Tras prometer 250 mil camionetas por año, Tesla enfrenta el mayor colapso comercial de su historia: producción estancada, inventarios llenos y el propio Elon Musk recurriendo a SpaceX y a xAI para disfrazar el desastre financiero
Durante años, el Cybertruck fue presentado por Elon Musk como el símbolo de la revolución automotriz: una camioneta futurista, a prueba de balas y capaz de redefinir el mercado de vehículos eléctricos. Sin embargo, menos de dos años después del inicio de la producción, el proyecto se transformó en uno de los mayores fracasos de Tesla. Lo que era una promesa de innovación se convirtió en un problema logístico billonario — y ahora, el propio Musk necesitó buscar dentro de su imperio corporativo una forma de liquidar el inventario estancado.
La promesa que se convirtió en pesadilla industrial
Lanzado con la meta ambiciosa de 250 mil unidades por año, el Cybertruck apenas superó la marca de 20 mil vehículos producidos. Esto representa menos del 10% de la capacidad instalada en las líneas de montaje de Tesla. La discrepancia entre la promesa y la realidad generó un agujero gigantesco en las finanzas de la empresa, ya que los costos de operación continúan altos incluso con la producción reducida.
El problema se agravó cuando los patios comenzaron a llenarse de camionetas sin comprador. A pesar de campañas de marketing agresivas y descuentos puntuales, la demanda simplemente no siguió la oferta. En lugar de liquidar las unidades, la Tesla vio su inventario aumentar semana tras semana, transformando el modelo en un peso financiero cada vez más difícil de sostener.
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Según información divulgada por “noticiasautomotivas”, el fabricante automotriz comenzó a utilizar una estrategia interna para evitar el colapso total en las estadísticas de ventas.
La maniobra interna: venderse a sí mismo
De acuerdo con el portal, centenas — posiblemente miles — de Cybertrucks están siendo enviados a otras empresas del propio Elon Musk, como SpaceX y xAI, startup de inteligencia artificial creada recientemente. Camiones cargados del vehículo fueron vistos dirigiéndose a la base de SpaceX en Texas, donde las camionetas están siendo integradas a la flota de apoyo.
Wes Morrill, ingeniero jefe del proyecto Cybertruck, confirmó la maniobra e intentó justificar la operación como parte del “sueño original” del equipo: sustituir todos los vehículos de combustión de las empresas del grupo por modelos eléctricos. Aun así, analistas de mercado ven la acción como un intento claro de maquillar los números y evitar que el balance del cuarto trimestre revele la caída brusca en las ventas externas.
La maniobra contable plantea una incómoda duda: ¿existe realmente demanda por el Cybertruck fuera del ecosistema de Musk? En las redes sociales, el comentario más popular sobre el tema resume el sentimiento del público: “Si nadie quiere comprar tus productos, cómpralos tú mismo con otra de tus empresas y finge que todo está bien.”
El riesgo de una burbuja interna y la desconfianza de los inversores
Expertos creen que el movimiento está ligado al fin del crédito fiscal federal de US$ 7.500 para coches eléctricos, que finaliza en septiembre de 2025. Musk habría anticipado el impacto de este cambio, simulando una “demanda artificial” al transferir las camionetas a sus otras compañías y contabilizar estas entregas como ventas. Sin embargo, el trucaje puede salir caro: estas transacciones internas no generan ganancias reales, solo mueven capital dentro del propio grupo, creando una ilusión temporal de desempeño financiero.
A largo plazo, esto amenaza la credibilidad de Tesla ante inversores y accionistas, que esperan resultados sostenibles y no solo ajustes cosméticos en los informes. El mercado financiero observa con cautela la deterioración de la imagen de la empresa que, durante años, fue sinónimo de innovación y ganancias aceleradas.
El Cybertruck, antes presentado como la “revolución sobre ruedas”, se ha convertido en símbolo de un imperio que parece ahora luchar contra sí mismo para no admitir el fracaso.

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