Brasil y Canadá retoman acuerdo de libre comercio en 2025; carne bovina y biocombustibles entran en el radar y pueden abrir ruta multimillonaria sin tarifas.
El año 2025 ha sido marcado por una verdadera disputa de mercados para la carne bovina brasileña. Con los Estados Unidos aplicando tarifas de hasta 50% y China manteniendo posición dominante sobre las compras, el gobierno brasileño corre contra el tiempo para diversificar destinos. En este tablero geopolítico, el Canadá reaparece como pieza estratégica, tras el anuncio de la reanudación de las negociaciones entre Mercosur y Ottawa para un acuerdo de libre comercio.
Si se concreta, el pacto podría liberar la entrada de la carne bovina brasileña en territorio canadiense con tarifas reducidas o incluso eliminadas, representando una alternativa multimillonaria para un sector que responde por casi 10% de las exportaciones totales del país.
Un acuerdo paralizado hace años que vuelve con fuerza en 2025
Las conversaciones entre Mercosur y Canadá comenzaron aún en 2017, pero quedaron paralizadas en medio de cambios políticos y divergencias comerciales.
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Ahora, ante las nuevas tensiones globales, las partes decidieron retomar las rondas de negociación. Según autoridades brasileñas, el acuerdo podría contemplar no solo la carne bovina, sino también etanol, biocombustibles, granos y manufacturados.
Para el Mercosur, el mercado canadiense es particularmente atractivo: se trata de la 10ª mayor economía del mundo, con consumo per cápita elevado y capacidad de pagar más por productos de alto valor agregado. Además, Ottawa es vista como puerta de entrada para cadenas globales que involucran a Estados Unidos y México, aunque de forma indirecta.
Carne bovina en el centro de la mesa de negociación
El gran as brasileño es la carne bovina. Brasil es el mayor exportador mundial, con más de 2 millones de toneladas enviadas al exterior en 2024, y busca insertar el producto en mercados que valoren calidad y volumen.
Canadá importa anualmente más de 300 mil toneladas de carne, principalmente de EE. UU. y Australia. Entrar en este mercado con tarifas competitivas podría significar un salto significativo para la ganadería nacional.
La ABIEC (Asociación Brasileña de las Industrias Exportadoras de Carne) calcula que, en un escenario de libre comercio, Brasil podría captar entre 10% y 15% de las importaciones canadienses ya en los primeros años. Eso representaría algo en torno a US$ 1 mil millones adicionales en ingresos anuales, aliviando el impacto de las barreras impuestas por Washington.
El contraste: EE. UU. cierran las puertas, Canadá puede abrirlas
Las tarifas estadounidenses impuestas en 2025 fueron un choque para los frigoríficos brasileños. El país venía consolidando espacio en EE. UU., pero la nueva política tarifaria prácticamente inviabilizó parte de las exportaciones.
Al mismo tiempo, China sigue como principal destino, pero ejerce un fuerte poder de negociación, presionando precios e imponiendo exigencias sanitarias.
En este contexto, Canadá se perfila como alternativa “limpia”: un mercado exigente, pero menos politizado que EE. UU. y la Unión Europea, y aún carente de diversificación de proveedores. Para Brasil, es la oportunidad de sustituir el papel de exportador problemático por el de socio confiable en cadenas globales de abastecimiento.
Biocombustibles y energía: otra frente estratégica
Además de la carne bovina, otro sector que puede salir vencedor del acuerdo es el de etanol y biocombustibles. Canadá tiene metas ambiciosas de reducción de emisiones y busca proveedores para garantizar combustible renovable a precios competitivos. Brasil, con su experiencia en etanol de caña y biodiésel de sebo bovino, surge como aliado natural.
Si se confirma, el pacto podría transformar a Brasil en uno de los principales proveedores de energía limpia para Canadá, fortaleciendo aún más el vínculo entre agricultura y matriz energética.
Resistencias y cuellos de botella en el camino
A pesar del optimismo, los expertos advierten que las negociaciones no serán fáciles. El sector agrícola canadiense, especialmente los productores de carne y lácteos, teme la competencia brasileña. Al igual que ocurrió en las negociaciones de Mercosur con la Unión Europea, las barreras no arancelarias —como exigencias sanitarias y ambientales— pueden retrasar o limitar el acuerdo.
Otro punto delicado es la unidad dentro del propio Mercosur. Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay no siempre tienen intereses alineados, y las divergencias internas pueden debilitar la posición del bloque.
Brasil busca equilibrar su portafolio de socios y reducir la dependencia de dos polos — EE. UU. y China
Más que abrir mercados, la reanudación con Canadá envía un mensaje claro: Brasil busca equilibrar su portafolio de socios y reducir la dependencia de dos polos — EE. UU. y China. Al firmar alianzas con economías medianas, el país muestra disposición para proyectarse como potencia agroalimentaria en escala global, capaz de negociar en múltiples frentes.
Para analistas internacionales, el movimiento también fortalece el Mercosur, que venía siendo visto como un bloque paralizado. Al reconectarse con Canadá, el grupo gana nuevo impulso y puede desbloquear otros acuerdos estratégicos.
Si los términos avanzan, el impacto para la ganadería brasileña puede ser transformador. La entrada en Canadá abriría espacio no solo para carne en su estado natural, sino también para cortes premium, procesados y hasta derivados destinados a la industria alimentaria.
Frigoríficos como JBS, Marfrig y Minerva, que ya tienen operaciones globales, están interesados en una parte de este mercado.
Además, un acuerdo de libre comercio tendría efecto dominó: fortalecería la imagen de Brasil ante otros países del G7, creando más confianza y derribando resistencias para nuevos acuerdos.
Retorno de Canadá al radar de Brasil
El retorno de Canadá al radar de Brasil en 2025 muestra que el tablero de la carne bovina está lejos de ser definido solo por Washington o Pekín.
Al negociar con Ottawa, Brasil abre la posibilidad de una ruta multimillonaria libre de tarifas, capaz de reposicionar al país en el comercio global.
Entre desafíos políticos, resistencias internas y disputas geopolíticas, una cosa es cierta: si el acuerdo se formaliza, Brasil no solo ganará un nuevo mercado, sino que también mostrará al mundo que puede dictar su propio destino en la era de la multipolaridad.

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