Venus tarda 243 días terrestres en completar una rotación sobre su propio eje, pero solo 225 para dar una vuelta alrededor del Sol. Según el Olhar Digital, esta inversión temporal lo convierte en el planeta con el día más largo del Sistema Solar y uno de los cuerpos celestes más intrigantes para la astronomía moderna, con atmósfera densa, temperaturas capaces de derretir plomo y una rotación retrógrada que desafía la lógica terrestre.
Venus es, entre todos los planetas del Sistema Solar, el que más desafía la noción humana de tiempo. Una única rotación sobre su propio eje tarda exactamente 243,0226 días terrestres, según un estudio publicado en la revista Nature Astronomy por el equipo del astrónomo Jean-Luc Margot, de la Universidad de California en Los Ángeles. El dato fue obtenido a lo largo de 15 años de mediciones con ondas de radio transmitidas por la Antena Goldstone, de la NASA, en el desierto de Mojave. El resultado confirmó algo que intriga a los científicos desde hace décadas: en Venus, un día es más largo que un año.
El año venusiano, que corresponde al tiempo de una órbita completa alrededor del Sol, dura cerca de 225 días terrestres. Es decir, Venus completa una vuelta entera alrededor de la estrella antes incluso de terminar de girar sobre sí mismo. Este desajuste entre rotación y traslación convierte al planeta en un caso único entre los mundos rocosos conocidos y plantea cuestiones fundamentales sobre cómo las fuerzas gravitacionales y la propia atmósfera pueden alterar el comportamiento de un cuerpo celeste a lo largo de miles de millones de años.
Por qué Venus gira tan despacio

La explicación para la extrema lentitud de la rotación de Venus sigue siendo objeto de debate entre astrónomos, pero las hipótesis más aceptadas combinan dos factores. El primero es la marea gravitacional ejercida por el Sol, que a lo largo de miles de millones de años tiende a frenar el giro de los planetas cercanos. El segundo es la influencia de la propia atmósfera venusiana, que es extraordinariamente densa y compuesta por más de un 96% de dióxido de carbono, con una presión en la superficie cerca de 90 veces mayor que la terrestre.
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Esta atmósfera densa genera lo que los científicos llaman marea atmosférica térmica. El calentamiento solar crea diferencias de presión que ejercen torque sobre el planeta, alterando gradualmente su velocidad de rotación. Modelos climáticos indican que esta interacción entre atmósfera y superficie fue capaz de desacelerar a Venus a lo largo de eras geológicas, resultando en la rotación más lenta de cualquier planeta del Sistema Solar. En el ecuador, la superficie de Venus gira a solo 6,5 kilómetros por hora — en comparación con los 1.670 kilómetros por hora de la Tierra.
La rotación retrógrada que hace que el Sol salga por el oeste

Venus no solo gira despacio — gira en sentido contrario al de la mayoría de los otros planetas. Mientras que la Tierra y casi todos sus vecinos rotan de oeste a este, Venus hace lo opuesto. Esto significa que, visto desde la superficie venusiana, el Sol saldría por el oeste y se pondría por el este, en un escenario que invierte completamente la experiencia de cualquier observador acostumbrado a los patrones terrestres.
La causa de esta rotación retrógrada tampoco está completamente resuelta. Una de las teorías más discutidas sugiere que una colisión masiva durante la formación del Sistema Solar podría haber invertido el eje de Venus de forma drástica. El planeta tiene una inclinación axial de 177 grados, lo que en la práctica significa que está casi al revés. Otra hipótesis señala que la combinación entre efectos de marea solar e interacciones atmosféricas podría haber desacelerado y revertido la rotación a lo largo de miles de millones de años, sin necesidad de un gran impacto.
Día sideral, día solar y la confusión de los calendarios
Para entender Venus, es necesario distinguir dos tipos de día. El día sideral mide el tiempo que el planeta tarda en completar una rotación en relación con las estrellas fijas — y ese es el período de 243 días terrestres. En cambio, el día solar mide el intervalo entre dos pasajes consecutivos del Sol sobre el mismo punto del cielo, lo que en la Tierra corresponde a las 24 horas que conocemos.
En Venus, la combinación de la rotación lenta con el movimiento retrógrado produce un efecto peculiar: el día solar dura cerca de 116,75 días terrestres, un valor menor que el día sideral. Esto ocurre porque la rotación contraria a la órbita hace que el Sol «avance» más rápido en el cielo venusiano que si la rotación fuera en el mismo sentido. El resultado es que un año en Venus equivale a aproximadamente 1,92 día solar venusiano — es decir, en un año, el planeta experimenta menos de dos ciclos completos de día y noche.
La atmósfera que gira 60 veces más rápido que el planeta
Si la rotación de Venus es absurdamente lenta, la atmósfera del planeta compensa con una velocidad sorprendente. El fenómeno es conocido como super-rotación atmosférica: las capas superiores de la atmósfera completan una vuelta entera alrededor de Venus en solo cuatro días terrestres, moviéndose cerca de 60 veces más rápido que la superficie debajo de ellas.
Esta discrepancia entre la velocidad atmosférica y la rotación planetaria es uno de los grandes misterios de la ciencia planetaria. Ningún modelo ha logrado explicar completamente por qué la atmósfera de Venus se comporta de esta manera. El fenómeno genera vientos de hasta 360 kilómetros por hora en las capas altas y dificulta la observación directa de la superficie, ya que nubes densas de ácido sulfúrico bloquean la visión. Fue justamente por esta barrera que los investigadores de la UCLA necesitaron usar ondas de radio para medir la rotación del planeta — método que Margot comparó a iluminar Venus como una bola de discoteca gigante.
El infierno que hace todo aún más extremo
Las peculiaridades temporales de Venus adquieren otra dimensión cuando se combinan con las condiciones de la superficie. La temperatura media alcanza los 465 grados Celsius, convirtiéndolo en el planeta más caliente del Sistema Solar — superando incluso a Mercurio, que está más cerca del Sol. Este calor extremo no proviene de la proximidad con la estrella, sino del efecto invernadero descontrolado causado por la atmósfera densa de dióxido de carbono.
La presión atmosférica en la superficie es equivalente a la encontrada a 900 metros de profundidad en los océanos de la Tierra. Nubes cargadas de ácido sulfúrico cubren el planeta permanentemente. Sondas soviéticas del programa Venera lograron aterrizar en Venus entre las décadas de 1970 y 1980, pero ninguna sobrevivió más de dos horas en las condiciones de la superficie. Venus es, al mismo tiempo, el planeta más parecido a la Tierra en tamaño y el más radicalmente diferente en habitabilidad — un paradoja que los astrónomos suelen resumir llamándolo el «gemelo malvado» de nuestro planeta.
Lo que Venus enseña sobre otros mundos
El interés científico por Venus va más allá de la curiosidad. Comprender por qué un planeta tan similar a la Tierra en masa y tamaño se volvió tan diferente es fundamental para evaluar la habitabilidad de exoplanetas en otros sistemas estelares. Probablemente existen miles de millones de planetas con características parecidas a las de Venus en la Vía Láctea, como observó el profesor Margot en su investigación.
Misiones futuras como la VERITAS y la DAVINCI, de la NASA, y la EnVision, de la Agencia Espacial Europea, están planeadas para estudiar Venus con una profundidad inédita en las próximas décadas. Los objetivos incluyen mapear la superficie con radar de alta resolución, analizar la composición atmosférica e investigar si el planeta ya tuvo océanos líquidos en algún momento del pasado. Venus sigue siendo una pieza clave para entender el destino de mundos rocosos y un recordatorio de que, en el universo, las reglas que conocemos en la Tierra no siempre se aplican.
¿Sabías que un día en Venus dura más que un año entero? ¿Qué aspecto de este planeta te sorprende más, la rotación al revés, el calor infernal o la atmósfera que gira 60 veces más rápido? Cuéntanos en los comentarios.

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