Ofrenda ritual encontrada en Peñico reaviva el debate sobre la tradición Caral, con objetos de madera, hueso, cuentas y conchas ligados a una ciudad antigua que conectaba costa, Andes y Amazonía.
En arqueología, una piedra desplazada puede cambiar la lectura de miles de años.
En Perú, investigadores que estudian Peñico, un antiguo centro urbano asociado a la tradición Caral, identificaron una ofrenda ritual de 3.800 años escondida bajo una gran piedra, en un área donde las excavaciones ya habían revelado edificios públicos, espacios ceremoniales y vestigios de integración entre comunidades de la costa, de la sierra andina y de la selva amazónica.
El descubrimiento más reciente fue divulgado el 6 de julio de 2026 por la Zona Arqueológica Caral, unidad del Ministerio de Cultura de Perú.
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Según la institución, la ofrenda fue encontrada en el sitio arqueológico de Peñico, en la provincia de Huaura, región de Lima, y reúne 43 piezas de madera y hueso, además de cuentas, fragmentos de crisocola y elementos hechos con conchas.
El conjunto estaba en un pequeño espacio delimitado por piedras redondeadas en forma semicircular y cubierto por una piedra de gran tamaño.
De acuerdo con la Zona Arqueológica Caral, la estructura que guardaba el relleno de tierra y los objetos rituales mide 22 centímetros de largo y estaba asociada a la construcción de una nueva plataforma en el Edificio Público Mayor, en el sub-sector B1-B3 de Peñico.
El hallazgo refuerza la lectura de que Peñico no fue solo un asentamiento antiguo, sino un centro de poder, ritualidad y circulación de bienes en el valle de Supe tras el declive de los principales núcleos de la Civilización Caral.
Esta interpretación es atribuida por los investigadores a la continuidad de prácticas culturales, técnicas y simbólicas identificadas en el propio material encontrado.
Peñico, la ciudad antigua en el valle de Supe
Peñico fue presentado al público el 3 de julio de 2025, después de ocho años de investigaciones conducidas por la Zona Arqueológica Caral.
El centro urbano fue descrito por el Ministerio de Cultura de Perú como la “Ciudad de la Integración Social” de las poblaciones del valle de Supe, con ocupación estimada entre 1800 y 1500 a.C.
El sitio se encuentra a unos 600 metros sobre el nivel del mar, sobre una terraza geológica paralela al río Supe, rodeado por montañas que alcanzan los 1.000 metros de altitud.
La ubicación es tratada por los investigadores como estratégica porque favorecía la protección contra inundaciones y deslizamientos, además de permitir interacción entre áreas de la costa, de la sierra y de territorios andino-amazónicos.
Hasta la presentación pública del sitio, los arqueólogos habían identificado 18 construcciones en Peñico, incluyendo edificios públicos mayores y menores, templos ceremoniales y complejos residenciales.
Imágenes de dron divulgadas por los investigadores mostraron el centro urbano con una estructura circular en un área de terraza, rodeada por restos de construcciones de piedra y barro.
La proximidad con la Ciudad Sagrada de Caral-Supe es uno de los puntos centrales de la investigación.
Caral es reconocida como una de las civilizaciones urbanas más antiguas de las Américas y se desarrolló en el mismo valle hace unos 5.000 años, en período contemporáneo a sociedades antiguas de Egipto, de la India, de Sumeria y de China, según investigadores citados por Reuters.
A diferencia de esas civilizaciones del Viejo Mundo, Caral se desarrolló en aislamiento, sin contacto con otros grandes focos civilizatorios.
Este dato hace que el valle de Supe sea relevante para estudios sobre urbanización, organización social, religión, arquitectura y redes de intercambio en las Américas.
Ofrenda de 3.800 años
La ofrenda divulgada en 2026 estaba formada por 43 piezas elaboradas en madera y hueso.
Parte de ellas presenta dibujos grabados, mientras que otras muestran evidencias de exposición al fuego, según la Zona Arqueológica Caral.
Entre los objetos, los investigadores identificaron representaciones de personajes míticos, figuras antropomorfas, una posible representación femenina, posibles autoridades, aves, serpientes, renacuajos, motivos geométricos y formas abstractas.
Algunas piezas tienen cavidades que, de acuerdo con la institución, estarían destinadas a la incrustación de minerales o piedras semipreciosas.
El conjunto también incluye tres cuentas y tres fragmentos de crisocola, dos fragmentos de cuentas de concha de gasterópodo terrestre, nueve representaciones de ojos hechas con conchas de moluscos y ocho objetos menores aún en investigación.

Estas piezas, según los investigadores, ayudan a entender prácticas ceremoniales ligadas a la consagración de espacios arquitectónicos.
El hecho de que la ofrenda haya sido depositada durante las etapas iniciales de construcción de una plataforma indica, de acuerdo con la Zona Arqueológica Caral, que el acto formaba parte de una ceremonia planificada.
La institución afirma que las similitudes de materiales, técnicas de incisión y patrones iconográficos apuntan a la continuidad de tradiciones culturales originadas en el valle de Supe.
Esta lectura vincula el hallazgo al período posterior al debilitamiento de los primeros grandes centros urbanos de la Civilización Caral.
La Ciudad Sagrada de Caral-Supe se encuentra a 12,93 kilómetros de Peñico, según la Zona Arqueológica Caral, distancia que ayuda a situar el nuevo centro dentro del mismo paisaje cultural.
Pututus y símbolos de la tradición Caral
Uno de los espacios más citados en las investigaciones de Peñico es el llamado Salón Ceremonial de los Pututus, asociado al Edificio Público Mayor B1-B3.
Pututu es una trompeta hecha con concha marina y utilizada en sociedades andinas para convocar reuniones, anunciar eventos importantes y marcar prácticas rituales.
En el edificio identificado como B2, los investigadores observaron relieves escultóricos con diseños de pututus.
Según el Ministerio de Cultura del Perú, este instrumento tenía funciones sociales y simbólicas, pues su sonido podía ser escuchado a largas distancias y también era considerado una ofrenda ritual a deidades.
En otras áreas del sitio, los arqueólogos encontraron esculturas de barro crudo con representaciones humanas y animales, objetos ceremoniales, artefactos de piedra y collares hechos con cuentas de diferentes materiales.
Entre los materiales mencionados están Spondylus, Argopecten purpuratus, Felicioliva peruviana, rodocrosita, crisocola, hueso animal y arcilla.
Estos vestigios ayudan a explicar por qué Peñico es interpretada como un lugar de integración.
La presencia de conchas, minerales, pigmentos y otros materiales sugiere circulación de bienes entre áreas distintas, aunque los investigadores aún dependen de análisis adicionales para detallar rutas, volúmenes de intercambio y usos específicos de cada objeto.
Ruth Shady Solís, arqueóloga que dirige la Zona Arqueológica Caral, afirmó que Peñico ocupaba una posición estratégica para el comercio y para el intercambio entre sociedades de la costa, de las tierras altas y de la selva.
La declaración fue dada a Reuters durante la presentación del sitio.
Continuidad de la Civilización Caral
La importancia científica de Peñico está ligada a la pregunta sobre qué ocurrió después del declive de los primeros centros urbanos de Caral.
Para los investigadores, el sitio muestra que prácticas, símbolos y formas de organización no desaparecieron de una vez, sino que fueron preservados y transformados en nuevos contextos.
El arqueólogo Marco Machacuay, investigador del Ministerio de Cultura, afirmó en conferencia de prensa que la importancia de Peñico está en representar una continuidad de la sociedad Caral.
La declaración fue registrada por Reuters en la cobertura de la presentación del sitio, en julio de 2025.
La Zona Arqueológica Caral informa que Peñico fue fundada alrededor de 1800 a.C. y ocupa un área arqueológica de 19,44 hectáreas.
El período coincide con la fase posterior a la pérdida de prestigio de los antiguos centros urbanos de la Civilización Caral, entre ellos la Ciudad Sagrada de Caral-Supe.
La hipótesis de los investigadores es que Peñico mantuvo redes de interacción social y económica ya consolidadas en el valle de Supe.
También es posible, según el Ministerio de Cultura de Perú, que el prestigio del centro urbano estuviera ligado a la extracción y circulación de la hematita, mineral usado para producir pigmento rojo y asociado a valor simbólico en la cosmología andina.
Tecnología en la arqueología de Peñico
Aunque el descubrimiento es arqueológico, parte del interés actual proviene de las herramientas utilizadas para estudiar, registrar y presentar el sitio.
Imágenes de dron permitieron observar la organización espacial de Peñico desde lo alto, mientras que recursos de museografía y reconstrucciones digitales ayudan a los visitantes a visualizar espacios que hoy aparecen como ruinas.
El Ministerio de Cultura afirma que Peñico cuenta con un centro de información e interpretación, con infografías, maquetas, dioramas y recreaciones digitales para presentar la historia social y los valores culturales recuperados en el sitio.
En entrevista a Xinhua, Yoshio Cano, jefe de la Unidad de Museografía de la Zona Arqueológica Caral, afirmó que el equipo reconstruyó en 3D el Salón de los Pututus y el edificio asociado, para acercar al público a la forma en que esos espacios habrían sido vividos en la sociedad de Peñico.
Este uso de reconstrucción digital no sustituye la excavación, el análisis material o la conservación de los objetos, pero amplía la forma de comunicación científica.
Para el lector común, la tecnología ayuda a transformar paredes, plataformas y fragmentos en una lectura más comprensible de la ciudad antigua.
La apertura de Peñico al público también acerca el sitio a otros lugares administrados por la Zona Arqueológica Caral, como la Ciudad Sagrada de Caral, la ciudad pesquera de Áspero y la ciudad agropesquera de Vichama.
La visita fue anunciada en 2025 por el Ministerio de Cultura de Perú, con horarios, señalización, área de recepción y centro interpretativo.
