El musgo P. patens sobrevivió nueve meses en el exterior de la ISS y más del 80% de las esporas germinaron en la Tierra, revelando una resistencia extrema que puede ayudar a crear ecosistemas fuera del planeta
Un grupo internacional de biólogos logró algo inesperado al colocar muestras de musgo en la parte exterior de la Estación Espacial Internacional durante casi un año. Las esporas estuvieron expuestas al vacío espacial, a la radiación ultravioleta y a variaciones térmicas bruscas, condiciones que normalmente destruyen rápidamente la mayor parte de las formas de vida terrestre.
Aun así, cuando regresaron a la Tierra, más del 80 por ciento de ellas continuaron reproduciéndose normalmente, un resultado que abre nuevas puertas para entender cómo organismos simples soportan ambientes extremos fuera de nuestro planeta.
El descubrimiento, publicado en la revista iScience, refuerza la idea de que ciertas plantas primitivas poseen mecanismos de defensa sorprendentemente robustos, capaces de resistir agresiones físicas y químicas similares a las del espacio profundo.
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Según los investigadores, esta resistencia puede haber sido decisiva en los primeros millones de años de la vida terrestre, cuando las plantas comenzaron a ocupar ambientes áridos, fríos y totalmente expuestos a la radiación solar.

Por qué este musgo es tan resistente
El experimento utilizó Physcomitrium patens, una especie de musgo conocida por prosperar donde otras plantas no sobreviven, desde picos helados del Himalaya hasta áreas extremadamente calurosas y secas como el Valle de la Muerte, en California.
Para entender cómo se comporta en condiciones extremas, los científicos analizaron diferentes tipos de células del musgo antes de enviarlo al espacio, concentrándose especialmente en los esporófitos, estructuras que albergan las esporas reproductivas.
Las pruebas iniciales en laboratorio ya habían mostrado que los esporófitos soportaban mejor la radiación ultravioleta, el frío intenso y el calor extremo. Por eso, el grupo decidió colocarlos en una plataforma externa instalada en el módulo japonés Kibo de la ISS. Allí, las muestras permanecieron durante nueve meses expuestas directamente al ambiente espacial, sin ninguna protección adicional.
Cuando regresaron a la Tierra, los resultados sorprendieron incluso a los investigadores más experimentados. De acuerdo con Tomomichi Fujita, profesor de biología vegetal de la Universidad de Hokkaido y autor principal del estudio, la mayoría de las esporas germinó normalmente.
Con base en estos datos, su equipo desarrolló un modelo sugiriendo que estas esporas podrían sobrevivir en el espacio hasta 5600 días, lo equivalente a unos 15 años.

Lo que los resultados significan para la biología espacial
Después de analizar las muestras, los científicos concluyeron que factores como microgravedad, ausencia de presión atmosférica y cambios violentos de temperatura tuvieron un impacto limitado en el musgo.
El único elemento realmente perjudicial fue la exposición directa a ciertas bandas de luz ultravioleta, que redujeron de forma significativa la cantidad de pigmentos esenciales para la fotosíntesis, como la clorofila a. Aun así, incluso las muestras afectadas por la radiación lograron recuperarse y volver a crecer en condiciones controladas.
Este nivel de resistencia supera el observado en otras plantas sometidas a pruebas espaciales. Para Fujita, el secreto radica en la capa gruesa y esponjosa que rodea las esporas, funcionando como un escudo natural contra la deshidratación y la radiación. Según él, esta característica probablemente surgió muy temprano en la evolución de las plantas terrestres y puede haber sido esencial para que los primeros musgos pudieran ocupar ambientes extremos.
Aunque el experimento se centró en una única especie, los resultados abren camino para estudios aún más amplios. Si organismos tan simples pueden soportar condiciones extremas fuera de la Tierra, es posible imaginar proyectos biológicos más ambiciosos en estaciones espaciales, bases lunares o incluso futuras misiones a Marte.
Para los autores del estudio, el desempeño del musgo representa un primer paso concreto para la creación de pequeños ecosistemas resistentes capaces de funcionar más allá de nuestro planeta.

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