Un levantamiento internacional identificó organismos raros en regiones profundas y poco estudiadas de los océanos, incluyendo especies con apodos inusuales, estructuras biológicas singulares y registros que aún dependen de validación científica formal.
Científicos de The Nippon Foundation-Nekton Ocean Census registraron 1.121 especies marinas antes desconocidas en un año, en un levantamiento internacional enfocado en mapear la vida en los océanos.
El balance, divulgado el 19 de mayo de 2026, indica un aumento del 54% en el ritmo anual de identificación del proyecto, que reúne investigadores e instituciones de diferentes países.
Entre los organismos detectados están una quimera conocida como “tiburón fantasma”, un gusano que vive dentro de una esponja de vidrio apodada “castillo de vidrio” y una esponja carnívora llamada “bola de la muerte”.
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Según el Ocean Census, los descubrimientos fueron hechos entre el 1 de abril de 2025 y el 31 de marzo de 2026, en áreas que incluyen regiones profundas y poco estudiadas.
El programa informó que las especies fueron registradas a partir de 13 expediciones y de talleres de descubrimiento realizados con apoyo de instituciones como JAMSTEC, CSIRO y Schmidt Ocean Institute.
Las muestras analizadas provinieron de ambientes variados, desde aguas tropicales hasta áreas profundas, con registros en profundidades de hasta 6.575 metros.
Especies marinas encontradas en el fondo del océano
La quimera llamada “tiburón fantasma” fue localizada en el Parque Marino del Mar de Coral, en Australia, entre 802 y 838 metros de profundidad.
Aunque recibe este apodo, el animal no es un tiburón.
Pertenece a un grupo emparentado con tiburones y rayas, con linaje separado hace cerca de 400 millones de años, según la descripción divulgada por Ocean Census.
En Japón, investigadores identificaron el gusano poliqueto Dalhousiella yabukii, encontrado a 791 metros de profundidad en la cadena de montes submarinos Shichiyo.
El organismo vive en las cámaras de una esponja de vidrio, cuyo esqueleto está formado por sílice cristalina.
Debido a la estructura translúcida, la formación recibió el apodo de “castillo de vidrio”.
La esponja carnívora “bola de la muerte” fue confirmada en una expedición en el Océano Austral, cerca de las Islas Sandwich del Sur.

El organismo, tratado por los investigadores como una posible nueva especie del género Chondrocladia, fue registrado a cerca de 3.600 metros de profundidad en una de las áreas investigadas en la región.
A diferencia de muchas esponjas, que se alimentan por filtración, esta especie tiene pequeños ganchos en la superficie capaces de atrapar presas que pasan por el agua.
De acuerdo con los investigadores involucrados en la expedición, el animal captura organismos como crustáceos y luego los envuelve para alimentarse.
Otro hallazgo destacado por el Ocean Census es un gusano-cinta encontrado en Timor-Leste, en aguas poco profundas, entre 1 y 5 metros de profundidad.
El animal tiene menos de 3 centímetros y rayas anaranjadas.
Según la descripción del proyecto, esta coloración puede funcionar como señal visual asociada a defensas químicas comunes en organismos de este grupo.
Descubrimiento de especies puede llevar años hasta el registro oficial
El número divulgado por el Ocean Census no significa que todas las especies ya tengan nombre científico formal.
La organización diferencia especies “descubiertas” de especies “descritas”.
La primera clasificación ocurre cuando los especialistas evalúan características morfológicas, ecológicas o genéticas e indican que el organismo probablemente aún no había sido registrado por la ciencia.
La descripción formal exige etapas adicionales, como publicación científica, nombre válido y depósito de material de referencia en colección reconocida.
Este proceso es considerado necesario por taxonomistas porque establece el registro oficial de la especie y permite que sea citada con precisión en investigaciones, políticas públicas y acciones de conservación.
Según el Ocean Census, el intervalo promedio entre el descubrimiento inicial y la descripción formal de una especie es de 13,5 años.
Para reducir este plazo, el proyecto creó la plataforma Ocean Census NOVA, que permite registrar datos en acceso abierto antes de la conclusión de todas las etapas taxonómicas tradicionales.
La red asociada a la plataforma reúne más de 1.400 taxonomistas y científicos de 660 instituciones en 85 países.
La propuesta, según el proyecto, es hacer que la información esté disponible de forma más rápida para investigadores, gestores ambientales y autoridades responsables de políticas dirigidas al océano.
Michelle Taylor, jefa de ciencia del Ocean Census, afirmó que la documentación de la vida marina ocurre en un escenario de riesgo para muchas especies.
En un comunicado, ella dijo que los investigadores están en una “carrera contra el tiempo” para comprender y proteger organismos que pueden desaparecer antes de ser registrados formalmente.
Océanos siguen con biodiversidad poco documentada
El océano cubre más de 70% de la superficie de la Tierra y permanece con gran parte de su biodiversidad sin descripción formal.
El Ocean Census estima que hasta 90% de las especies oceánicas aún no han sido identificadas por la ciencia, dato usado por el proyecto para justificar la ampliación de expediciones y bancos de datos especializados.
Este desconocimiento dificulta la evaluación de impactos ambientales en áreas poco estudiadas.
Informes científicos internacionales asocian cambios en el océano, como calentamiento, acidificación y pérdida de oxígeno, a efectos sobre organismos marinos en diferentes niveles de la cadena alimentaria.
La contaminación de origen terrestre, incluyendo residuos industriales, aguas residuales, plásticos y escorrentía agrícola, también aparece entre los factores de presión sobre ecosistemas costeros y marinos.
La minería en aguas profundas es otro tema acompañado por investigadores y autoridades ambientales.
La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos informa que aún no ha aprobado explotación comercial de minerales en áreas internacionales del fondo del mar, pero mantiene contratos de exploración y discute reglas para una eventual actividad comercial.
En este debate, organizaciones científicas señalan la necesidad de más datos sobre ambientes profundos antes de decisiones regulatorias.
Datos científicos ayudan políticas de protección marina
Para los investigadores del Ocean Census, acelerar el reconocimiento de especies tiene función más allá del inventario biológico.
Informaciones taxonómicas ayudan a orientar estudios ambientales, definir áreas prioritarias de protección y medir posibles efectos de actividades humanas en regiones donde la biodiversidad aún es poco documentada.
El proyecto afirma que las 1.121 especies detectadas alimentan bases de datos que pueden ser usadas por iniciativas internacionales dirigidas a la conservación marina.
Entre ellas están el Tratado de Biodiversidad Más Allá de la Jurisdicción Nacional, dirigido a la protección de la vida en alta mar, y el Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal, que prevé ampliar áreas protegidas hasta 2030.
Oliver Steeds, director del Ocean Census, comparó las inversiones globales en exploración espacial al costo de mapear la vida marina.
Según él, descubrir la mayor parte de la vida en el océano cuesta una fracción de los recursos aplicados en la búsqueda de vida fuera de la Tierra, y la cuestión es “si podemos darnos el lujo de no hacerlo”.
Los descubrimientos indican que especies aún sin nombre científico permanecen fuera de bases de datos, investigaciones aplicadas y políticas de protección.
En áreas profundas y de difícil acceso, la distancia entre lo que ya se ha observado y lo que aún necesita ser descrito sigue siendo uno de los principales desafíos para la ciencia marina.

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