El Grand Prince Hotel Akasaka, con cerca de 139 metros, fue desmontado por una fábrica cerrada instalada en la cima, mientras gatos hidráulicos bajaban su cubierta y grúas internas recuperaban energía, en una demolición controlada que redujo polvo, ruido y emisiones en el centro de Tokio.
Un hotel de 40 pisos comenzó a encogerse en el centro de Tokio, pero su cubierta seguía siendo visible en la cima. En lugar de implosionar la torre, el equipo retiraba sus estructuras internamente y bajaba la parte superior de forma gradual.
El Grand Prince Hotel Akasaka tenía aproximadamente 139 metros de altura. Diseñada por el arquitecto Kenzo Tange, la torre fue inaugurada en la década de 1980, cerró sus actividades en 2011 y tuvo su desmontaje concluido en 2013.
La información fue publicada por Wired, revista internacional de tecnología e innovación. La constructora Taisei instaló una unidad cerrada en los pisos superiores, donde máquinas y trabajadores desmontaban el edificio sin exponer toda la operación a la ciudad.
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Implosionar el hotel en el centro de Tokio aumentaría los impactos
Implosionar un edificio alto requiere un extenso área de seguridad. La caída rápida también puede producir una gran nube de polvo, lanzar pequeños materiales alrededor y provocar ruido intenso durante la operación.
Estos efectos serían especialmente problemáticos en una región densamente poblada de Tokio. El hotel estaba rodeado de calles, edificios y actividades urbanas que no podrían ser simplemente alejadas por largos períodos.
La solución fue realizar una demolición controlada de arriba hacia abajo. Cada parte era retirada por separado, transportada hasta el suelo y organizada dentro de un proceso industrial protegido.
Una fábrica de demolición funcionaba escondida en la cima
Taisei aplicó el Sistema Ecológico de Reproducción, conocido por la sigla Tecorep. La tecnología transformó los últimos pisos del hotel en una unidad cerrada de desmontaje.
Primero, el equipo retiró los materiales que no ayudaban a sostener el edificio. Luego comenzó a desmontar losas, vigas, pilares y otras estructuras ubicadas debajo de la cubierta.
Paneles cerraban el área de trabajo e impedían que buena parte del polvo se esparciera. La cubierta original protegía los equipos y mantenía el desmontaje menos expuesto a las condiciones del tiempo.

Visto desde la calle, el edificio no parecía estar pasando por una demolición convencional. La torre solo perdía altura poco a poco, mientras la mayor parte del trabajo permanecía oculta.
Gatos hidráulicos hacían descender la cubierta
La parte superior del hotel era sostenida por pilares provisionales y gatos hidráulicos. Los pilares sostenían el peso de la cubierta mientras los elementos estructurales justo debajo eran retirados.
Tras el desmontaje de un piso, los gatos hidráulicos bajaban la parte superior. Este sistema permitía que la cubierta descendiera gradualmente sin ser retirada en las primeras etapas de la operación.
El proceso se repetía durante el avance de la obra. Por eso, quienes observaban el hotel percibían una situación inusual: la cubierta permanecía en el mismo formato, pero aparecía cada vez más cerca del suelo.
La torre de aproximadamente 139 metros comenzó a parecer más pequeña sin sufrir una caída repentina. El efecto visual era resultado de una secuencia controlada de retirada, sustentación y descenso.
Grúas internas generaban electricidad en el descenso de los materiales
Las partes desmontadas no eran arrojadas desde lo alto. Grúas instaladas dentro del hotel bajaban los materiales hasta el suelo de manera controlada.
Durante el descenso, el movimiento permitía recuperar energía y transformarla en electricidad. Esta energía era utilizada en equipos de la propia operación, incluyendo la iluminación del área de trabajo.

La tecnología aprovechaba una fuerza que normalmente se perdería durante el descenso de las cargas. Sin embargo, esto no significa que toda la energía necesaria para desmontar el edificio haya sido producida por el propio sistema.
La recuperación energética funcionaba como un complemento. Además de controlar el transporte de los materiales, las grúas ayudaban a reducir parte del consumo externo de la obra.
El polvo cayó un 90% y el ruido fue reducido en hasta 23 decibeles
La revista internacional de tecnología e innovación Wired registró los indicadores divulgados por Taisei. La constructora estimó que el sistema redujo el polvo en un 90%.
Taisei también atribuyó al método una reducción de ruido entre 17 y 23 decibeles. El decibel es la medida utilizada para indicar la intensidad de un sonido. Cuanto mayor es la reducción, menor es el ruido percibido alrededor de la obra.
La estructura cerrada ayudaba a contener partículas y sonidos producidos por la retirada de concreto y acero. Esto disminuía la interferencia sobre residentes, trabajadores, conductores y edificios cercanos.
La constructora calculó además una reducción de hasta el 85% en las emisiones del proceso. La estimación consideraba medidas como la recuperación de energía, la separación de los materiales y la realización del desmontaje dentro del edificio.
Técnica puede interesar a ciudades brasileñas densamente pobladas
El desmontaje del Grand Prince Hotel Akasaka mostró que un edificio alto puede ser retirado sin implosión y sin depender solo de grandes grúas externas. La operación reunió máquinas internas, estructuras provisionales y control hidráulico.
Este tipo de ingeniería puede ser útil en áreas densamente pobladas de ciudades brasileñas, donde edificios antiguos comparten espacio con calles concurridas, inmuebles vecinos y redes de servicios. La aplicación dependería de las condiciones estructurales de cada construcción y del planeamiento de la obra.
La técnica no elimina todos los impactos de una demolición. Aún existe movimiento de materiales, consumo de energía y producción de residuos. La diferencia está en la posibilidad de controlar estas etapas dentro de una estructura cerrada.
Concluido en 2013, el desmontaje del hotel dejó una referencia para la ingeniería urbana. El edificio desapareció gradualmente mientras su cubierta descendía, sus materiales eran retirados por dentro y parte de la energía de la operación era recuperada.
Si una técnica reduce polvo, ruido y riesgos para todo el vecindario, ¿debería ser priorizada incluso si la demolición lleva más tiempo? Deja tu opinión en los comentarios y comparte la publicación.

