La desdolarización entre Rusia y China dejó de ser una amenaza distante al sistema financiero global y pasó a ser una realidad concreta en el comercio entre las dos potencias. En medio del avance de la alianza estratégica entre Moscú y Pekín, autoridades rusas confirmaron que más del 99% de los pagos bilaterales ya se realizan en rublos y yuanes, reduciendo drásticamente el espacio del dólar y del euro en las transacciones entre los dos países.
La declaración refuerza un cambio que se venía construyendo desde el inicio de las sanciones occidentales contra Moscú, pero que ahora aparece en otro nivel. El propio Vladimir Putin afirmó que prácticamente todas las operaciones de exportación e importación entre Rusia y China usan monedas nacionales, consolidando un modelo financiero cada vez menos dependiente de los canales tradicionales controlados por Occidente.
El dólar pierde espacio en el eje Moscú-Pekín

Durante décadas, el dólar estadounidense funcionó como la principal moneda del comercio internacional, incluso en transacciones entre países que no involucraban directamente a Estados Unidos. Sin embargo, la guerra económica librada tras las sanciones contra Rusia aceleró un proceso que Moscú ya defendía desde hace años: la creación de alternativas al sistema financiero dominado por Washington.
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Según el ministro ruso de Finanzas, Anton Siluanov, el 99,1% de los pagos comerciales entre Rusia y China ya se realizan en monedas nacionales. En la práctica, esto significa que el comercio bilateral pasó a operar casi enteramente con rublo ruso y yuan chino, dejando al dólar en una posición prácticamente residual.
Esta transformación no es solo simbólica. Muestra que dos de las mayores potencias rivales de Estados Unidos lograron construir un circuito financiero propio para mantener comercio, inversiones y contratos estratégicos incluso bajo presión de sanciones, restricciones bancarias e intentos de aislamiento económico.
Putin habla de comercio protegido contra presiones externas
Vladimir Putin calificó el avance de los pagos en monedas nacionales como uno de los pilares de la cooperación económica con China. Para el Kremlin, la sustitución del dólar y del euro por rublos y yuanes creó una estructura comercial más protegida contra choques externos, bloqueos financieros y volatilidad provocada por decisiones políticas de países occidentales.
El mensaje es directo: Moscú y Pekín quieren mostrar que pueden ampliar su cooperación sin depender de la infraestructura financiera tradicional, especialmente de mecanismos ligados al dólar, al euro y al sistema bancario occidental. Este es el punto más sensible de la disputa, porque la moneda americana siempre ha sido una de las principales herramientas de influencia global de los Estados Unidos.
Al afirmar que prácticamente todas las operaciones de importación y exportación entre los dos países ya se realizan en monedas nacionales, Putin transformó la desdolarización en un hecho político de gran impacto. Ya no se trata solo de una tendencia económica, sino de una demostración pública de fuerza en medio del rediseño de las alianzas globales.
Sanciones occidentales aceleraron el cambio
El movimiento ganó fuerza después de que bancos rusos fueran afectados por sanciones y restricciones al acceso a sistemas financieros internacionales. La exclusión de instituciones rusas de canales tradicionales de pago mostró a Moscú el riesgo de depender de una infraestructura controlada por adversarios geopolíticos.
La respuesta fue acelerar acuerdos con países socios, principalmente China, para ampliar el uso de monedas locales en el comercio internacional. El resultado aparece ahora de forma contundente: el comercio entre Rusia y China prácticamente abandonó el dólar en sus liquidaciones comerciales.
Este proceso también interesa a Pekín. China busca desde hace años ampliar el uso internacional del yuan, reducir la vulnerabilidad de sus empresas a sanciones financieras y fortalecer su posición como potencia económica alternativa al bloque liderado por los Estados Unidos.
Comercio entre Rusia y China sigue en un nivel gigantesco
Incluso con oscilaciones recientes, el comercio bilateral entre los dos países continúa en un nivel impresionante. En 2024, los intercambios entre Rusia y China llegaron a cerca de US$ 244,8 mil millones, un récord histórico. En 2025, hubo un retroceso, pero el volumen aún se mantuvo cerca de US$ 228 mil millones, manteniendo la asociación en un nivel muy superior al observado antes de la guerra en Ucrania.
Rusia vende a China principalmente petróleo, gas natural, carbón, cobre, madera, combustibles y productos del mar. Por su parte, China abastece el mercado ruso con automóviles, máquinas, tractores, computadoras, smartphones, equipos industriales, ropa y calzado.
Este intercambio revela una dependencia mutua cada vez más clara. Moscú encontró en Pekín un comprador fundamental para sus recursos naturales, mientras que China ganó espacio en un mercado ruso que perdió acceso a muchos productos occidentales tras las sanciones.
Un golpe simbólico contra la hegemonía financiera de EE.UU.
La sustitución del dólar en el comercio Rusia-China no significa el fin inmediato de la moneda americana en el mundo, pero representa un golpe simbólico poderoso contra su hegemonía. Cuando dos economías de este tamaño pasan a liquidar casi todo el comercio bilateral fuera del dólar, la señal enviada al resto del mundo es evidente.
Otros países observan este movimiento con atención, especialmente aquellos que temen sanciones, bloqueos financieros o dependencia excesiva del sistema bancario occidental. Para gobiernos que buscan mayor autonomía, el modelo Rusia-China puede funcionar como ejemplo de una ruta alternativa.
Aún así, existen desafíos. Bancos chinos ya enfrentaron presión por causa del riesgo de sanciones secundarias de los Estados Unidos, y algunas transacciones con empresas rusas sufrieron retrasos o costos mayores. Aun así, los sectores estratégicos, como energía, alimentos y materias primas, continuaron funcionando con relativa estabilidad.
Desdolarización dejó de ser promesa y se convirtió en presente
La gran novedad no está solo en el número de 99,1% de los pagos en rublos y yuanes, sino en lo que representa. Rusia y China ya no están solo discutiendo la reducción del dólar en comunicados diplomáticos. Ellas ya operan, en la práctica, un comercio bilateral prácticamente desdolarizado.
Este avance marca una nueva fase de la relación entre Moscú y Pekín. La alianza entre los dos países salió del campo militar y diplomático para alcanzar directamente el corazón del poder económico global: el control de las monedas, de los pagos y de las rutas financieras.
Para Occidente, la advertencia es clara. La desdolarización Rusia-China muestra que las sanciones pueden aislar a un país de parte del sistema financiero tradicional, pero también pueden acelerar la creación de mecanismos paralelos. Y, cuando este proceso involucra a dos potencias nucleares, grandes exportadoras y con enorme peso geopolítico, el impacto deja de ser regional.
El dólar sigue siendo la principal moneda del planeta, pero en el comercio entre Rusia y China ya ha perdido el protagonismo. Y este cambio, ahora confirmado por Moscú, muestra que la disputa por el nuevo orden económico mundial ya no está más en el futuro. Ya ha comenzado.

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