Sin producción de cobre a escala comercial actualmente, Argentina quiere entrar en el grupo de los diez mayores productores mundiales del metal hasta 2035. El país apuesta en los ricos yacimientos de los Andes y en un paquete multimillonario de incentivos del gobierno de Javier Milei para destrabar megaproyectos de minería que han estado parados por décadas.
Después de décadas teniendo carne, granos y petróleo como el corazón de su economía, Argentina apunta ahora a un nuevo motor de riqueza: la minería de cobre y litio en las montañas de los Andes. El objetivo ambicioso es transformar el país, que hoy prácticamente no produce cobre a escala comercial, en uno de los diez mayores productores mundiales del metal hasta 2035, según proyecciones de analistas del sector. Para ello, el gobierno del presidente Javier Milei lanzó en 2024 un amplio paquete de incentivos fiscales, cambiarios y regulatorios destinado a destrabar proyectos de gran envergadura parados hace años.
Los números muestran el tamaño del salto pretendido. La minería responde hoy por cerca del 1% del Producto Interno Bruto argentino, pero las exportaciones del sector ya alcanzaron un récord de cerca de 6 mil millones de dólares en 2025, un aumento de más del 29% en relación al año anterior, impulsadas principalmente por el oro. La gran apuesta, sin embargo, es el cobre, metal esencial para la transición energética global, cuya exportación anual puede llegar a algo entre 17 y 18,7 mil millones de dólares hasta 2035, según estimaciones de bancos y consultorías que siguen a Argentina.
Por qué Argentina apuesta en el cobre de los Andes

El cobre es uno de los metales más codiciados del mundo en este momento, precisamente por ser componente esencial de la electrificación, presente en coches eléctricos, paneles solares, turbinas eólicas y redes de transmisión. La demanda global crece a un ritmo acelerado, y hay un temor de escasez de oferta en los próximos años, lo que abre una ventana de oportunidad para nuevos productores. Argentina entra en esta disputa con reservas estimadas en torno a 116 millones de toneladas de recursos de cobre en las provincias andinas.
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La paradoja es que, a pesar de esta riqueza geológica, el país prácticamente no produce cobre a escala comercial desde el cierre de las operaciones de la mina Bajo de la Alumbrera, en 2018. Mientras tanto, la vecina Chile, al otro lado de los Andes, es una potencia consolidada del metal, exportando decenas de miles de millones de dólares al año. Es esta brecha la que Argentina quiere llenar, aprovechando que las mismas formaciones geológicas que enriquecen a Chile se extienden por el lado argentino de la cordillera.
El paquete de incentivos del gobierno Milei
El instrumento central de esta estrategia es el RIGI, sigla en español para Régimen de Incentivo a Grandes Inversiones, lanzado por el gobierno Milei en 2024. El programa ofrece estabilidad fiscal, tributaria, cambiaria y jurídica por 30 años a proyectos con inversión mínima de 200 millones de dólares en los sectores de minería, energía, petróleo y gas, entre otros. La idea es dar seguridad a los inversores extranjeros en un país históricamente marcado por inestabilidad económica, controles cambiarios y cambios bruscos de reglas.
El resultado ya aparece. Hasta el momento, el RIGI aprobó cerca de 10 proyectos que suman aproximadamente 25,5 mil millones de dólares en inversiones comprometidas, y el régimen fue extendido hasta julio de 2027. Gigantes globales de la minería, como Lundin Mining, Glencore, First Quantum y la canadiense McEwen, están entre las empresas que se acercaron a los yacimientos argentinos. Para Argentina, atraer este capital es condición esencial para viabilizar la infraestructura de transporte y energía necesaria para exportar el mineral, tan cara como la propia extracción.
Los Azules y los megaproyectos que liderarán el cambio
El proyecto más emblemático de esta nueva fase es Los Azules, de la canadiense McEwen Copper, ubicado en Calingasta, en la provincia de San Juan, a unos 3.500 metros de altitud en los Andes. En septiembre de 2025, el gobierno argentino aprobó la entrada del proyecto en el RIGI, con una inversión de 2,67 mil millones de dólares. Los Azules será el primer emprendimiento en la historia de la minería argentina en producir cátodos de cobre de alta pureza, listos para uso industrial directo.
Según la empresa, la producción de cobre en Los Azules debería comenzar en 2029, y el proyecto tiene el potencial de generar más de 30 mil millones de dólares en ingresos de exportación a lo largo de su vida útil, con la promesa de operar con energía renovable y minimizar impactos ambientales e hídricos. Los principales proyectos de cobre de Argentina están concentrados en las provincias del noroeste y del oeste, como San Juan, Salta, Jujuy y Catamarca, regiones que deberían convertirse en el nuevo polo de minería del país en las próximas décadas.
El desafío de la infraestructura y la logística
Recoger el cobre del suelo es solo parte del problema. La ubicación remota de los yacimientos, en lo alto de los Andes, exige la construcción de una infraestructura de transporte y energía tan costosa como la propia extracción del mineral. No sirve de nada extraer cobre y litio si estos materiales no pueden llegar a los puertos para exportación, lo que hace que carreteras, ferrocarriles, líneas de transmisión y plantas de energía sean parte indispensable de la ecuación para Argentina.
Este es uno de los mayores cuellos de botella que el país necesita superar para cumplir sus metas. Proyectos de cobre de gran envergadura, especialmente los del tipo pórfido que caracterizan la región andina, suelen llevar de diez a quince años entre el descubrimiento y la primera producción comercial, pasando por exploración, estudios de viabilidad, evaluación ambiental y consulta a las comunidades. Por eso, la ventana hasta 2035 se considera ajustada, y cualquier retraso en la infraestructura puede comprometer el cronograma ambicioso trazado por Argentina.
Las controversias ambientales y sociales
La carrera por el cobre no ocurre sin resistencia. Uno de los puntos más polémicos es la propuesta del gobierno Milei de revisar la Ley de Glaciares, legislación que protege los glaciares y restringe la exploración mineral en su entorno. Críticos, incluidos ambientalistas y científicos, argumentan que flexibilizar esta ley amenaza reservas cruciales de agua dulce en los Andes, en una región donde el recurso hídrico es escaso y estratégico.
Miles de personas ya han salido a las calles en protesta, con consignas como el agua no se vende, defendiendo que la legislación no debe priorizar ganancias económicas a corto plazo en detrimento de la seguridad hídrica a largo plazo. El propio modelo del RIGI es criticado por parte de la sociedad argentina, que ve en los incentivos un profundizamiento del modelo extractivista, con prioridad al capital extranjero en lugar del desarrollo local y la sostenibilidad ambiental, un debate que tiende a intensificarse a medida que los proyectos avanzan.
Lo que el giro de Argentina significa para Brasil y el mundo
El éxito o fracaso de la apuesta argentina tiene implicaciones que van mucho más allá de sus fronteras. En un mundo que necesita cobre en cantidades cada vez mayores para descarbonizar la economía, un nuevo gran productor puede ayudar a equilibrar la oferta global y contener el alza de precios del metal. Argentina se posiciona como pieza clave en las cadenas de suministro occidentales, en un momento de reorganización geopolítica de la producción de minerales críticos.
Para Brasil, vecino y socio en el Mercosur, la transformación de Argentina en potencia de cobre y litio puede abrir oportunidades de integración logística, suministro de equipos y servicios, además de cooperación energética. Al mismo tiempo, representa un ejemplo concreto de cómo reformas regulatorias y seguridad jurídica pueden desbloquear sectores enteros, lección que suele alimentar debates sobre el ambiente de negocios en diferentes países de América Latina, incluida la propia economía brasileña.
Argentina vive un momento decisivo. El país tiene las reservas, el pipeline de proyectos y el interés de inversores globales para convertirse en una nueva potencia del cobre hasta 2035. Pero el camino pasa por superar cuellos de botella de infraestructura, garantizar estabilidad política entre ciclos electorales y equilibrar el desarrollo económico con las legítimas preocupaciones ambientales y sociales. Si lo logra, transformará décadas de potencial dormido en uno de los mayores giros económicos recientes de América del Sur.
¿Crees que Argentina realmente logrará convertirse en una potencia mundial del cobre hasta 2035, o los desafíos ambientales y de infraestructura lo impedirán? ¿Piensas que Brasil debería seguir un camino similar para atraer inversiones en minería? Deja tu comentario, cuéntanos qué piensas sobre esta transformación en el país vecino y comparte el artículo con quienes siguen la economía, minería y geopolítica de los minerales críticos.

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