Entienda la decisión de la 2ª Vara Cível de Samambaia, que reconoció daños morales tras ruidos en condominio afectar a adolescente con trastorno del espectro autista.
Una decisión judicial llamó la atención en el Distrito Federal al tratar de ruidos en condominio y sus impactos sobre una familia con adolescente autista. El juez Edson Lima Costa, de la 2ª Vara Cível de Samambaia/DF, condenó a un residente a cesar ruidos excesivos y a pagar R$ 19 mil de indemnización por daños morales.
El magistrado concluyó que los ruidos agravaron el cuadro clínico del adolescente con trastorno del espectro autista y también afectaron a los demás familiares. Además, la sentencia impuso multa en caso de que nuevos sonidos superen los límites definidos por la Justicia.
Conozca el caso de los ruidos en el condominio
La familia relató vivir desde hace más de nueve años en el condominio sin problemas relevantes de convivencia. Sin embargo, la situación cambió después de que el vecino comenzó a ocupar el apartamento ubicado inmediatamente arriba.
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Según los residentes, comenzaron ruidos como arrastres de muebles, caídas de objetos, golpes de puertas y descargas durante la madrugada. El adolescente tenía diagnóstico de trastorno del espectro autista, déficit cognitivo, alteraciones conductuales y déficit del procesamiento auditivo.
Con la exposición a los ruidos, comenzó a presentar agitación, irritabilidad, ansiedad y heteroagresividad. La madre informó empeoramiento emocional y necesidad de tratamiento psiquiátrico.
Antes de recurrir a la Justicia, la familia afirmó haber intentado conversar con el vecino. También entregó una notificación sobre los horarios de silencio del condominio. Aun así, según lo relatado en la acción, los ruidos continuaron.
Por eso, los familiares pidieron la interrupción de los ruidos por encima de los límites permitidos e indemnización por daños morales.
Por qué la Justicia responsabilizó al vecino
En su defensa, el residente negó responsabilidad por los ruidos. Alegó que su rutina no coincidía con los horarios señalados por la familia. También afirmó que el edificio podría tener fallas de aislamiento acústico.
Además, sostuvo que los sonidos podrían provenir de la estructura del edificio, de la calle o de inmuebles cercanos. Sin embargo, el juez entendió que esas explicaciones no tenían comprobación.
Durante el proceso, el magistrado determinó una pericia de ingeniería acústica para identificar el origen de los ruidos. No obstante, el procedimiento no se llevó a cabo porque el acusado no depositó su parte de los honorarios.
Así, el juez consideró que el propio residente hizo inviable la producción de la prueba. En el análisis del caso, consideró un informe técnico particular, notificaciones del condominio y mediciones superiores a 80 decibelios.
También observó la coincidencia entre el inicio de los ruidos y el cambio del vecino al inmueble.
Indemnización, límites de ruido y multa por incumplimiento
En la sentencia, el juez determinó que el residente deje de producir ruidos capaces de perturbar la tranquilidad de la familia. Entre las 22h y las 6h, no podrá emitir sonidos por encima de 45 decibelios.
Durante el día, el límite se fijó en 50 decibelios. En caso de incumplir la decisión de forma comprobada, el vecino pagará una multa de R$ 500 por ocurrencia, limitada a R$ 50 mil.
En cuanto a los daños morales, la Justicia dividió la indemnización entre los familiares. El adolescente recibirá R$ 7 mil. La madre también recibirá R$ 7 mil, debido a los impactos emocionales relatados en el proceso. El padre recibirá R$ 5 mil.
Al fundamentar la decisión, el juez destacó que los informes médicos comprobaron la gravedad de los efectos sonoros sobre el adolescente. Según la sentencia, para él, los daños causados por los ruidos representaron “verdadera tortura” y generaron un perjuicio médico significativo.
