El tiburón de Groenlandia sobrevive cuatro siglos en los mares helados del Ártico y guarda en su ADN un secreto que la medicina moderna quiere descifrar
Mientras imperios nacían y desaparecían, guerras redibujaban fronteras y la humanidad inventaba la electricidad, un animal seguía nadando lentamente en las aguas oscuras del Ártico.
El tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus) es el vertebrado con mayor longevidad conocida por la ciencia.
Según un estudio publicado en Nature Communications el 5 de enero de 2026, este depredador de los mares helados puede vivir alrededor de 400 años.
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El ejemplar más viejo ya analizado tenía aproximadamente 392 años, con un margen de error de 120 años más o menos.
Esto significa que este tiburón de Groenlandia nació alrededor de 1627, en la misma época en que Galileo Galilei observaba Júpiter y Brasil aún pertenecía a la Corona Portuguesa.
Un genoma dos veces mayor que el humano esconde la respuesta a la longevidad extrema del tiburón de Groenlandia
Los investigadores descubrieron que el genoma de este animal tiene el doble del tamaño del genoma humano.
Además, más del 70% de este material genético está compuesto por «genes saltarines».
Estos segmentos móviles de ADN pueden alterar la forma en que los genes se expresan y evolucionan a lo largo del tiempo.
Sin embargo, el dato más impresionante se encuentra en una red de 81 genes exclusivos dedicados a la reparación del ADN.
Esta estructura genética permite que las células del tiburón de Groenlandia se recuperen de daños con una eficiencia que ningún otro vertebrado conocido posee.

El gen TP53 modificado explica por qué el tiburón de Groenlandia casi nunca desarrolla cáncer
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio involucra al gen TP53, considerado el «guardián del genoma» por su papel en la supresión de tumores.
El tiburón de Groenlandia porta una versión alterada de este gen.
Esta modificación puede explicar la baja incidencia de cáncer en el animal, a pesar de su edad extrema.
Expertos comparan el caso con el del elefante, que también presenta múltiples copias del TP53 y tasas reducidas de neoplasias.
Sin embargo, el tiburón va más allá: combina el TP53 modificado con la red de 81 genes exclusivos de reparación.
De esta forma, sus células logran identificar y corregir mutaciones antes de que se transformen en tumores.
Según la investigadora Skowronska-Krawczyk, líder del estudio, «los descubrimientos pueden tener implicaciones en la salud humana, abriendo camino a nuevos enfoques en el combate a la pérdida de visión relacionada con la edad y en la erradicación de enfermedades oculares como la degeneración macular y el glaucoma».
Con hasta 7 metros y 1,5 toneladas, el tiburón de Groenlandia domina las profundidades del Ártico
Además de su longevidad extraordinaria, el tiburón de Groenlandia impresiona por su tamaño.
Los ejemplares miden entre 2,4 y 4,3 metros, pero los registros señalan individuos de hasta 6 a 7 metros.
El peso puede superar 1,5 toneladas, convirtiéndolo en uno de los mayores depredadores de los océanos.
Aun así, este gigante se mueve con extrema lentitud por las aguas oscuras y heladas.
Por ello, su dieta depende más de carroña, incluyendo restos de osos polares, que de cacerías activas.
- Longitud: 2,4 a 7 metros
- Peso: hasta 1,5 toneladas
- Longevidad: media de 400 años (rango 250-500)
- Edad reproductiva: aproximadamente 150 años
- Genoma: doble del humano, con 81 genes exclusivos de reparación
La especie fue descrita científicamente por primera vez en 1801 por Bloch y Schneider.
Desde entonces, los investigadores intentan entender cómo este animal sobrevive tanto tiempo en condiciones tan extremas.

Contrariando décadas de creencia, el tiburón de Groenlandia ve incluso después de siglos de vida
Durante muchos años, los científicos creían que el tiburón de Groenlandia era prácticamente ciego.
Parásitos frecuentemente encontrados en los ojos reforzaban esta hipótesis.
Sin embargo, el estudio de 2026 derribó esta creencia al demostrar que la retina del animal permanece funcional incluso después de más de 100 años.
La investigación identificó la presencia de rodopsina activa, una proteína sensible a la luz azul, en los ojos de ejemplares centenarios.
Las muestras provinieron de tiburones capturados entre 2020 y 2024 en la Estación Ártica de la Universidad de Copenhague, ubicada en la Isla Disko, en Groenlandia.
Así como otros descubrimientos recientes sobre la estructura interna de la Tierra que desafía a la ciencia, el tiburón de Groenlandia revela que la naturaleza guarda secretos mucho más complejos de lo que la ciencia imaginaba.
De Groenlandia a los hospitales: cómo el tiburón puede ayudar a combatir el cáncer en humanos
El interés científico va mucho más allá de la curiosidad zoológica.
Comprender cómo el tiburón de Groenlandia mantiene sus células sanas durante cuatro siglos puede abrir puertas a nuevas terapias contra el cáncer y enfermedades degenerativas.
La versión modificada del gen TP53, combinada con la red de reparación celular, ofrece un modelo natural de resistencia a tumores.
Si los científicos logran replicar o adaptar estos mecanismos, el impacto en la oncología sería transformador.
Además del cáncer, la investigación también puede beneficiar el tratamiento de enfermedades oculares ligadas al envejecimiento.
La degeneración macular y el glaucoma afectan a millones de personas en el mundo.
Por lo tanto, la retina funcional del tiburón centenario ofrece pistas sobre cómo retrasar o prevenir estas condiciones.
Otros descubrimientos recientes, como las formaciones rocosas milenarias encontradas bajo los Apalaches, muestran que la ciencia continúa revelando secretos de seres y estructuras que resisten al tiempo de formas inimaginables.

Lo que aún necesita ser confirmado sobre la longevidad del tiburón de Groenlandia
A pesar de los resultados prometedores, el estudio presenta limitaciones importantes.
El margen de error en las estimaciones de edad es de 120 años más o menos.
Por lo tanto, el tiburón más viejo puede tener entre 272 y 512 años, haciendo de la marca de 400 años una proyección máxima.
Los análisis se basaron en capturas recientes, realizadas entre 2020 y 2024, sin datos longitudinales completos.
La red de 81 genes exclusivos de reparación permanece como hipótesis evolutiva, no como causa comprobada de la longevidad.
Aun así, los investigadores advierten que los genes saltarines, que componen el 70% del genoma, podrían causar inestabilidad genética.
El hecho de que el animal neutralice este riesgo con eficiencia hace que el caso sea aún más intrigante para la ciencia.
En 2022, un registro atípico de un tiburón de Groenlandia en Belice, a 7.000 kilómetros del Ártico, también sorprendió a los especialistas.
Sin embargo, esta ocurrencia es considerada una excepción, y no un cambio en el patrón de distribución de la especie.
La Superinteressante detalló el descubrimiento sobre la visión, mientras que la National Geographic Brasil contextualizó la longevidad del animal entre los vertebrados.
La CNN Brasil también destacó las implicaciones del estudio para la medicina humana.

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