Sistema nervioso distribuido en los tentáculos ayuda a los pulpos a tocar, sentir, explorar y reaccionar al ambiente marino con precisión impresionante
La ciencia ya sabía que los pulpos estaban entre los animales marinos más inteligentes. Un descubrimiento publicado en enero de 2025, en la revista Nature Communications, reveló un detalle aún más sorprendente: los brazos de estos cefalópodos poseen un sistema nervioso segmentado, directamente ligado a las ventosas.
Investigadores de la Universidad de Chicago señalaron que los tentáculos de los pulpos no funcionan solo como extensiones del cuerpo. Estas estructuras actúan como áreas altamente sensibles, capaces de procesar estímulos y ejecutar movimientos con gran autonomía.
El descubrimiento no significa que cada tentáculo tenga un cerebro completo. Aun así, confirma que los brazos poseen circuitos nerviosos locales, responsables de controlar detalles prácticos de los movimientos. De esta forma, el cerebro central define objetivos generales, mientras los tentáculos ajustan la acción en el ambiente.
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División neurológica revela control preciso de los brazos
La investigación anatómica mostró que el gran cordón nervioso de cada brazo no presenta una estructura uniforme. En la práctica, está formado por módulos repetidos, alineados con las ventosas.
Este cordón recorre el interior del brazo en curvas organizadas. Con esto, cada parte del tentáculo puede participar en el control motor con más precisión.
Los principales elementos observados por los científicos incluyen:
• Módulos conectados, que siguen el interior del brazo.
• Tabiques funcionales, ligados al envío de comandos musculares.
• Divisiones repetidas, asociadas a las ventosas.
• Control local, que reduce la dependencia del cerebro central.
Esta configuración ayuda al pulpo a mover brazos flexibles, sin huesos y llenos de sensores. Por lo tanto, el animal puede explorar grietas, tocar superficies y reaccionar rápidamente en el fondo del mar.
Ventosas funcionan como sensores químicos y mecánicos

Otro punto central del descubrimiento involucra las ventosas de los pulpos. No solo sirven para sujetar objetos o capturar presas.
En la práctica, las ventosas funcionan como receptores químicos y mecánicos. Así, el animal puede tocar, sentir y reconocer objetos casi al mismo tiempo.
La integración entre ventosas y cordón nervioso crea una especie de mapa sensorial en los brazos. De esta manera, cada contacto con el ambiente puede generar respuestas rápidas y localizadas.
Esta capacidad explica por qué los pulpos pueden interactuar con tanta precisión en ambientes complejos. Al fin y al cabo, exploran el mundo no solo con los ojos, sino también con sus propios tentáculos.
Inteligencia distribuida no significa varios cerebros completos
La idea de que los pulpos poseen “cerebros” en los tentáculos es una simplificación. Lo que existe, de hecho, es una inteligencia distribuida por el cuerpo.
Mientras el cerebro central comanda objetivos generales, los circuitos locales de los brazos resuelven detalles de los movimientos. Por lo tanto, los tentáculos ayudan a ejecutar tareas sin esperar cada comando central.
Esta división hace que el comportamiento del pulpo sea más eficiente. También permite respuestas rápidas durante la caza, la exploración y la locomoción.
Comportamiento natural muestra especialización de los tentáculos

Videos grabados en ambientes naturales también mostraron diferencias en el uso de los brazos. Los miembros delanteros aparecen con más frecuencia en acciones de exploración.
En cambio, los miembros traseros se utilizan más para impulso y locomoción. Además, los pulpos pueden usar la técnica conocida como ataque paraguas para capturar presas.
Estos comportamientos refuerzan que los tentáculos no actúan de forma aleatoria. Por el contrario, cada posición corporal puede tener una función importante en la supervivencia del animal.
Descubrimiento refuerza importancia de la preservación marina
El descubrimiento también cambia la forma en que la ciencia observa a los cefalópodos. Estos animales perciben el entorno con gran parte del cuerpo, no solo con el cerebro central.
Por eso, hábitats marinos complejos son fundamentales para que los pulpos expresen sus capacidades naturales. Ambientes pobres o degradados pueden limitar comportamientos esenciales.
Esta complejidad neurológica refuerza debates sobre el bienestar de los cefalópodos en investigaciones y cautiverios. Actualmente, estos animales ya reciben atención especial en normas científicas de protección.
Al fin y al cabo, si los pulpos pueden sentir, tocar, explorar y reaccionar con tanta precisión, ¿cuántos otros secretos aún están escondidos en los océanos?

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