combinación de desempleo juvenil elevado y bajos ingresos iniciales transforma a la familia en la principal red de protección, transfiriendo al ambiente doméstico una responsabilidad que antes era asumida más rápidamente por el mercado.
Desarrollo de habilidades como alternativa
Ante este escenario, muchas familias han buscado formas alternativas de complementar la educación formal de sus hijos para facilitar la entrada en el mercado laboral.
Según Hsu, los reclutadores valoran cada vez más las llamadas soft skills, competencias relacionadas con el comportamiento personal, como la inteligencia emocional, la comunicación, el trabajo en equipo y la proactividad.
Estas habilidades pueden ser entrenadas en la vida cotidiana del hogar o a través de iniciativas gratuitas ofrecidas por empresas y organizaciones, funcionando como diferencial en procesos selectivos iniciales.
Un desafío estructural y de largo plazo
Los datos indican que el desempleo juvenil en Brasil, aunque ha alcanzado un nivel históricamente bajo para el período, volvió a crecer y permanece muy por encima de la media nacional, con efectos directos sobre familias y trayectorias de vida.
La comparación internacional muestra que el problema no es aislado, sino que asume contornos específicos en el país, donde la informalidad, los bajos salarios y la menor oferta de oportunidades iniciales amplían el desafío.
Revertir este panorama exige estrategias que van más allá de la creación de puestos, involucrando formación práctica, desarrollo de habilidades comportamentales y mecanismos de transición más eficaces entre escuela y mercado, para reducir la dependencia prolongada y aumentar la autonomía de los jóvenes.

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