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Mientras exhibe trenes bala de más de 300 km/h, China mantiene alrededor de 81 líneas de trenes lentos que viajan a 40 km/h, cobran menos de R$ 2 por pasaje y cruzan aldeas remotas llevando a residentes, estudiantes e incluso gallinas y verduras al mercado.

Escrito por Bruno Teles
01/06/2026 a las 19:58
Actualizado 01/06/2026 a las 20:00
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En el país de los rieles más veloces del mundo, sobreviven composiciones que parecen detenidas en el tiempo: verdes, lentas y baratísimas. Dan pérdidas a propósito. El gobierno financia para que aldeas aisladas en las montañas no se queden atrás, en un curioso retrato de cómo la velocidad no siempre es la prioridad.

Mientras exhibe al mundo trenes bala de más de 300 km/h, China mantiene cerca de 81 líneas de trenes lentos que circulan a menos de 40 km/h. Estos trenes cobran menos de R$ 2 por el pasaje más barato, no tienen reajuste hace más de tres décadas y cruzan aldeas remotas llevando residentes, estudiantes e incluso gallinas y verduras al mercado, en un contraste impresionante con la imagen ultramoderna del país.

El caso fue destacado en mayo de 2026 por el sitio Xataka, basado en reportajes de medios como People’s Daily, Xinhua y Global Times. Conocidos oficialmente como trenes de asistencia social, y apodados «trenes lentos para los pobres», son una herencia de la era de Mao Zedong, quien gobernó China de 1949 a 1976, preservada hasta hoy como un servicio público. Es importante notar que buena parte de la información proviene de la prensa estatal china, que suele enfatizar los aspectos positivos de estas políticas, pero los datos básicos son consistentes entre diferentes fuentes.

Trenes que se detienen en el tiempo

China mantiene 81 líneas de trenes lentos a 40 km/h que cobran menos de R$ 2, cruzan aldeas remotas y llevan residentes, estudiantes e incluso gallinas al mercado.
La apariencia de estos trenes ya los diferencia de todo lo que la China moderna suele exhibir. 

Pintados de verde militar con una franja amarilla, la imagen clásica de los ferrocarriles chinos antes de la modernización, estos trenes se detienen en todas las estaciones del recorrido, incluidas pequeñas aldeas que no tienen conexión con el mundo exterior por ningún otro medio de transporte, cumpliendo un papel que va mucho más allá del simple desplazamiento.

Algunos de ellos ostentan incluso una placa pintada en el lateral que los identifica como «tren lento de combate a la pobreza».

De acuerdo con la agencia estatal Xinhua, estas composiciones funcionan como una especie de arteria móvil, llevando a los residentes al mercado, transportando animales y permitiendo que los niños asistan a la escuela en ciudades cercanas, en regiones donde simplemente no existen alternativas de transporte.

Pasajes que cuestan menos que un café

El precio es, quizás, el aspecto más sorprendente de toda la historia. 

En el tren número 5633/5634, que recorre 376 km entre Puxiong y Panzhihua, en la provincia de Sichuan, en un viaje de cerca de 11 horas, la tarifa va de 2 yuanes, el equivalente a cerca de R$ 1,4, hasta un máximo de 25,5 yuanes, menos de R$ 20 por el trayecto completo.

Según el diario People’s Daily, estos valores no cambian desde hace más de 30 años.

Para tener una idea del desfase intencionado, mientras el precio del pasaje quedó congelado por tres décadas, el valor de productos como la papa, uno de los artículos más transportados en estos trenes, llegó a subir cerca de diez veces en el mismo período.

Esto muestra que la tarifa no sigue la inflación ni los costos: se mantiene artificialmente baja a propósito, precisamente para que la población más pobre pueda usarla sin afectar su presupuesto.

Gallinas, verduras y un mercado sobre rieles

La China mantiene 81 líneas de trenes lentos a 40 km/h que cobran menos de R$ 2, cruzan aldeas remotas y llevan residentes, estudiantes e incluso gallinas al mercado.
Más que transportar personas, estos trenes cargan la economía de comunidades enteras. 

En varios de ellos, filas de asientos fueron removidas para que los agricultores puedan embarcar con sus productos, como verduras, gallinas y materiales de construcción, sin restricciones, transformando los vagones en un verdadero mercado ambulante sobre rieles que conecta el campo con las ciudades.

Para facilitar aún más el comercio, algunos vagones llegan a exhibir paneles con los precios de productos agrícolas, ayudando a agricultores y compradores a cerrar negocios durante el viaje.

Estos trenes atienden especialmente a comunidades de etnias locales, como el pueblo Yi, en regiones montañosas donde el ingreso siempre ha sido escaso y donde el acceso al mercado hace toda la diferencia en la vida de las familias.

Un retrato de los cambios del país

Quienes trabajan en estos trenes desde hace décadas han sido testigos de cerca de la transformación de la China rural. 

Axi Aga, asistente del tren 5633 desde 1996, relató que, al principio, los pasajeros abordaban llevando papas y harina de maíz y apenas tenían dinero para comprar fideos instantáneos durante el viaje, mientras que hoy se preocupan por la ropa, usan trajes tradicionales en feriados y graban videos para las redes sociales, según declaraciones dadas a un sitio oficial del gobierno chino.

Según su relato, ha habido cambios sociales significativos a lo largo de los años.

Antes, las niñas eran raras entre los estudiantes que tomaban el tren para ir a la escuela; hoy, ellas representarían cerca de dos tercios de ese público.

Son historias como esta las que dan a estos trenes el apodo de «aldea móvil», un espacio donde la vida de las comunidades ocurre y se transforma a lo largo de las vías, viaje tras viaje.

De simple transporte a plataforma de servicios

Con el tiempo, estos trenes dejaron de ser solo un medio de locomoción. 

Según el People’s Daily, algunos trenes en el norte de China hoy cuentan con estantes de libros, mesas de estudio con tomas de corriente y material escolar para que los niños hagan la tarea durante el viaje, además de agua caliente, cargadores portátiles y vagones calentados a 20 grados en invierno para proteger a los pasajeros del frío intenso.

A lo largo de los años, estas composiciones han incorporado mejoras como aire acondicionado, sin abandonar su misión original de servir a la población.

En una de las rutas, hay relatos de que el tren atiende a decenas de escuelas a lo largo del trayecto, funcionando prácticamente como un transporte escolar.

Es una evolución que muestra cómo un servicio antiguo puede adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su propósito esencial.

Por qué mantener trenes que dan pérdida

La pregunta inevitable es: ¿por qué sostener un servicio que no se paga por sí mismo? 

La respuesta es que estas líneas dan pérdida porque las tarifas no cubren los costos operativos, y el Estado las subsidia directamente, tratándolas no como un negocio, sino como una estrategia de política social y de cohesión territorial, para garantizar que las áreas más remotas y pobres no queden aisladas del resto del país.

De acuerdo con el Global Times, estas rutas operan desde hace más de 60 años y son consideradas por la compañía ferroviaria nacional una medida estructural de combate a la pobreza, y no un servicio residual a punto de ser desactivado.

Es una elección que revela una lógica diferente de la puramente comercial: la de que ciertos servicios valen más por el impacto social que por la ganancia que generan, un debate que, por cierto, también es familiar a países de dimensiones continentales como Brasil.

Los trenes lentos de China son un recordatorio poderoso de que, incluso en la era de la velocidad y la alta tecnología, hay espacio para soluciones simples que cambian vidas.

Mientras los trenes bala simbolizan el futuro y el poderío económico del país, estos vagones verdes y lentos cumplen un papel silencioso, pero esencial, conectando a quienes más lo necesitan con el resto de la sociedad.

Más que una curiosidad, plantean una reflexión válida para el mundo entero: el progreso de una nación también se mide por la forma en que cuida a quienes se han quedado atrás, y no solo por la velocidad de sus vías.

¿Y tú, qué opinas de estos trenes lentos que China mantiene funcionando incluso dando pérdidas? ¿Crees que Brasil debería invertir en soluciones de transporte similares para conectar regiones aisladas? Deja tu comentario, cuéntanos qué te sorprendió más de esta historia y comparte el artículo con quienes se interesan por trenes, tecnología e historias humanas alrededor del mundo.

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Bruno Teles

Hablo sobre tecnología, innovación, petróleo y gas. Actualizo diariamente sobre oportunidades en el mercado brasileño. Con más de 7.000 artículos publicados en los sitios web CPG, Naval Porto Estaleiro, Mineração Brasil y Obras Construção Civil. ¿Sugerencias de temas? Envíalas a brunotelesredator@gmail.com

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