En el desierto de Aqaba, la tecnología agrícola combina agua salada, energía solar y desalinización para cultivar vegetales en una de las regiones más áridas del planeta, mostrando cómo recursos extremos pueden sustentar producción de alimentos, agua dulce y áreas verdes en ambiente controlado.
En el desierto de Aqaba, en el sur de Jordania, el Sahara Forest Project utiliza agua salada, energía solar, desalinización e invernaderos enfriados por evaporación para cultivar vegetales en una región donde la agricultura convencional enfrenta calor extremo, suelo seco y poca agua dulce disponible.
La instalación funciona como una unidad de demostración, según la organización responsable del proyecto, y no como sustituto inmediato de la producción agrícola a gran escala en regiones áridas.
El proyecto fue inaugurado el 7 de septiembre de 2017, bajo el patrocinio del rey Abdullah II, de Jordania, y del entonces príncipe heredero Haakon, de Noruega, según información divulgada por el Sahara Forest Project.
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La estación se encuentra fuera de la ciudad portuaria de Aqaba, cerca del Mar Rojo, ubicación relevante para un sistema que depende del uso controlado de agua salada en parte de sus procesos.
De acuerdo con el Sahara Forest Project, la propuesta es aprovechar recursos abundantes en ambientes desérticos, como sol intenso, áreas secas y agua salina, para producir alimentos, agua dulce, energía limpia y vegetación.
En este modelo, la salinidad deja de ser tratada solo como obstáculo operativo y pasa a integrar etapas de enfriamiento, desalinización, cultivo protegido y aprovechamiento de subproductos.
Cómo funciona la granja en el desierto de Aqaba
La estación de Aqaba ocupa 3 hectáreas, área equivalente a cerca de cuatro campos de fútbol, y reúne dos invernaderos con 1.350 metros cuadrados destinados al cultivo protegido.
Además de los invernaderos, el complejo incluye 3.200 metros cuadrados de plantío externo, paneles fotovoltaicos, una unidad de producción de agua dulce y tanques usados para producción de sal.
En los invernaderos, el agua salada ayuda a enfriar y humedecer el aire por evaporación, creando un microclima más adecuado para el desarrollo de las plantas cultivadas en el lugar.
Este proceso reduce el impacto del calor sobre los cultivos y disminuye la dependencia de sistemas convencionales de refrigeración, que pueden aumentar costos y consumo de energía en ambientes desérticos.
El agua dulce usada en la irrigación viene de una unidad de desalinización por ósmosis inversa, tecnología que separa sales e impurezas del agua salada antes del uso agrícola.
En el arreglo descrito por el proyecto, la energía solar y la infraestructura de cultivo protegido operan de forma integrada, permitiendo que diferentes etapas del sistema se conecten dentro de la estación.
Los datos técnicos divulgados por Sahara Forest Project indican capacidad de producir hasta 130 mil kilos de vegetales por año y hasta 20 mil litros de agua dulce por día.
La unidad también cuenta con 39 kW de capacidad instalada en paneles fotovoltaicos, utilizados para generar electricidad dentro de la propia estación agrícola en Aqaba.
Fuera de los invernaderos, el proyecto también prueba cultivo externo y revegetación con especies adaptadas a condiciones secas y salinas, ampliando la propuesta más allá de la horticultura protegida.
Según la organización, la iniciativa busca demostrar cómo flujos de agua, energía y biomasa pueden ser combinados en áreas donde la disponibilidad hídrica limita la agricultura convencional.
Agua salada y energía solar contra la escasez hídrica
La presencia del proyecto en Jordania está relacionada al contexto hídrico del país, señalado por organismos internacionales como uno de los más presionados por la escasez de agua.
El Banco Mundial afirma que Jordania está entre los países con mayor escasez hídrica y registra disponibilidad anual de solo 97 metros cúbicos por persona.
Este volumen está por debajo del límite de escasez absoluta de 500 metros cúbicos por persona al año, usado como referencia internacional para evaluar presión sobre recursos hídricos.
UNICEF también clasifica a Jordania entre los países más escasos en agua y cita la Estrategia Nacional de Agua 2023–2040 como referencia para el diagnóstico del sector.
Según el organismo, cada persona en el país tiene acceso a cerca de 61 metros cúbicos de agua renovable por año, en un escenario marcado por clima árido, crecimiento poblacional y cambios climáticos.
En este contexto, el uso de agua del Mar Rojo para enfriamiento, desalinización y producción agrícola reduce la dependencia directa de fuentes tradicionales de agua dulce dentro de la instalación.
Aun así, el modelo exige condiciones específicas, como proximidad al mar, infraestructura técnica, energía disponible y manejo adecuado de los residuos salinos generados a lo largo del proceso.
Producción de vegetales en ambiente extremo
El proyecto tiene carácter experimental y, por eso, sus resultados necesitan ser leídos como demostración tecnológica en escala controlada, no como solución agrícola universal para todos los desiertos.
La estación muestra que es posible producir alimentos en ambientes de alta aridez, pero no elimina desafíos económicos, logísticos y ambientales asociados a la replicación de este tipo de estructura a gran escala.
El propio diseño del Sahara Forest Project presenta la tecnología como una combinación adaptable, dependiente de las condiciones locales y de la integración entre agua salada, energía solar y cultivo protegido.
Un reportaje del Jordan Times informó, en mayo de 2022, que el proyecto había producido 220 toneladas de vegetales durante su fase de demostración.
El dato indica que la instalación pasó de la etapa de vitrina tecnológica a una operación agrícola real, aunque permanece en escala controlada y dependiente de seguimiento técnico.
La presencia de invernaderos, áreas verdes y paneles solares en un paisaje árido convirtió el proyecto en una referencia visual en debates sobre agricultura en regiones secas.
En Aqaba, sin embargo, no se trata de un bosque natural surgiendo espontáneamente en el desierto, sino de una infraestructura planificada para transformar calor, salinidad y insolación en componentes productivos.
La experiencia jordana presenta una alternativa para regiones áridas cercanas al mar, especialmente en países sometidos a la escasez hídrica y a la necesidad de ampliar la producción local de alimentos.
El alcance del modelo depende menos de una solución aislada y más de la integración entre desalinización, energía renovable, cultivo protegido, reutilización de recursos y adaptación al territorio.

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