Nueva ley promete transformar el campo brasileño, blindando tierras productivas y reduciendo criterios de productividad. ¿Será el fin de la reforma agraria como la conocemos?
En las últimas décadas, la cuestión de la propiedad en Brasil ha sido un campo de intensos debates y enfrentamientos entre movimientos sociales, defensores del agronegocio y gestores públicos.
Ahora, una nueva legislación aprobada en la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados amenaza con agitar aún más este escenario.
¿Será el fin de la reforma agraria o un paso necesario para garantizar seguridad jurídica en el campo?
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El martes, 19 de noviembre de 2024, fue aprobado en la comisión de la Cámara de Diputados el Proyecto de Ley (PL) 2502/2024, que trae cambios significativos en la legislación sobre expropiación de tierras.
Defendido por el diputado Rodolfo Nogueira (PL-MS) y relatado por el diputado José Medeiros (PL-MT), el texto altera los criterios de productividad y eficiencia de la tierra, dificultando su expropiación.
La propuesta ya está siendo analizada como una de las más polémicas del año, agudizando debates sobre concentración de tierras y derechos sociales.
¿Qué propone realmente el PL 2502/2024?
El principal punto del proyecto es la prohibición de expropiación de pequeñas y medianas propiedades rurales, siempre que el propietario no tenga otras tierras que, sumadas, superen 15 módulos fiscales.
Además, la propuesta también protege cualquier propiedad considerada productiva, independientemente de su tamaño.
Actualmente, la Ley de Reforma Agraria ya prevé la protección de pequeñas propiedades, pero la nueva legislación amplía esa salvaguarda y crea criterios aún más laxos para la clasificación de tierras productivas.
Otro aspecto importante es la reducción de los índices de productividad exigidos para que la tierra sea considerada productiva.
Según la ley vigente, el 80% del área aprovechable debe estar siendo utilizada; con el nuevo PL, este porcentaje caerá al 50%, siempre que la situación se mantenga durante diez años consecutivos.
Además, el grado de eficiencia en la explotación, actualmente fijado en 100%, será reducido al 50%, con variaciones regionales previstas.
Entendiendo la expropiación en Brasil
La expropiación con fines de reforma agraria está regida por la Constitución Federal y depende de dos factores principales: el incumplimiento de la función social de la tierra y la improductividad del inmueble rural.
Según el artículo 186 de la Constitución, una propiedad solo puede ser expropiada si no satisface requisitos como el aprovechamiento racional y adecuado de la área, la preservación ambiental, el respeto a las relaciones laborales y el cumplimiento de la función social.
No obstante, esta nueva propuesta altera drásticamente los criterios para que una tierra sea considerada improductiva, dificultando aún más la aplicación de este mecanismo.
Para muchos especialistas, este cambio puede vaciar la eficacia de la reforma agraria, ya que menos propiedades estarán sujetas a la expropiación.
Movimientos sociales argumentan que la expropiación es una herramienta esencial para combatir la concentración de tierras en Brasil, donde menos del 1% de los propietarios controla casi la mitad de las tierras cultivables del país, según datos del IBGE.
Para el MST, debilitar este instrumento compromete no solo el acceso a la tierra, sino también la lucha por justicia social y reducción de las desigualdades en el campo.
¿Por qué se propusieron estos cambios?
De acuerdo con los autores del proyecto, el objetivo es dar más protección jurídica a los propietarios rurales.
El relator José Medeiros argumentó que “la propiedad privada es uno de los pilares de una sociedad libre y democrática”, enfatizando que factores como crisis económicas o desastres naturales pueden inviabilizar el uso integral de una propiedad durante cierto tiempo.
Esta visión es ampliamente compartida por defensores del agronegocio, que ven en la medida una oportunidad para promover mayor estabilidad en el sector.
Para el diputado Rodolfo Nogueira, la flexibilización de las reglas de productividad permitirá que pequeños y medianos productores superen períodos difíciles sin temer perder sus tierras.
Impactos para la reforma agraria y movimientos sociales como el MST
A pesar de los argumentos a favor, las críticas al proyecto no son pocas. Movimientos como el MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra) advierten que la nueva legislación puede significar el debilitamiento definitivo de la reforma agraria en Brasil.
Esto porque la imposibilidad de expropiar propiedades consideradas productivas, incluso si utilizan solo la mitad de su área, restringe aún más el acceso a la tierra por comunidades necesitadas.
Especialistas también destacan que, al reducir los criterios de productividad, la medida puede beneficiar a grandes propietarios que dejan extensiones de tierra subutilizadas, agravando la concentración de tierras.
“Es un retroceso para la democratización del acceso a la tierra en Brasil”, afirmó un representante del MST en una nota pública.
El papel de la CCJ y los próximos pasos para la ley de expropiación
A pesar de la aprobación en la Comisión de Agricultura, el PL 2502/2024 aún necesita pasar por la Comisión de Constitución y Justicia (CCJ), donde se evaluará su conformidad con la Constitución.
Si recibe un dictamen favorable, el texto seguirá para votación en el pleno de la Cámara de Diputados y, posteriormente, en el Senado.
Hasta entonces, la propuesta seguirá dividiendo opiniones.
Mientras sectores del agronegocio celebran la iniciativa como una victoria para la seguridad jurídica, movimientos sociales y estudiosos alertan sobre los riesgos de perpetuación de las desigualdades en el campo.
Un futuro incierto para el campo brasileño
La aprobación de este proyecto plantea cuestiones fundamentales sobre el futuro de Brasil rural. ¿Será posible equilibrar el derecho a la propiedad privada con la necesidad de democratizar el acceso a la tierra? ¿O estamos avanzando hacia un aumento irreversible en la concentración de tierras?

Só no Bostil pra um grupo desses ainda não ter sido dizimado.