La recuperación de la Caatinga entró en el centro de las políticas ambientales para el Semiárido, con convocatorias, metas federales y alertas sobre áreas vulnerables a la desertificación en el Nordeste y en Rio Grande do Norte.
La desertificación en el Semiárido brasileño presiona a gobiernos, instituciones financieras, investigadores y comunidades rurales a ampliar acciones de recuperación de la Caatinga, bioma predominante en una parte significativa del Nordeste.
El tema pasó a integrar nuevas líneas de financiamiento y de política pública, entre ellas el Programa Recaatingar, del Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático, y la convocatoria del Banco do Nordeste de R$ 15 millones para proyectos de recuperación ambiental y uso sostenible del bioma.
En Rio Grande do Norte, la situación exige atención principalmente en el Seridó, región incluida en los estudios sobre núcleos de desertificación en el país.
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El territorio reúne condiciones ambientales sensibles, como suelos poco profundos y baja disponibilidad hídrica, además de un historial de presión sobre la vegetación nativa, según publicación del Instituto Nacional del Semiárido.
Caatinga en el Semiárido brasileño
El Semiárido brasileño se extiende por los nueve estados del Nordeste y por el norte de Minas Gerais.
De acuerdo con el Instituto Nacional del Semiárido, la región ocupa cerca del 12% del territorio nacional y alberga aproximadamente 28 millones de habitantes, distribuidos entre áreas urbanas y rurales.
La Caatinga, predominante en este territorio, es el único bioma exclusivamente brasileño.
Aunque presenta apariencia seca durante parte del año, reúne especies vegetales y animales adaptadas a la irregularidad de las lluvias y a las condiciones climáticas del Semiárido.
Según el INSA, el Semiárido posee más de 11 mil especies vegetales catalogadas.
La conservación del bioma está relacionada con la protección del suelo, la seguridad hídrica, el mantenimiento de la biodiversidad y la permanencia de actividades económicas rurales.
Agricultores familiares, pueblos indígenas, comunidades quilombolas, extractivistas, pescadores artesanales, fondos y cierres de pasto y otros pueblos y comunidades tradicionales utilizan recursos de la Caatinga para alimentación, producción, cría de animales, uso medicinal de plantas y generación de ingresos.
Desertificación y degradación del suelo
La desertificación se caracteriza por la degradación de la tierra en regiones áridas, semiáridas y subhúmedas secas.
En el Semiárido, el proceso está asociado a la combinación entre cambios climáticos, sequías prolongadas y formas inadecuadas de uso del suelo, como deforestación, quemas, sobrepastoreo, manejo agrícola sin conservación y explotación intensiva de recursos naturales.
Según el INSA, el 85% del Semiárido brasileño está en proceso de desertificación moderado y el 9% ya se encuentra efectivamente desertificado.
Estos datos indican la extensión del problema y ayudan a explicar por qué la recuperación de la vegetación nativa ha pasado a ocupar un espacio mayor en las políticas ambientales dirigidas al Nordeste.
Cuando la cobertura vegetal es removida, el suelo queda más expuesto a la erosión, pierde materia orgánica y reduce la capacidad de infiltración del agua de lluvia.
Con esto, áreas antes usadas para agricultura y ganadería pueden perder productividad, mientras que manantiales, pequeños cursos de agua y reservorios se vuelven más vulnerables a los efectos de la sequía.
El Ministerio de Medio Ambiente informa que las Áreas Susceptibles a la Desertificación en Brasil abarcan el trópico semiárido, áreas subhúmedas secas y áreas circundantes.
Basado en el Atlas de las Áreas Susceptibles a la Desertificación, el organismo señala que esta región ocupa cerca de 1,34 millones de km² y afecta directamente a cerca de 30 millones de personas.
Núcleos de desertificación en el Nordeste
Los núcleos históricamente más citados en estudios y políticas públicas en el país son Gilbués, en Piauí; Irauçuba, en Ceará; Seridó, en Río Grande del Norte y en Paraíba; y Cabrobó, en Pernambuco.
Estos territorios han pasado a ser usados como referencia para el monitoreo de la degradación ambiental en el Semiárido.
En Irauçuba, en el oeste de Ceará, la degradación está ligada a características naturales del suelo y al uso intenso de la tierra, con erosión y pérdida gradual de la profundidad del suelo.
En Gilbués, en el sur de Piauí, la erosión tiene un peso relevante en la formación de grandes áreas degradadas, en un proceso influenciado por factores naturales y por la ocupación humana.
En el núcleo de Cabrobó, en el Sertão pernambucano, la desertificación involucra municipios como Cabrobó, Orocó, Santa Maria da Boa Vista, Belém do São Francisco, Salgueiro, Parnamirim, Itacuruba, Petrolina, Afrânio, Ouricuri, Araripina y Floresta.
Estudios del INSA asocian el proceso, en esta área, a condiciones climáticas, características de los suelos y formas de ocupación y uso de la tierra.
Seridó y desertificación en Río Grande del Norte
En Río Grande del Norte, el núcleo del Seridó aparece entre las áreas más monitoreadas en estudios sobre desertificación.
El área incluye municipios como Currais Novos, Cruzeta, Equador, Carnaúba dos Dantas, Acari, Parelhas, Caicó, Jardim do Seridó, Ouro Branco y Santana do Seridó, además de localidades de Paraíba.
La publicación del INSA relaciona la degradación en el Seridó a una combinación de factores naturales y antrópicos.
Entre ellos están la baja e irregular precipitación, la presencia de suelos poco profundos y pedregosos, el relieve accidentado, la tala de vegetación para leña, el uso en la industria ceramista y la ganadería extensiva.
Estas actividades, cuando se realizan sin manejo adecuado, reducen la protección natural del suelo, amplían la erosión y dificultan la regeneración de la vegetación nativa.
En el caso potiguar, la recuperación de la Caatinga tiene relación directa con la agricultura familiar, la ganadería, la disponibilidad de agua, las actividades económicas del interior y la adaptación de las comunidades rurales a las sequías.
Programa Recaatingar y meta hasta 2045
El Ministerio del Medio Ambiente y Cambio Climático instituyó, el 11 de junio de 2026, el Programa Recaatingar, enfocado en la recuperación socioproductiva de áreas degradadas de la Caatinga.
La meta anunciada por el gobierno federal es recuperar 10 millones de hectáreas hasta 2045, con acciones relacionadas con la conservación de la biodiversidad, la adaptación climática, la seguridad hídrica y alimentaria y la generación de ingresos en el Semiárido.
El programa reúne acciones de conservación del suelo, producción de alimentos, recuperación de fuentes naturales de agua y recomposición de la biodiversidad.
Según el MMA, la estrategia involucra a agricultores familiares, pueblos y comunidades tradicionales, organizaciones sociales e instituciones que actúan en los territorios de la Caatinga.
La iniciativa también se conecta al Plan de Acción Brasileño de Combate a la Desertificación 2025–2045 y a la Política Nacional de Combate a la Desertificación.
Entre los marcos legales citados por el MMA están la Ley nº 13.153/2015, que instituyó la política nacional sobre el tema, y la Portaría GM/MMA nº 1.700/2026, que reglamenta el Recaatingar.
Convocatorias para la recuperación de la Caatinga
El Banco del Nordeste lanzó la Convocatoria Fondo Sostenibilidad 01/2025, por un valor de R$ 15 millones, para apoyar proyectos de recuperación ambiental y uso sostenible de la Caatinga.
La convocatoria está destinada a instituciones públicas y privadas sin fines de lucro del área de actuación del banco, con ejecución exclusiva en el Semiárido brasileño.
Según las reglas de la convocatoria, los proyectos deben combinar recuperación ambiental y uso sostenible del bioma, con acciones dirigidas a la restauración, al combate a la deforestación, al enfrentamiento de la desertificación, a la preservación de la biodiversidad y a la generación de ocupación e ingresos.
La ejecución prevista es de 24 a 36 meses, tras la formalización de los convenios con las instituciones seleccionadas.
Otra fuente de financiamiento fue anunciada por el gobierno federal en junio de 2026, con un edital de R$ 60 millones ligado al Recaatingar.
Los recursos involucran el Fondo Amazonía, el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social y el Banco del Nordeste, según el Ministerio de Medio Ambiente.
En Rio Grande do Norte, las convocatorias pueden beneficiar a universidades, institutos de investigación, asociaciones, cooperativas y organizaciones sociales con proyectos enfocados en la restauración ecológica, sistemas agroforestales, recuperación de manantiales, tecnologías sociales y producción adaptada al Semiárido.
La selección de los proyectos, sin embargo, depende de las reglas de cada edital y de la aprobación de las propuestas presentadas por las instituciones.
La respuesta a la desertificación involucra recuperación de áreas degradadas, financiamiento, investigación aplicada, asistencia técnica, fiscalización ambiental y participación de las comunidades que viven en el territorio.
