La medida por sí sola no explica el milagro: vino acompañada de terrazas, reforestación pagada y miles de pequeñas represas que obstruyeron los barrancos a propósito. El resultado sacó a 2,5 millones de personas de la pobreza e hizo que el sedimento vertido en el río cayera más de 1 mil millones de toneladas por año, en un esfuerzo que duró décadas.
China prohibió el pastoreo libre de cabras y ovejas en partes de la Meseta de Loess, reconocida como la región de erosión de suelo más severa del planeta, y, combinando esta prohibición con la construcción de terrazas y miles de pequeñas represas, logró reverdecer laderas que llegaron a verter alrededor de 1,6 mil millones de toneladas de tierra por año en el Río Amarillo. El esfuerzo, iniciado en asociación con el Banco Mundial en 1994 y ampliado a partir de 1999, es considerado uno de los mayores rescates ambientales de la historia.
Ubicada en el curso medio del Río Amarillo, en el norte de China, la Meseta de Loess sufrió siglos de degradación causada por deforestación, agricultura en laderas empinadas y pastoreo descontrolado. La enorme cantidad de sedimentos que escurría de las laderas hacia el río le dio al Río Amarillo su famoso color barroso y el triste apodo de tristeza de China, debido a las inundaciones catastróficas que provocaba a lo largo de miles de años. Revertir esta situación requirió una de las intervenciones ecológicas más ambiciosas jamás intentadas.
La meseta más erosionada del mundo

Su suelo, llamado loess, es un sedimento fino traído por el viento, extremadamente fértil y bueno para la agricultura, pero también muy fácil de ser arrastrado por el agua de lluvia. En el pasado, bosques y pastizales naturales mantenían esta capa de suelo en su lugar, en equilibrio con el ambiente.
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El problema comenzó cuando los seres humanos empezaron a tratar la tierra como un depósito inagotable de recursos. Los bosques fueron talados para convertirse en leña, las laderas fueron aradas para la agricultura, y rebaños de cabras y ovejas devoraban los últimos brotes de vegetación. Sin la cobertura vegetal para sostener el suelo, el agua de lluvia comenzó a escurrir libremente por las laderas, arrancando la tierra fértil y cavando profundas barrancas, en un proceso de erosión que se convirtió en el más grave del planeta.
El Río Amarillo y la tristeza de China

Considerado el río-madre de China, alimenta la civilización china desde hace más de cuatro mil años y aún hoy proporciona agua a decenas de millones de personas. Pero el exceso de sedimentos transformó ese mismo río en una amenaza, ya que el lodo elevaba el lecho y hacía que el agua se desbordara con facilidad, provocando inundaciones devastadoras a lo largo de la historia.
Las cifras de la degradación impresionan. Entre el inicio y mediados del siglo XX, la Meseta de Loess llegó a verter alrededor de 1,6 mil millones de toneladas de sedimentos por año en el Río Amarillo, la mayor carga de sedimentos registrada en cualquier río del mundo. Fue la percepción de que la deforestación y la erosión aguas arriba agravaban las inundaciones lo que llevó a China a actuar a gran escala, entendiendo que la degradación del suelo amenazaba no solo el ambiente, sino la seguridad alimentaria e hídrica del país.
La prohibición del pastoreo fue solo una de las piezas
Aquí es fundamental aclarar un punto que suele ser simplificado. La prohibición del pastoreo libre de cabras y ovejas fue sí una de las medidas centrales del rescate, pero no fue la única, ni se aplicó en toda la meseta. La prohibición valió para áreas críticas y vino acompañada de un conjunto integrado de acciones, conducidas por el gobierno chino en asociación con el Banco Mundial, dentro del llamado Proyecto de Rehabilitación de la Cuenca de la Meseta de Loess.
Según el Banco Mundial, el proyecto se basó en cuatro decisiones de política fundamentales: prohibir la siembra en pendientes muy empinadas, prohibir el pastoreo libre, incentivar el confinamiento de los animales y garantizar los derechos de uso de la tierra a los agricultores. En lugar de dejar que los rebaños subieran libremente las pendientes y devoraran la vegetación que intentaba recuperarse, los habitantes comenzaron a criar los animales en corrales, cortando y llevando el pasto hasta ellos, en un modelo conocido como corte y transporte.
Terrazas y presas: la ingeniería que aseguró la tierra
Prohibir el pastoreo y la agricultura en las pendientes no sería suficiente si las personas perdieran su sustento. Por eso, China reconstruyó el propio paisaje del altiplano. Decenas de miles de hectáreas de pendientes empinadas fueron transformadas en campos en terrazas, plataformas planas excavadas en el lateral de las colinas que frenan el agua de lluvia escalón por escalón, dando al suelo tiempo para absorber la humedad y retener los sedimentos en lugar de dejarlos escurrir.
Al mismo tiempo, se construyeron miles de pequeñas presas de retención, conocidas como check dams, dentro de las barrancas más profundas. Estas estructuras funcionaban como puntos de sutura en el paisaje: cuando el agua de la inundación descendía, frenaban el flujo y atrapaban el lodo detrás de sí, creando poco a poco nuevas áreas planas y fértiles para la agricultura. Las terrazas, según el Banco Mundial, llegaron a aumentar la productividad de los cultivos entre un 50% y un 100% en comparación con las antiguas tierras inclinadas.
Pagar para cambiar el modo de vida
Uno de los aspectos más inteligentes del proyecto fue no solo prohibir, sino ofrecer alternativas. A través del programa Grano por Verde, lanzado en 1999, el gobierno chino comenzó a pagar a los agricultores para que dejaran de cultivar en las pendientes empinadas, proporcionando plántulas de árboles, subsidios en alimentos y pagos en efectivo para quienes convirtieran la tierra en bosque o pastizal. La idea era aliviar la presión humana sobre el ecosistema y dar a la naturaleza la oportunidad de recuperarse por sí sola.
Este enfoque evitó que la industria ganadera colapsara, como muchos temían. Por el contrario, el número de animales de mayor productividad llegó a aumentar en varios lugares, ahora criados de forma controlada. Vale la pena señalar, en nombre del equilibrio, que estudios señalaron problemas puntuales: en algunas áreas, los pagos llegaron tarde o fueron insuficientes, y no todas las familias tuvieron libertad total para decidir si querían participar o qué árboles plantar.
Los resultados del mayor rescate ambiental
Los números del rescate son impresionantes. Según el Banco Mundial, el proyecto recuperó más de 35 mil kilómetros cuadrados de tierra en más de mil microcuencas del Río Amarillo y sacó a cerca de 2,5 millones de personas de la pobreza, con el ingreso local llegando a más que duplicarse en muchas áreas. La cobertura vegetal aumentó de manera significativa, y la cantidad de sedimentos que llega al Río Amarillo disminuyó en más de 1 mil millones de toneladas por año en comparación con el pasado.
Un estudio publicado en la revista Nature Climate Change en 2016 mostró que China convirtió más de 11 mil millas cuadradas de cultivos de secano del altiplano en bosques o pastizales, ayudando a que la cobertura vegetal creciera alrededor del 25% en solo una década. Imágenes de satélite de la NASA registraron el altiplano cambiando, año tras año, de un marrón-amarillento árido a tonos cada vez más verdes, mientras las tormentas de polvo disminuían y los niveles freáticos volvían a subir.
El documentalista que mostró la transformación al mundo
Buena parte de la repercusión internacional de este rescate se debe al trabajo de John D. Liu, quien antes de dedicarse a proyectos ecológicos había sido productor y camarógrafo de una cadena de TV americana por cerca de 15 años. Invitado por el Banco Mundial para filmar y estudiar la recuperación del Altiplano de Loess, documentó a lo largo de muchos años la misma colina, desde el mismo ángulo, registrando los colores cambiar lentamente del amarillo árido al verde.
Su documental sobre el tema viajó por el mundo, fue exhibido en conferencias internacionales del clima y ayudó a transformar la forma en que científicos y gobiernos piensan la restauración de ecosistemas. El mensaje central de Liu es poderoso: muchos de los llamados desastres naturales, como inundaciones, deslizamientos y sequías, pueden ser, en realidad, resultado de la destrucción prolongada de los ecosistemas por la acción humana, y pueden ser revertidos cuando esa presión disminuye.
El caso del Altiplano de Loess es hoy citado como uno de los mayores ejemplos mundiales de solución basada en la naturaleza, justamente porque no dependió de máquinas futuristas o tecnología asombrosa, sino de la decisión de dejar de forzar el ecosistema más allá de sus límites. China mostró que una tierra considerada casi muerta puede volver a la vida cuando los humanos dejan de destruirla por tiempo suficiente, combinando ciencia, políticas públicas y cambio en el modo de vida de las personas. Queda la pregunta sobre si este modelo puede ser replicado en otras tierras degradadas del planeta.
¿Cree usted que este modelo de China de reverdecer el Altiplano de Loess podría aplicarse en áreas degradadas de Brasil, como regiones de desertificación en el Nordeste? ¿Cree que prohibir ciertas actividades y pagar para que la naturaleza se recupere es el camino correcto? Deje su comentario, cuente lo que piensa sobre este rescate ambiental y comparta el artículo con quienes se interesan por medio ambiente, agricultura y sostenibilidad.


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