Inspirado en inventos del siglo XIX, el Aerothrust atravesó generaciones y hoy impulsa desde kayaks modernos hasta soluciones de movilidad urbana
El Aerothrust es un ejemplo notable de cómo la tecnología puede atravesar generaciones y aún mantener relevancia. Inspirado por experimentos antiguos y mejorado con base en motores de combustión, este sistema de propulsión marcó presencia en diversos campos, desde el transporte personal hasta el uso militar.
Todo comenzó con los motores de combustión. Según registros del Musée du Moteur, el primer modelo surgió por alrededor de la segunda mitad del siglo XVII.
Pero el gran salto ocurrió en 1876, cuando el alemán Nicholaus Otto desarrolló el primer motor destinado a automóviles.
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Esta invención revolucionó la movilidad y también abrió camino para otras tecnologías innovadoras, como el propio Aerothrust.
El Aerothrust combina un motor de combustión interna con una hélice. Este sistema fue un éxito comercial en el siglo XIX, principalmente en los Estados Unidos. Y su impacto se puede sentir hasta hoy, especialmente en áreas como la defensa.
Influencia de Alexander Graham Bell
Una de las influencias en la creación del Aerothrust fue el hovercraft de Alexander Graham Bell, conocido como Patito Feo.
Bell, también famoso por inventar el teléfono, desarrolló este vehículo en 1905. El Patito Feo fue usado como barco de suministros durante pruebas de la Aerial Experiment Association.
En 1910, la idea de propulsión a hélice despertó interés. Pero solo una empresa americana logró transformar el concepto en un producto vendible.
Así surgió el Aerothrust. Estaba equipado con un motor monocilíndrico de dos tiempos y una hélice. Vendido por US$ 50, podía ser instalado en canoas, trineos, botes de remo e incluso bicicletas. Era accesible y práctico.
Uso Civil y Militar
El éxito del Aerothrust entre navegantes fue inmediato. Canoas y botes de remo ganaron más velocidad y eficiencia.
Pero el sistema también llamó la atención de las fuerzas armadas. Durante la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña utilizó lanchas blindadas movidas a hélice para patrullas en los ríos Tigris y Éufrates.
En Rusia, la tecnología también evolucionó. Allí se desarrolló el mayor hidrofólio del mundo, el barco clase Zubr.
El Aerothrust también inspiró el Tupolev A-3, un vehículo anfibio creado para rescatar cosmonautas. Luego, pasó a transportar personas y cargas en regiones con clima extremo.
Aún después de más de un siglo, los sistemas de propulsión a hélice siguen en uso. Hoy, aparecen en hovercrafts, vehículos militares, kayaks y bicicletas.
Un ejemplo moderno son los Thrustpacs, usados por atletas en actividades como ciclismo o remo.
Ya la empresa británica Dream Propulsion ofrece hélices para parapentes y surfistas. Sus equipos son capaces de generar vientos de hasta 322 km/h.
La propuesta va más allá del ocio. Gracias a los motores eléctricos y a los avances en la producción, la tecnología de hélice puede convertirse en una solución sostenible para el transporte urbano.
Bicicletas equipadas con este sistema prometen facilitar la movilidad en las ciudades. Y todo esto comenzó con una simple idea movida a hélice.
Con información de Neo Zone.
