Helicópteros de las Fuerzas Armadas comenzaron a actuar con helibaldes en el Pantanal, llevando agua a puntos remotos, apoyando a brigadistas y ampliando la respuesta contra incendios en áreas donde ríos, vegetación densa y accesos precarios dificultan el combate por tierra.
Helicópteros de las Fuerzas Armadas fueron utilizados en el Pantanal para lanzar agua sobre focos de incendio en áreas de difícil acceso, donde el desplazamiento de brigadistas por tierra puede ser lento o inviable.
La acción integró la Operación Pantanal II, activada el 27 de junio de 2024 por el Ministerio de Defensa para apoyar el combate al fuego en el bioma.
En las misiones, se utilizó el Bambi Bucket, equipo también conocido como helibalde, que permite transportar agua por vía aérea hasta áreas afectadas por el fuego.
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Suspendido por cables debajo de la aeronave, el reservorio flexible capta agua en ríos o lagos cercanos y permite el lanzamiento sobre la vegetación en puntos definidos por la coordinación de la operación.
Según el Ministerio de Defensa, helicópteros Pantera, del Ejército Brasileño, y Esquilo, de la Marina de Brasil, fueron empleados en este tipo de operación.
Durante el procedimiento, la aeronave se aproxima a la fuente de agua, abastece el reservorio suspendido, sigue hasta el foco indicado y realiza el lanzamiento con apoyo de la coordinación en tierra.
Cómo funciona el balde volador usado en el combate al fuego
Aunque el procedimiento involucra etapas repetidas de captación y lanzamiento de agua, la operación exige control de vuelo, comunicación entre equipos y evaluación constante de las condiciones en el lugar.
Durante el desplazamiento, el helibalde permanece sujeto a la aeronave, lo que obliga a la tripulación a controlar una carga suspendida sujeta al viento, al movimiento del vuelo y a las condiciones de visibilidad.
El Ministerio de Defensa informó que el Bambi Bucket permite verter hasta 700 litros de agua por lanzamiento, considerando el sistema usado en las misiones citadas.
Ya el Ejército detalló que el helibalde empleado por sus aeronaves transporta de 500 a 700 litros de agua, mientras que otras configuraciones pueden tener capacidad menor.
Este volumen actúa como refuerzo al trabajo de los brigadistas y amplía el alcance de la respuesta emergencial en lugares donde el acceso por tierra presenta limitaciones.
En áreas sin carretera, con vegetación densa o cercanas a cursos de agua, el helicóptero reduce el intervalo entre el abastecimiento y el lanzamiento de agua sobre el foco de incendio.
La flexibilidad operacional de los helicópteros permite actuar en puntos específicos, especialmente cuando la ubicación del foco exige desplazamientos cortos y sucesivos entre la fuente de agua y el área afectada.
A diferencia de los aviones de gran tamaño, estas aeronaves pueden operar en tramos más fragmentados del Pantanal, donde la geografía impone dificultades para desplazamientos terrestres y respuestas por medios convencionales.
Fuerzas Armadas lanzaron 1 millón de litros en el Pantanal
En un balance divulgado el 16 de agosto de 2024, el Ministerio de Defensa informó que las Fuerzas Armadas habían lanzado 1 millón de litros de agua en la región del Pantanal.
La operación contaba con 470 militares, 136 vehículos, 42 embarcaciones y ocho aeronaves, bajo la coordinación del Comando Operacional Conjunto.
Además de los lanzamientos de agua, la acción registró 130 misiones de reconocimiento por medios terrestre, aéreo y fluvial.
Con este mapeo, los equipos localizaron focos activos, definieron rutas de desplazamiento y orientaron el uso de las aeronaves en los puntos donde la descarga podría tener efecto inmediato.
En el aire, los helicópteros Pantera y Esquilo actuaron junto al KC-390 Millennium, de la Fuerza Aérea Brasileña.
El carguero fue equipado con el sistema MAFFS, sigla en inglés para Modular Airborne Fire Fighting System, capaz de descargar aproximadamente 12 mil litros de agua en áreas de incendio.
Por el sistema instalado en el KC-390, el agua es lanzada por tubos posicionados en la puerta trasera izquierda de la aeronave.
De acuerdo con el Ejército, el sistema puede descargar hasta 12 mil litros en siete segundos, característica indicada para acciones con mayor volumen en frentes amplias de fuego.
Por qué se usan helicópteros en el Pantanal
Incluso con aviones de mayor capacidad, los helicópteros tienen una función operacional diferente en el combate a los incendios.
Estas aeronaves actúan en puntos más cercanos, ajustan rutas con rapidez y apoyan áreas donde la precisión del lanzamiento puede ser más adecuada que el volumen descargado de una sola vez.
En el Pantanal, esta diferencia operacional se relaciona con las características del bioma, que reúne áreas inundables, ríos, propiedades distantes, vegetación sensible y tramos de difícil acceso.
Cuando el fuego avanza en este tipo de ambiente, la respuesta depende de logística, comunicación y capacidad de alcanzar lugares donde los equipos en tierra enfrentan limitaciones de desplazamiento.
La Operación Pantanal II también contó con una estructura de apoyo montada en tierra para organizar recursos, albergar equipos y mantener servicios esenciales durante las acciones de combate.
Una Base de Apoyo Logístico Jaguar fue instalada a las orillas de la Carretera Transpantaneira, con sala de situación, puestos médico y de radio, cocina de campaña, depósito, comedor, área de higiene y alojamiento para brigadistas.
De acuerdo con el Ministerio de Defensa, la base recibió además terminales transportables de comunicación por satélite, usados para proporcionar internet en una región donde la conectividad puede ser limitada.
Con este soporte, los equipos pudieron intercambiar información operacional, actualizar decisiones y mantener diferentes frentes integrados durante el combate a los incendios en el Pantanal.
Operación depende de coordinación en tierra, agua y aire
El uso del helibalde depende de una cadena de apoyo que involucra aeronaves, equipos terrestres, embarcaciones, vehículos, bases temporales y centros de coordinación.
En tierra, los equipos indican focos prioritarios, mientras que embarcaciones y vehículos apoyan desplazamientos, bases temporales organizan recursos y los centros de coordinación definen dónde el esfuerzo aéreo debe ser concentrado.
Esta integración busca reducir riesgos para brigadistas, comunidades cercanas y tripulantes durante las operaciones de lanzamiento de agua.
Antes de cada acción, los equipos necesitan evaluar viento, humo, posición de los profesionales en tierra y presencia de obstáculos, ya que el agua vertida a baja altitud debe alcanzar el objetivo sin comprometer la seguridad.
Las misiones divulgadas por las Fuerzas Armadas muestran que el combate a incendios en grandes áreas naturales involucra más que la presencia de brigadistas en la línea de frente.
En regiones extensas y aisladas, aviones, helicópteros, embarcaciones, vehículos, sistemas de comunicación y bases móviles integran la misma estructura de respuesta emergencial.
En el caso de los helicópteros con Bambi Bucket, la operación con el “balde volador” corresponde a una etapa visible de un proceso más amplio.
Cada lanzamiento depende de reconocimiento del terreno, elección de fuente de agua, cálculo de ruta, comunicación con equipos en tierra y evaluación constante de las condiciones del incendio.

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