Proyecto en Holanda recibe colillas de cigarro por comida y pretende reciclar 1 millón de filtros para producir un banco o conjunto de jardín.
Un carrito ambulante en Holanda está usando panqueques, alimentos y bebidas para incentivar la retirada de residuos de las calles. Creada por WasteBar, la iniciativa recibe latas y colillas de cigarro por comida, transformando materiales desechados en una especie de crédito ambiental.
Entre las recompensas están porciones de poffertjes, pequeños panqueques tradicionales holandeses. La propuesta, sin embargo, no termina con la entrega del refrigerio: durante la atención, el equipo conversa con los participantes sobre contaminación, separación de residuos y posibilidades de reciclaje.
En 2026, el proyecto pretende recoger 1 millón de colillas. El material será enviado a la organización UPPACT, que deberá convertirlo en un banco o conjunto de muebles para jardín.
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¿Cómo funciona el intercambio de colillas de cigarro por comida?
La dinámica creada por WasteBar busca hacer la limpieza de los espacios públicos más sencilla y atractiva. El participante recoge residuos encontrados en las calles y los lleva hasta el carrito del proyecto. Colillas y latas están entre los principales materiales aceptados. A cambio, recibe alimentos o bebidas disponibles en el lugar.
La cantidad entregada puede variar. Incluso quien aparece con solo diez colillas contribuye a retirar materiales contaminantes del ambiente. Personas que logran reunir cien filtros o más aumentan el volumen enviado para reaprovechamiento.

Lo que ofrece el proyecto
- recepción de colillas de cigarro y latas;
- intercambio de residuos por alimentos o bebidas;
- distribución de porciones de poffertjes;
- orientación sobre desecho y reciclaje;
- encaminhamento de las colillas para transformación en nuevos productos.
La estrategia utiliza una recompensa inmediata para acercar a personas que tal vez no participarían en una campaña ambiental convencional.
País descarta hasta 10 mil millones de colillas por año
La atención dedicada a los filtros de cigarrillo está relacionada con el volumen desechado anualmente. En los Países Bajos, entre 5 mil millones y 10 mil millones de colillas son eliminadas todos los años. Por ser pequeñas, muchas terminan arrojadas directamente en las aceras, calles y otros espacios públicos.
El problema no se limita a la apariencia de las ciudades. Los filtros están fabricados con acetato de celulosa, material plástico que puede permanecer en el ambiente hasta diez años antes de descomponerse.
Durante ese intervalo, las colillas pueden liberar nicotina y metales pesados. Estas sustancias alcanzan el suelo y los cursos de agua, ampliando los efectos provocados por un residuo frecuentemente tratado como inofensivo.
Un millón de filtros podrán convertirse en muebles
La campaña de 2026 estableció una meta superior a las acciones anteriores de WasteBar. El objetivo es reunir 1 millón de colillas y enviarlas a UPPACT, organización especializada en procesar residuos plásticos y convertirlos en nuevos objetos.
Después del reciclaje, el material deberá ser utilizado en la fabricación de un banco o de un conjunto para jardín.

La transformación busca hacer visible el volumen de residuos normalmente esparcidos por las calles. Reunidos en un único proyecto, los filtros dejan de parecer pequeños y revelan la dimensión del desecho. El mueble producido también funcionará como demostración de que parte de este material puede recibir otro propósito después de la recolección.
Colaboración creó un bosque con 500 mil colillas
WasteBar ya había utilizado los filtros en un trabajo artístico desarrollado con Angelina Kumar y UPPACT. La colaboración resultó en la instalación Het Peukenbos, nombre que puede ser traducido como “El Bosque de Colillas de Cigarrillo”. La obra fue construida por Kumar con más de 500 mil filtros recolectados.
La instalación permaneció en exposición en la ciudad de Utrecht hasta septiembre de 2025. Al concentrar cientos de miles de colillas en una única creación, la artista dio escala visual a un tipo de contaminación que suele pasar desapercibida cuando aparece de forma dispersa.
La campaña del millón amplía este trabajo y transfiere el material de la instalación artística a un objeto que podrá tener uso práctico.
WasteBar usa comida para iniciar conversaciones ambientales
La distribución de panqueques funciona como punto de acercamiento entre el equipo y el público. Quien llega al carrito interesado en la recompensa también recibe información sobre los daños provocados por las colillas y sobre la manera adecuada de separar otros residuos.
El enfoque evita transformar la actividad en una conferencia formal. La orientación ocurre durante el intercambio, mientras los participantes entregan lo que recogieron y reciben el alimento.
De esta forma, la WasteBar combina tres acciones en una misma experiencia: retirada de basura de las calles, recompensa por la participación y concienciación ambiental. Recoger filtros usados por otras personas puede parecer poco atractivo, especialmente por tratarse de un residuo asociado al cigarrillo.

La WasteBar busca sortear esta resistencia al ofrecer una ventaja concreta a quien participa. El proyecto no exige que una sola persona recoja grandes cantidades. La propuesta considera que varias pequeñas entregas pueden generar un volumen relevante cuando se suman.
Cada conjunto de filtros retirado de la calle deja de permanecer durante años en el ambiente y pasa a formar parte de la meta de reciclaje.
Los Países Bajos generan aproximadamente 50 millones de kilos de residuos por año, de acuerdo con los datos presentados por la iniciativa. Dentro de este escenario, la WasteBar busca alterar la relación entre descarte y valor.
El material recogido deja de ser visto solo como basura y pasa a representar la posibilidad de recibir una recompensa o integrar un nuevo producto.
El intercambio de colillas de cigarro por comida no elimina por sí solo el problema de la basura urbana. Aun así, crea una forma accesible de involucrar a la población y llamar la atención sobre un residuo plástico que puede permanecer en el ambiente por una década.
Con la meta de 1 millón de filtros en 2026, el proyecto pretende mostrar que hasta un objeto pequeño y altamente contaminante puede salir de las calles, pasar por el reciclaje y regresar a la ciudad en una forma completamente diferente.
Con información de Ciclo Vivo
